lunes, 17 de mayo de 2021
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Preguntar antes de comer

La ingesta de hongos puede causar graves problemas de salud e incluso la muerte de una persona. Cada otoño, dadas las condiciones ambientales que facilitan su crecimiento, se produce un pico de consultas al Servicio de Identificación de Hongos Tóxicos de Exactas UBA. El año pasado, el inicio de la cuarentena se sumó a la clave estacional y provocó un récord de casos, el doble de los que se registran habitualmente. Los investigadores aconsejan no consumir hongos sin asesoramiento previo.

Por Cecilia Draghi

 

 

(Nexciencia) Por estos días, en el Servicio de Identificación de Hongos Tóxicos comenzaron a recibir consultas por intoxicación, y esperan que la demanda crezca. Es que en temporada otoñal, cuando el verano ha quedado atrás, es la época en que se dan los picos máximos de atención en el año, de acuerdo al registro de este servicio, que pertenece a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Durante este mismo período en 2020, con el desembarco de la pandemia por COVID-19 en la Argentina, se batieron récords.

Chlorophyllum molybdites. Foto: gentileza Bernardo Lechner.

 

 

“El año pasado aumentaron las consultas, en especial al principio de la cuarentena. Fueron alrededor del doble de casos de los que se registran habitualmente”, precisa el biólogo Bernardo Lechner, responsable de este servicio gratuito -creado por Jorge Wright en 1985-, que siguió trabajando a pleno durante la pandemia, las 24 horas, de lunes a lunes, como es habitual.

¿Cuál fue la razón de este incremento? “Mi hipótesis es que se debe un poco a la necesidad, en zonas muy pobres, y otro poco a la curiosidad porque, debido a la cuarentena, la gente disponía de más tiempo para mirar lo que tenía alrededor de la casa”, sugiere Lechner, quien como un bombero está siempre listo para atender los casos que se le presenten.

Ahora es el momento de alta temporada para la Ciudad de Buenos Aires y alrededores. “En otoño, cuando baja la temperatura del verano y aumenta la humedad, se dan las condiciones ambientales para que puedan salir la mayor cantidad de hongos, en especial los Agaricales, que son los que más casos de intoxicación producen. La gente sale a recolectarlos y tiene lugar el mayor número de inconvenientes”, describe Lechner, que es investigador del Instituto de Micología y Botánica, UBA-CONICET.

Los Agaricales, comúnmente denominados hongos de sombrero, “suelen crecer en diversos sustratos, asociados a árboles o degradando materia orgánica”, describe. Entre ellos, hay de todo. “Desde el sabroso champiñón (Agaricus bisporus) muy cultivado en el mundo, hasta Chlorophyllum molybdites que es tóxico y produce síndrome gastrointestinal”, indica Lechner, quien junto con su equipo atiende consultas de diferentes centros de salud que le derivan casos para su identificación, de modo de aplicar el tratamiento adecuado.

¿Cuál es?

«¿Qué hongo es?» es la pregunta que hay que responder. Con este fin, en ocasiones le envían al Servicio restos de vómito del paciente para analizar. Otras veces, quedan partes de los hongos sin consumir en la cocina de la persona afectada, como ocurrió en mayo de 2015. En esa ocasión, una mujer había decidido comer sola, “por las dudas”, algunos hongos que había recolectado en el Delta. Enseguida, empezó a sentirse mal y su hermano, médico de profesión, aportó muestras de la recolección que habían quedado en la casa.

Amanita phalloides. Foto: gentileza Bernardo Lechner.

 

A las 20 horas, Lechner fue especialmente a la Facultad a recibir el caso. Luego del análisis, concluyó: “Se trataba de Amanita phalloides, el hongo más tóxico que hay sobre la Tierra. Le dije: ‘Llevá urgente a tu hermana al Hospital Posadas, donde están acostumbrados a brindar estos tratamientos’. Ella estuvo a horas de un trasplante de hígado. Por suerte, mejoró. La moraleja de esto es la importancia de la identificación rápida”.

Este caso tuvo un final feliz, pero no ocurrió lo mismo en Córdoba, cuando un turista de 36 años consumió este peligroso hongo y murió, en el verano de 2020, a los pocos días de ingerirlo.

Una trampa habitual en la que caen muchos es con Chlorophyllum molybdites. “La gente lo ve carnoso, grande, y algunos pueden pensar: ‘¡cómo vamos a comer!’ Tienen el concepto de que, como es de gran dimensión, no puede ser tóxico. Y lo es: si se ingiere se tendrán 48 horas aseguradas de vómito y diarrea”, dice.

Creencias tóxicas

Es larga la lista de creencias equivocadas que lleva a intoxicaciones. Una de ellas es que si se pone un ajo o una cuchara de plata en el cesto con hongos y se vuelve negra, los hongos son tóxicos. “Esto –advierte- carece de fundamento científico”. De modo errado, también suele decirse que, si las laminillas ubicadas debajo del sombrero del hongo son oscuras, este es dañino. “Amanita phalloides, un hongo cuya ingestión es mortal, tiene las laminillas blancas”, ejemplifica.

Asimismo, otra de las afirmaciones escuchadas es que, hirviéndolas y tirando el agua, las especies tóxicas pierden su peligrosidad. “Esto puede ocurrir con un número muy bajo de especies tóxicas”, puntualiza. También se dice que los hongos comidos por los animales son comestibles. “Algunos hongos, como otras plantas, pueden ser tóxicas para las personas, pero no para caracoles u otros animales”, precisa. El listado de errores conceptuales es extenso. “Estos mitos populares confunden a la gente y terminan en estos problemas”, indica.

Algunas personas siguen ese consejo y tienen la precaución de preguntar al Servicio de Exactas UBA, antes de comerlos. No es raro que vía Facebook, mail o WhatsApp, envíen una imagen con la consulta “¿Es comestible?”. El investigador aclara: “Conviene sacar fotos de arriba y de abajo del hongo para ver la superficie del sombrero y cómo sería el pie”. Y si no logra determinarse con certeza a simple vista, se deriva al laboratorio para su análisis. “Lo ideal es siempre consultar a algún experto, antes de consumir”, recomienda Lechner con vehemencia.

Contacto

El Servicio de Identificación de Hongos Tóxicos funciona en el Pabellón 2 de Ciudad Universitaria, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Es totalmente gratuito. Teléfono: 011 4787 2706. Mail: blechner@bg.fcen.uba.ar

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