miércoles, 29 de marzo de 2023
Editoriales

FELIZ, FELIZ NO CUMPLEAÑOS

La primera edición de Alicia en el País de las Maravillas, de la cual solo se conservan 23 ejemplares, se publicó en 1865, época en la que también era muy común usar la frase “loco como un sombrerero” para referirse a personas extravagantes. Acompáñenme al País de las Maravillas, donde también hay un poco de ciencia.

Por Valeria Edelsztein

Por Valeria Edelsztein

– Hasta ahora no he tomado nada – protestó Alicia en tono ofendido -, de modo que no puedo tomar más.

– Quieres decir que no puedes tomar menos – puntualizó el Sombrerero -. Es mucho más fácil tomar más que nada.

– Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca

– Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.

– ¿Cómo sabes que yo estoy loca?

– Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí.

 

¿Quién no ha soñado alguna vez con seguir al Conejo Blanco a través de su madriguera? ¿O tomar el té junto al Sombrerero Loco? ¿O, quizás, pintar las rosas blancas y jugar al croquet con un flamenco para que la Reina de Corazones no nos corte la cabeza? Las películas de Disney han marcado nuestra infancia y, muchas veces, tergiversado un poco las obras literarias en las que se basan para darnos finales más felices, agregar algunos toques dramáticos o incluir una canción pegadiza. Un caso emblemático es la celebración de no-cumpleaños en la que Alicia comparte una merienda con el Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo

 

En realidad, la escena es una combinación de la idea del no-cumpleaños presentada en la segunda parte de la historia, “Alicia A Través del Espejo”, y el capítulo “Una merienda de locos” de “Alicia en el país de las maravillas”.

Ahora bien, ya sea como se muestra en la película o de la mano de la pluma original de Lewis Carroll, la cuestión es que es fácil notar que el Sombrero está completamente loco. Lo interesante es que este comportamiento no es un capricho del autor sino que, aparentemente, tiene una explicación científica e histórica.

 

Profesión de riesgo

Durante los siglos XVIII y XIX, era muy común en Inglaterra la profesión de sombrerero, un oficio familiar que se transmitía con frecuencia de padres a hijos durante generaciones. Habitualmente, la gente se cruzaba por la calle con estos personajes que, muchas veces, tenían un comportamiento fuera de lo común. Así, alrededor de 1830 comenzó a utilizarse la frase “loco como un sombrerero” para referirse a personas excéntricas. Es muy posible que esta expresión haya inspirado a Carroll quien, tres décadas más tarde, convertiría al Sombrerero Loco en un personaje icónico de su País de las Maravillas.

Hay quienes sugieren que la razón para este comportamiento tan extraño viene de la mano de la química y el proceso que utilizaban los antiguos sombrereros para confeccionar sus productos.

En esa época, los sombreros se elaboraban con fieltro, un tipo de textil que no se teje sino que se obtiene “apilando” con vapor y presión varias capas de fibras de lana o pelo de animales gracias a la capacidad que tienen de adherirse entre sí. Para separar el pelo de la piel de conejo o castor, los sombrereros utilizaban nitrato de mercurio. Durante este proceso, los gases liberados hacían que la piel se encogiera, facilitando su remoción. Pero como los talleres eran pequeños y tenían poca ventilación, con el correr de los días los sombrereros iban inhalando los vapores de mercurio a los que estaban expuestos. Así, al cabo de un tiempo, empezaban a mostrar síntomas de intoxicación como temblores, irritabilidad e inestabilidad mental, pérdida de memoria, problemas en el habla y también diversas afecciones en la vista, la piel, los riñones y el sistema respiratorio. A esto se lo conocía como “Enfermedad del Sombrerero Loco”. Actualmente la denominamos hidrargirismo y, si bien ya no la sufren los sombrereros, suele ocurrir por consumo de agua o pescados con altos niveles de mercurio.

 

En 1941 el Servicio de Salud Pública de los EE.UU. prohibió el uso de mercurio en la industria del fieltro pero no por los riesgos que traía a la salud de los trabajadores sino porque se necesitaban los compuestos de mercurio para armar detonadores durante la Segunda Guerra Mundial.

 

De carne y hueso

No todos coinciden en la hipótesis de la intoxicación crónica con mercurio. Por un lado, porque no hay forma de saber si Carroll estaba al tanto de esta afección de los sombrereros; por el otro, porque no todos los síntomas del personaje del libro se corresponden con los del hidrargirismo.

Muchos autores afirman que, en realidad, Carroll tuvo su inspiración en un personaje de carne y hueso llamado Theophilus Carter, un excéntrico ebanista y vendedor de muebles británico, que solía pararse en la puerta de su negocio con un singular sombrero de copa.

No hay evidencia concreta que pruebe esta hipótesis pero el rumor se mantiene insistentemente desde el siglo XIX y se ha convertido en una leyenda más alrededor de uno de los libros para niños más famosos de todos los tiempos.

 

Algunas referencias para consultar:

  1. Were the hatters of New Jersey «mad»? http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/2672802
  2. Did the Mad Hatter have mercury poisoning?  http://www.bmj.com/content/287/6409/1961

 

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