martes, 27 de septiembre de 2022
Medioambiente

Insectos para combatir plagas

En Tucumán, investigadores del CONICET trabajan en el desarrollo de un método de control biológico para reducir una plaga originaria de Asia mediante el uso de avispas nativas. El objetivo es combinarlo con otras técnicas alternativas para evitar el uso de agroquímicos y brindar una solución a los productores de árboles frutales.

Por Nadia Luna

 

 

 

Agencia TSS – Cada vez son más los productores que buscan métodos alternativos de control de plagas para proteger sus cultivos. Los motivos son varios pero giran en torno a una problemática central: reducir el uso de agroquímicos. Esto puede ser por razones sociales y ecológicas, como evitar daños en la salud y el ambiente. En otros casos económicas, por la aparición de insectos más resistentes, lo que hace que cada vez se requieran aplicaciones más grandes y costosas. También por las restricciones que ponen otros países para comprar, que muchas veces solicitan productos libres de agroquímicos. O simplemente por la necesidad de buscar métodos más eficaces para evitar la pérdida de sus producciones.

Debido a esta necesidad, investigadores de la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI–CONICET), situada en la provincia de Tucumán, desarrollaron un método de control biológico para combatir una plaga importada que afecta a los árboles frutales. Originaria de Asia, esta plaga es conocida comúnmente como “mosca del vinagre de alas manchadas” y su nombre científico es Drosophila suzukii. Para intentar reducir su población, las y los científicos están realizando ensayos con un insecto nativo de la zona: las avispas parasitoides.

“Los parasitoides son insectos que tienen un ciclo de vida que es mitad parasitario y mitad de vida libre. Nosotros hicimos relevamientos de campo y seleccionamos cuatro parasitoides para realizar ensayos en el laboratorio. Lo que vimos hasta ahora es que, aunque con distintos porcentajes de efectividad, todos logran causar una importante mortandad en la plaga”, cuenta a TSS María Josefina Buonocore Biancheri, doctora en Ciencias Biológicas y becaria posdoctoral del CONICET en el PROIMI.

“Las avispas son nativas, por lo que no estaríamos introduciendo algo exótico”, dice Biancheri. Foto: PROIMI.

 

La investigadora trabaja en el instituto desde 2006, siempre vinculada a proyectos de control biológico para plagas de importancia económica y cuarentenaria (es decir, de importancia económica potencial). Cuando, en 2014, ingresa la Drosophila suzukii al país, comenzó a desplazarse rápidamente por zonas tropicales, subtropicales y templadas, por lo que los investigadores sumaron una nueva línea de trabajo para tratar de encontrar un método que frenara las pérdidas económicas de los productores.

“A este insecto le gustan más los climas tropicales pero tiene mucha facilidad para adaptarse a distintos climas. Lo preocupante de esta plaga es que daña la fruta sana, que está en el árbol. Ataca sobre todo a las frutas finas, como arándanos, zarzamoras, frutillas y cerezas, pero también a otras, como ciruela, pera, manzana e higo”, señala Buonocore Biancheri. Con respecto al método de control elegido, aclara: “Las avispas son nativas, por lo que no estaríamos introduciendo algo exótico, sino que estamos trabajando con insectos que hemos encontrado en los relevamientos y que están asociados a Drosophila suzukii”.

Una característica de esta plaga es que el ovipositor (órgano de un insecto para depositar huevos) de la hembra tiene la capacidad de romper la fruta para introducir los huevos en su interior. Cuando éstos eclosionan, dan origen a las larvas que se alimentan de la pulpa. Además del daño directo, esta acción también deja al fruto expuesto a la entrada de microorganismos como virus y bacterias, que terminan de pudrirlo.

El ciclo de la plaga continúa de esta manera: la larva cae al suelo, se entierra y se transforma en pupa. Una vez adulta, se reproduce y la hembra deposita sus huevos en otros frutos. Ahí es cuando entran las avispas parasitoides: su rol es interrumpir ese ciclo. Como son específicas de esta plaga, la avispa adulta busca poner sus huevos dentro de la larva de la mosca. De esta manera, la avispa-larva se alimentará de la mosca-larva, matándola y reduciendo así su población.

“Cuando queremos combatir la plaga de un cultivo, lo primero que hacemos es buscar sus enemigos naturales. Una vez detectados, hacemos crías masivas en el laboratorio para realizar ensayos, es decir, sembramos huevos sobre dietas artificiales que simulan el contenido de un fruto”, explica la bióloga.

Investigadores de la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI–CONICET), situada en la provincia de Tucumán. Foto: PROIMI.

 

El objetivo de los investigadores es combinar la técnica de control biológico con otras técnicas, de modo de hacer un manejo integral de la plaga. Entre ellas, está el “control cultural”, vinculado a manejos que aplican los productores a partir de sus propios conocimientos: recolectar e incinerar la fruta afectada para que la plaga no se siga reproduciendo; eliminar las malezas que sirven de refugio a las moscas y hacer coincidir la liberación de parasitoides con los periodos de mayor fructificación, entre otras acciones.

También se utilizan controles etológicos, depositando diversas trampas con atrayentes alimenticios. Otra técnica es el control autocida o técnica del insecto estéril, con la cual se esteriliza a los insectos machos con cobalto 60, se los libera a campo y, al copular con las hembras, no dejan descendencia. Buonocore cuenta que lo que más utiliza su equipo para el manejo de plagas es la combinación de control biológico más control autocida.

“Con esos dos hemos logrado porcentajes que oscilan entre el 70 y el 90%, que es una muy buena la efectividad. Tratamos de que no haya un control químico, o que si lo hay, sea en la periferia del campo, ya que de lo contrario, se estaría matando también al enemigo natural. Por eso siempre trabajamos con productores que acepten no fumigar y que quieran aplicar esta forma de trabajo”, cuenta.

Respecto a la articulación entre productores e investigadores, la científica señala que antes costaba más que los productores se acerquen a pedir asistencia técnica o que intenten buscar formas de control alternativas a los insecticidas. “Ahora cuesta menos porque es innegable el daño que ocasionan los productos químicos a la salud humana, al ambiente, el agua y el suelo. Además, hay países que ya no compran si se produce con agroquímicos, por lo que al desarrollar métodos alternativos le estamos dando valor agregado a esa producción”, indica.

El equipo del PROIMI se completa con Sergio Ovruski Alderete, director del proyecto, cuatro pasantes y dos técnicos. El financiamiento proviene de subsidios de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i). Además, participan grupos de otras instituciones, entre ellas, del INTA Famaillá, INTA Concordia y de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata.

Actualmente, los investigadores continúan realizando ensayos en el laboratorio para conocer mejor a la plaga y su interacción con las avispas. Luego, pasarán a ensayos de semicampo, que se realizan en jaulas situadas en ambientes restringidos o invernaderos. Recién después de pasar esas pruebas se liberarán las avispas a campo abierto.

“Los resultados que hemos tenido hasta el momento son muy promisorios. Los parasitoides se alimentan de la larva de la plaga y algunos logran emerger como adultos, o sea que estaríamos aumentando la población de parasitoides para que busquen más plagas; mientras que otros simplemente ocasionan la muerte de la plaga pero no logran reproducirse. Una vez que seleccionemos los dos parasitoides con los que tengamos mejor resultado, haremos ensayos a semicampo para ver la efectividad”, concluyó Buonocore.

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