miércoles, 29 de junio de 2022
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Mentorías para una ciencia diversa

Una veintena de científicas y científicos de múltiples países publicaron un artículo en el que promueven el desarrollo de redes de mentoría como una herramienta eficaz para mejorar la retención, la diversidad, la equidad y la inclusión de mujeres y otras minorías subrepresentadas en el sistema académico.

Por Cecilia Draghi

 

 

(Nexciencia) “Las mujeres y otras minorías enfrentan diversos obstáculos durante sus carreras académicas, en gran parte debido a una arraigada disparidad institucional: menor reconocimiento en las publicaciones, menos citas de artículos, asignaciones de fondos de investigación más bajas y mayores responsabilidades académicas y domésticas. Tales sesgos conllevan a una subrepresentación étnica y de género en el mundo académico, especialmente en los niveles superiores de desempeño”, indica un trabajo recién publicado en Nature Communications.

“Una red de mentores/as diversos puede brindar más apoyo a los objetivos profesionales a largo plazo, el avance y la retención tanto de mentores/as como de aprendices, mejorando así de manera sinérgica las iniciativas de diversidad, la equidad y la inclusión y perpetuando un círculo virtuoso de mentoría enriquecida”, agrega como propuesta el artículo elaborado por veinte científicos y científicas de distintas disciplinas y de diferentes partes del planeta.

Las mujeres y minorías enfrentan diversos obstáculos durante sus carreras académicas: menor reconocimiento en las publicaciones, menos citas de artículos y asignaciones de fondos de investigación más bajas.

Una de ellas es la doctora en Biotecnología y Biología Molecular, Gabriela Auge, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.  Desde el Laboratorio de Memoria Ambiental en Plantas, esta investigadora del CONICET dio detalles de la iniciativa, poco antes de partir por diez meses a Japón para continuar sus investigaciones en malezas que afectan los cultivos de arroz.

– Estadísticamente, ¿cuál es la situación?

– A nivel mundial, de acuerdo con Unicef, la representación de las mujeres en ciencia en el mundo académico es bastante baja. El promedio está en 30 por ciento. O sea, hay una subrepresentación, una inequidad respecto a género. Y estamos hablando de una clasificación que considera mujer – hombre y no de sexualidades autopercibidas, que puede ser diferente a eso.

– ¿Cuál es la situación en la Argentina?

– Argentina es uno de los países que mejor promedio tiene en el mundo. Las mujeres ocupan el 53 por ciento del sistema académico. Pero hay un truco porque a medida que se avanza en la pirámide jerárquica, esos números caen abajo del 30 por ciento. Por ejemplo, de los rectores de universidades argentinas, sólo un 11 por ciento son mujeres. Investigadoras superiores del CONICET, sólo hay alrededor de una de cada cuatro. En tanto, en la base de la pirámide, las becarias, incluso estudiantes, ascienden al 60 por ciento. Se da este fenómeno llamado «tubería con fugas». Hay dos cosas que pasan: las mujeres abandonan la academia a mayores tasas que los hombres y las promociones a categorías superiores son más lentas para ellas.

«En Argentina, las mujeres ocupan el 53% del sistema académico. Pero hay un truco porque a medida que se avanza en la pirámide jerárquica, esos números caen abajo del 30 por ciento».

– ¿Estas diferencias son más graves en determinados colectivos?

– Del colectivo trans, yo conozco a una sola persona en todo el sistema científico. Es investigadora de Bariloche, y pasó todas las instancias de discriminación que se te puedan ocurrir.

 

En foco

– ¿Cómo surgió esta propuesta de red de mentorías?

– Hace un par de años, Nature Communications publicó un paper, donde una de las conclusiones principales señalaba que las personas supervisadas o tutoradas en su carrera por mujeres, eran menos productivas. Y también, ser mentoras les reducía a ellas su productividad. Entonces, sugerían cambiar las políticas para evitar que las mujeres sean mentoras. Este trabajo, que fue rápidamente retractado, hizo levantar las cejas a mucha gente.

Gabriela Auge.

– Entre ellas, a ustedes…

– Frente a eso, junto con el resto del grupo coordinador de la Red de Mujeres en Biología de Plantas de Argentina, empezamos a escribir un documento en rechazo de este paper y reunimos más de 2.400 firmas de todo el mundo. Algunas de las y los firmantes nos dijeron que si queríamos hacer algo más, les avisemos. Entonces, pasamos a ser un grupo de 20 personas que decidimos armar un artículo para refutar el paper. Esto fue antes de que la publicación y los autores de ese trabajo se retractaran. Luego, la revista nos propuso colaborar en una nueva sección que abría: Community Voices, donde aparecen comentarios de interés para la comunidad científica.

– Y allí es donde acaba de ser publicado.

– Sí. Fue un trabajo de 20 personas de todos lados del mundo, de distintas disciplinas, que nunca nos conocimos personalmente (Ver recuadro “De aquí y de allá”). Lo que nosotros planteamos es que resulta esencial para las mujeres y para las otras minorías subrepresentadas en ciencia (por cuestiones raciales, étnicas o de identidad de género), tener una red de contención, una red de mentores que también sea diversa como la comunidad en la que se encuentran embebidas las instituciones, para promover la carrera de estas personas, su éxito en ella, y la retención de todos estos grupos en la ciencia.

– ¿Cómo se llevaría a cabo esa iniciativa en la práctica?

– Debe haber un cambio profundo en las políticas institucionales porque no hay muchas instituciones que tengan políticas de promoción de paridad de género y de inclusión de minorías. Primero y principal, debe haber un cambio institucional activo. Porque puede haber cosas escritas en papel pero si no se llevan a cabo programas o actividades por parte de la institución, si no se controla que esos programas se cumplan, no se va a lograr que haya un lugar de trabajo diverso, equitativo e inclusivo.

 

Diferencias y realidades

– ¿En qué difieren estas tutorías diversificadas de las tradicionales?

– Por lo general, las tutorías son estudiante/mentor porque es la más habitual y tradicional que existe. Este tipo de duplas termina reflejando sesgos de la sociedad y los reproduce. Si ese estudiante además de tener ese tutor o tutora que lo pueda ayudar en investigación tiene también, por ejemplo, alguien a la par en la carrera, puede tener un tipo de mentoría diferente en el trabajo del día a día. La idea es que tenga diversos mentores, según las necesidades específicas de formación. Esto amplía los vínculos y las oportunidades.

– En el trabajo se muestran algunos programas de red de mentoría en diferentes universidades del mundo, pero no había ninguno de la Argentina

– Hay algunas para Latinoamérica, pero no específicas de Argentina, lamentablemente.

Una red de mentores/as diversos puede brindar más apoyo a los objetivos profesionales de largo plazo, mejorando así de manera sinérgica las iniciativas de diversidad, la equidad y la inclusión.

– En otros países, ¿qué resultados se han obtenido con estos programas?

– Nos costó mucho encontrar estos programas y una evaluación de su éxito. En algunos casos en particular, hallamos que había mejoras en la representación de las mujeres o grupos minoritarios en ciertos aspectos de la vida académica, o en la productividad. Pero hay pocos reportes de resultados en general, ya sea porque los programas se implementaron hace poco o porque directamente no hay sistema de evaluación ni reporte implementado. Hay que realizar una evaluación constante y redireccionarlos en caso de ser necesario.

– ¿Cómo se mide la eficacia de estas mentorías?

– Por productividad se refiere no solo a números de artículos publicados, que es la variable típica para medirla, sino también resultados de las encuestas de los estudiantes a las clases de docentes, o cantidades de proyectos que se han enviado para pedir subsidio -aunque no se haya otorgado- porque esto lleva tanto tiempo como escribir un paper. La evaluación más efectiva sería, en el  futuro, evaluar el éxito de las personas tutoradas por estos esfuerzos, productividad en términos de inserción en el mercado laboral (academia, industria, gestión), relaciones con pares y estudiantes, formación de recursos humanos, etcétera.

– ¿Es habitual que haya más mujeres dedicadas a la mentoría en relación con los hombres?

– Sí, las mujeres dedican mucho más tiempo a actividades de mentoría, de servicio en los consejos departamentales o docencia.

– ¿Alguna hipótesis de por qué ocurre esto?

– Las mismas mujeres pensamos que necesitamos esforzarnos más para ser reconocidas, partimos de esa base. No quiero decir que trabajemos más que algunos hombres, pero los números muestran que muchas veces es desproporcionado el reconocimiento que se les da a los hombres respecto a las mujeres cuando hablamos de tiempo dedicado a ciertas tareas.

 

De aquí y de allá

El equipo que llevó adelante este trabajo ahora está traduciéndolo en diferentes idiomas. “Porque hablamos de inclusión y lo decimos en inglés. Por eso estamos trabajando en traducciones. Ya está lista la versión en español, y también en portugués”, indica Gabriela Auge. Ella integra el grupo conformado por Rocío Deanna, Bethann Garramon Merkle, Kwok Pan Chun, Deborah Navarro-Rosenblatt, Ivan Baxter, Nora Oleas, Alejandro Bortolus, Patricia Geesink, Luisa Diele-Viegas, Valeria Aschero, María José de Leone, Sonia Oliferuk, Rui Zuo, Andrea Cosacov, Mariana Grossi, Sandra Knapp, Alicia Lopez-Mendez, Elina Welchen y Pamela Ribone.

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