martes, 09 de agosto de 2022
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Viejismo: ¿por qué ser viejo se asocia con la decrepitud, la enfermedad y la demencia?

Las etiquetas en torno a lo viejo son moneda corriente y niegan una realidad: otras vejeces son posibles. Las claves en dormir bien, bailar, leer y estimular la actividad cognitiva.

Aunque no siempre fue así, ser viejo hoy está ligado a una actitud física y mental ante la vida que resulta negativa. La pérdida de memoria, algo natural y esperable en todos los humanos, es un elemento que refuerza esta idea en el imaginario colectivo. Sin embargo, en la vejez también es posible realizar actividades, tanto físicas como cognitivas. Si a quienes transitan la adolescencia se les dice adolescentes, ¿por qué buscar eufemismos como adultos mayores, personas de la tercera edad, jubilados o abuelos?

Adultos mayores bailan en pareja. La danza es una de las actividades para dismunuir el avance de la pérdida de memoria. Créditos: Newsweek

 

 

El envejecimiento normal comienza a partir de los 40 años. A partir de ese momento, se empiezan a perder capacidades cognitivas y aparece un déficit de memoria que es normal. Sin embargo, “no es lo mismo el deterioro en la memoria que puede tener una persona que toda su vida estuvo activa a través de la lectura, el estudio o la actividad física, a otra que optó por no hacerlo”, afirma a la Agencia de noticias científicas de la UNQ Leonela Tassone, licenciada en psicología e integrante del Laboratorio de Sueño y Memoria del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).

 

 

Estrategias para prevenir

Desde crucigramas hasta una caminata o la práctica de una danza, los ejercicios físicos y cognitivos son fundamentales para evitar el avance de la pérdida de memoria. En el caso de bailar ritmos que van desde el tango hasta a la cumbia, que implican además una memorización de ciertos pasos, se realiza una demanda cognitiva extra que ayuda al cerebro. Además, hay dos actividades que no siempre se toman en cuenta, pero que son claves a la hora de retrasar la pérdida de memoria: el sueño y el estado del ánimo.

En cuanto al sueño, el descanso suficiente permite que las neuronas no se saturen de información. “Las memorias se consolidan offline mientras uno duerme. La mayoría de las cosas que adquirimos durante al día se fijan en el período de sueño”, destaca Tassone. Con la disminución de la presión de sueño mediante la siesta o el reposo nocturno, la mente está lista para volver a aprender.

Sobre el estado de ánimo, la información no va a ingresar de la misma manera en individuos que se encuentran anímicamente bien que en aquellos que tienen depresión, estrés o ansiedad. Muchas veces sucede que las personas se olvidan cosas y se debe a que están en situaciones negativas. En realidad, no tienen olvidos, sino que la información ni siquiera llegó a memorizarse porque el foco atencional está en otra cosa.

 

Otras vejeces son posibles

Existe todo un repertorio de representaciones sociales donde se asocia a la vejez con lo que no funciona, la enfermedad, la decrepitud o la demencia. Sin embargo, no se la vincula a cuestiones positivas como la maduración o la acumulación de conocimientos acerca de algo. Aunque en el rango etario existen personas que tienen patologías y mucha dependencia, hay otras que siguen trabajando o no tienen ningún tipo de límite en ese momento.

“Hay una dicotomía entre ser joven ligado a cuestiones positivas y ser viejo ligado a cuestiones negativas. Nos cuesta pensar que una persona puede ser vieja y estudiar, trabajar o tener proyectos. Sin embargo, eso no la hace joven”, resalta Mariana Mansinho, licenciada en psicología y Especialista en gerontología comunitaria e institucional.

Pese a que el sentido común advierte que las cosas que no se aprenden de chico, no se aprenden de grande, los adultos mayores también pueden arrancar actividades. Al respecto, Masinho destaca: “La vejez no es un límite, siempre está la chance de encarar nuevos proyectos. En esta etapa también hay aprendizajes que pueden enriquecer muchísimo las capacidades de esa persona”. Y remata: “Además de la estimulación cognitiva que genera el aprendizaje de cuestiones nuevas, hay todo un abanico de emociones ligadas al disfrute y bienestar”.

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