martes, 20 de octubre de 2020
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¿Una nueva herramienta terapéutica?

Un grupo de investigadoras e investigadores argentinos demostró que la infección por coronavirus dispara la producción de una proteína antiviral que es producida por nuestras propias células para defenderse. El equipo postula que podría utilizarse como blanco terapéutico. Ya existe un medicamento que podría ensayarse para estimular esa defensa natural.

Por Gabriel Stekolschik 

 

 

(Nexciencia) Tuvieron que cerrar el laboratorio. Porque el coronavirus había llegado y se decretó la cuarentena. Trabajan desde hace años investigando el cáncer de próstata. De pronto, tuvieron que dejar todo y quedarse con las ganas en sus casas. Era marzo.

No podían hacer experimentos. Pero podían pensar, que es lo que más hacen quienes se dedican a la investigación. Así, surgieron ideas y las discutieron por videoconferencia. Se pusieron de acuerdo: querían aprovechar sus saberes para ayudar a pelear contra lo que estaba ocurriendo.

Proteína MX1 (imagen de microscopía de fluorescencia).

 

 

 

 

No sabían mucho de virus. Pero conocen bien a algunas proteínas que los virus usan para infectar a las células. Porque algunas también están relacionadas con el cáncer de próstata: “En ese momento se empezaba a hablar de algunas proteínas que funcionaban como receptores virales, que hacían que el coronavirus pudiera entrar en nuestras células. Se señalaba principalmente al receptor ACE2, pero también se mencionaba a otras proteínas. Y una de ellas nos llamó la atención porque está relacionada con nuestro trabajo. Se llama TMPRSS2”, recuerda Geraldine Gueron, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Inflamación y Cáncer de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. “Entonces, decidimos empezar a analizar qué pasaba con estos receptores virales en las células infectadas”.

No podían trabajar con el coronavirus porque se requiere de laboratorios con condiciones de bioseguridad especiales. Ni siquiera contaban con su propio laboratorio. Pero había algo que podían hacer desde sus casas.

 

Trabajo en comunidad

Los grupos de investigación de todo el mundo aportan información al resto. En Internet, existen numerosos repositorios de acceso abierto que reúnen datos provenientes de infinidad de estudios.

Por la pandemia, muchos investigadores e investigadoras comenzaron a analizar qué ocurre en las células humanas cuando el coronavirus las infecta. Para eso, en algunos lugares del mundo, se recolectaban los hisopos usados para detectar el virus y se extraían las células de la nariz y de la faringe que quedaban en el algodón.

Mediante sistemas automatizados, se puede determinar qué moléculas hay presentes en esas células y en qué cantidad. Con esa información, los distintos grupos de investigación se enfocan en una u otra proteína o ARN que es de su interés.

“Nosotros aprovechamos una base de datos que informa las secuencias de ARN presentes en las células de 453 personas, de las cuales 403 eran positivas para COVID-19”, cuenta Gueron. Como el ARN sirve para fabricar proteínas, la presencia de un ARN determinado -y su cantidad- estaría indicando que la célula está produciendo esa proteína: “Nos enfocamos en los ARN que fabrican receptores virales”.

Son varios los receptores virales que puede fabricar una célula: se dividieron el trabajo para analizar los datos. Cada tanto, se encontraban en la pantalla y compartían preguntas. Encontraron algunas respuestas: “Fuimos los primeros en demostrar que los pacientes con COVID-19 tienen aumentado el receptor ACE2. Todo el mundo decía que el coronavirus entraba por ese receptor pero, increíblemente, nadie había demostrado esto”.

También, desmitificaron una idea que andaba dando vueltas por el mundo científico: en Véneto, Italia, habían notado que las personas con cáncer de próstata que estaban siendo tratadas con terapia de mitigación de andrógenos eran menos susceptibles a la infección por el coronavirus.

“Pensaron que esa terapia anti androgénica disminuía la producción del receptor TMPRSS2 y que eso dificultaba la entrada del virus”, explica Gueron. “Iniciaron varios estudios clínicos para demostrar eso”, agrega. “Nosotros mostramos que en los pacientes con COVID-19 la expresión de TMPRSS2 es baja, con lo cual pensamos que este receptor no sería usado por el coronavirus para entrar a las células”, revela.

 

Antivirales

Para defenderse de los virus, nuestras células producen proteínas. Una de las más conocidas es el interferón. Pero hay otras: “Después de analizar qué sucedía con los receptores virales, decidimos explorar la misma base de datos, pero esta vez para ver qué pasaba en las células de personas infectadas con COVID-19 con las proteínas antivirales”, comenta Gueron.

En el Laboratorio de Inflamación y Cáncer habían demostrado que una de esas proteínas antivirales, la MX1, se empezaba a producir en las células cuando se infectaban con el SARS-CoV-1 (el coronavirus de la anterior epidemia de SARS), con el MERS-CoV (el coronavirus que produjo una epidemia en Medio Oriente) y con el virus sincicial respiratorio. También, se sabe desde hace tiempo que el virus de la influenza estimula la producción de MX1.

Geraldine Gueron.

“Decidimos analizar qué había sucedido en estos 453 pacientes de la base de datos con la proteína MX1. Y comprobamos que en las personas que se habían infectado con el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la actual pandemia, se había disparado la expresión de MX1”, observa Gueron. “Curiosamente, nadie se había fijado en esta proteína”, dice asombrada.

La base de datos reúne información clínica de los pacientes, entre otras cosas, la edad: “También comprobamos que, a medida que aumenta la edad de las personas infectadas, disminuye la producción de MX1”.

Para Gueron, esta proteína podría ser un blanco interesante para tratar la infección por el coronavirus: “Es una proteína antiviral que responde al SARS-CoV-2 y que en los pacientes de mayor edad está disminuida. Son todos elementos para tener en cuenta a la hora de pensar en una terapéutica”, sostiene.

En este sentido, Gueron señala que en su laboratorio trabajan desde hace tiempo con la MX1: “En las células prostáticas nosotros estimulamos la producción de MX1 con hemina, que es una droga que se usa para otras enfermedades, como las porfirias. Por lo tanto ya está aprobada para su uso en seres humanos. Tal vez, podría probarse como terapéutica para el coronavirus”.

Quieren volver pronto al laboratorio, para hacer experimentos: “Queremos mostrar que, de la misma manera que lo hacemos en las células de próstata, podemos aumentar la expresión de MX1 en las células pulmonares, que son las más afectadas por el coronavirus”.

Finalmente, los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica iScience. Además de Gueron, lo firman Juan Bizzotto, Pablo Sanchis, Mercedes Abbate, Sofía Lage-Vickers, Rosario Lavignolle, Ayelén Toro, Santiago Olszevicki, Agustina Sabater, Florencia Cascardo, Elba Vazquez y Javier Cotignola.

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