miércoles, 01 de febrero de 2023
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El gobierno invertirá en una supercomputadora para la comunidad científica

Se trata de uno de los 500 equipos más potentes del mundo. Servirá para el diseño de mejores pronósticos meteorológicos y tendrá aplicaciones en múltiples disciplinas.

Publicado en Agencia de Noticias UNQ

Por Nicolás Retamar

El gobierno invertirá en una supercomputadora para la comunidad científica

19/08/2022

 

 

Daniel Filmus y Jorge Taiana anunciaron en el Polo Científico Tecnológico la inversión de 675 millones de pesos para la compra de una supercomputadora que será única en América Latina. De hecho, se trata de una de las 500 máquinas más potentes del mundo. Aunque el equipo se instalará en el Data Center del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), estará disponible para toda la comunidad científica y tecnológica del país. Del evento también participaron Ana Franchi, presidenta del Conicet, y Celeste Saulo, directora del SMN.

Daniel Filmus y Jorge Taiana encabezaron el anuncio. Créditos: Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

 

 

“Este tipo de anuncio es importante porque las supercomputadores multiplican el conocimiento que se produce y está al servicio de la ciencia argentina”, señala Cindy Fernández, vocera del SMN, a la Agencia de noticias científicas de la UNQ. “Además, estas iniciativas parten de acuerdos entre diferentes ministerios, lo que refuerza la idea de que invertir en ciencia y en tecnología es fundamental para el desarrollo del país”, agrega.

El ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación aportará los 675 millones para la compra de la computadora. La puesta a punto del espacio físico en el SMN para recibir la máquina tendrá una inversión de 250 millones que saldrán del bolsillo del ministerio de Defensa.

 

Tecnología de punta

El gobierno argentino se quedará con una de las 500 computadoras más potentes del mundo. Esta herramienta le permitirá al Servicio Meteorológico Nacional confeccionar pronósticos meteorológicos; modelar sistemas complejos, cuencas petroleras y gasíferas; diseñar fármacos; así como también, desarrollar nuevos materiales, inteligencia artificial y ciencia de datos.

En este sentido, Fernández señala: “Contar con una nueva supercomputadora nos da más capacidad para realizar nuevos productos e investigaciones. Podemos hacer nuevas simulaciones de la atmósfera, analizar casos o fenómenos particulares y hacer representaciones de cómo será el clima en el futuro”.

La computadora que albergará el Data Center del SMN está basada en procesadores GPU (unidad de procesamiento gráfico) y CPU (unidad de procesamiento central) que podrían obtener velocidades de procesamiento de al menos 400 TFLOPS –medida matemática que se refiere a la capacidad de un procesador para calcular un billón de operaciones de punto flotante por segundo– en CPUs, y 2000 TFLOPS en GPUs.

Además, esta tecnología tiene un beneficio importante ya que se puede agregar más capacidad de cálculo sumando unidades de procesamiento gráfico y unidades de procesamiento central sin tener que modificar la estructura de base.

 

De Clementina a la supercompu

El 15 de mayo de 1961 comenzó a funcionar Clementina en el Pabellón I de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Se trataba de la primera computadora científica que llegaba al país. Con 18 metros de largo y dos de ancho, ‘Mercury’ (nombre original del modelo creado por la fábrica inglesa Ferranti) pesaba 500 kilos, tardaba alrededor de dos horas en arrancar y no contaba con mouse, teclado ni monitor. Los datos se obtenían a través de cintas de papel perforado.

Manuel Sadosky, considerado el padre de la computación argentina, impulsó junto con otros especialistas la compra de Clementina. Además, el científico creó el Instituto de Cálculo en 1960 y la carrera de Computador Científico en 1963.

Manuel Sadosky observando el comportamiento de Clementina.

 

De gran ayuda en el censo de 1960 y en la enseñanza de programación en la primera carrera universitaria de América del Sur, Clementina comenzó a apagarse con el golpe de Estado de 1966 y la Noche de los Bastones Largos. Finalmente, por falta de repuestos y piezas, la primera supermáquina al servicio de la ciencia y la tecnología cerró sus ojos en 1971.

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