martes, 09 de agosto de 2022
Medioambiente

«El» glifosato no existe

Un grupo de investigación de Exactas UBA cuestiona -mediante experimentos- la manera en la que se habla del polémico herbicida, tanto en los medios de comunicación como en el propio campo científico, y advierte sobre los riesgos.

Por Gabriel Stekolschik

 

 

(Nexciencia) Después de los Estados Unidos y el Brasil, la Argentina es el país del mundo que más consume glifosato, un herbicida utilizado por los productores agrícolas para eliminar las malezas que afectan a sus cultivos.

Patentado en 1971 y comercializado a partir de 1974, el glifosato incrementó exponencialmente su presencia en el mercado mundial a mediados de los años ’90 con el desarrollo de los cultivos transgénicos: plantas como la soja y el maíz fueron genéticamente modificadas para tolerar la acción letal del herbicida. Entonces, el glifosato pudo aplicarse indiscriminadamente sobre los cultivos: mataba los yuyos sin poner la producción agrícola en riesgo.

Pero el riesgo se trasladó al ambiente: un número creciente de estudios demuestra que el glifosato alcanza los cuerpos de agua y provoca impactos variados en las comunidades de organismos acuáticos.

Esos estudios, en general, hablan de los efectos del glifosato sobre los seres vivos como si se tratara de una molécula única. Sin embargo, existen más de setecientas marcas comerciales de este herbicida, que pueden contener diferentes variantes del glifosato como principio activo. Por otro lado, todos estos herbicidas a base de glifosato incluyen en sus formulaciones diferentes sustancias coadyuvantes que sirven para potenciar su acción contra las malezas.

 

Los resultados del trabajo muestran que cada uno de los preparados de glifosato provoca efectos significativamente diferentes sobre los seres vivos.

 

“Se habla de glifosato como término general cuando, en realidad, lo que se aplica en el campo son mezclas de glifosato como principio activo y distintos coadyuvantes. Cada marca comercial tiene una composición completamente única. Es más, la misma marca comercial puede ir variando sus coadyuvantes en función de las partidas. Por eso, cuando se hacen este tipo de estudios hay que aclarar que se está estudiando una mezcla comercial, de la cual en la mayoría de los casos, se desconoce su composición química porque son secretos comerciales”, advierte Haydée Pizarro, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Limnología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (Exactas UBA).

En este contexto, el grupo de investigación dirigido por Pizarro se propuso probar la hipótesis de que cada marca comercial podría tener efectos diferentes sobre los seres vivos y, si así fuera, estaría en tela de juicio gran parte del conocimiento que hoy se tiene acerca de las consecuencias en el ambiente del uso de este herbicida.

 

Los glifosatos

Analizaron el efecto de cinco marcas comerciales de herbicidas a base de glifosato, y también de un glifosato puro, sobre una comunidad de microorganismos acuáticos provenientes de lagunas de la Provincia de Buenos Aires.

“Los resultados muestran que cada uno de los preparados de glifosato provoca efectos significativamente diferentes en la composición de esa comunidad”, revela Pizarro, y señala: “Hay que tener en cuenta que estos microorganismos constituyen el primer eslabón de la trama trófica que provee de alimento a otros organismos de esas lagunas. Por lo tanto, cualquier alteración en estas comunidades de microorganismos puede provocar efectos en todo el ecosistema”.

En el título del paper que acaba de publicarse en la revista científica Environmental Pollution, el grupo de investigación de Exactas UBA invita a repensar el término “efecto glifosato” y propone hablar de los efectos de los distintos herbicidas basados en glifosato.

En términos prácticos, esto tendría consecuencias importantes. Por un lado, pondría en duda el conocimiento adquirido hasta el momento acerca de los efectos de este herbicida sobre los organismos: “Se dice que el glifosato es biodegradable y que dentro de las sustancias que se utilizan en la agricultura industrial es la más suave. Pero no es glifosato solo lo que se está aplicando. Nosotros estamos mostrando que, cuando se pone glifosato puro y cuando se ponen distintas mezclas comerciales, las respuestas son diferentes en cada uno de los casos”.

Por otro lado, el estudio pone en cuestión los controles que se les efectúan a estos herbicidas antes de poner una nueva marca en el mercado: “Cuando se hacen los estudios para sacar nuevos formulados al mercado, las pruebas que se les hacen a los adyuvantes no son las mismas que se le hacen al principio activo o, también, como hay cierto principio activo que ya está aprobado, entonces no se lo vuelve a testear cuando se le cambia el adyuvante. Entonces, se terminan sacando al mercado un montón de herbicidas nuevos, pero que no se estudia y no se sabe qué efectos tienen sobre las comunidades que no son su blanco. Eso está invisibilizado cuando se habla de glifosato, en vez de herbicidas basados en glifosato”, explica la doctora en biología Carmen Sabio y García, primera autora del trabajo.

Según las investigadoras, las cinco marcas comerciales analizadas en el trabajo publicado eran las más utilizadas en la Argentina al momento de la realización del estudio.

“Esto que estamos mostrando con el glifosato, que es el herbicida más conocido, pasa con todos o con la gran mayoría de los agrotóxicos que se están utilizando actualmente en este tipo de agricultura”, dice Pizarro. “Nuestros resultados son fuertes y duros y, más allá de su relevancia académica, son fundamentales para, por ejemplo, llevar a cabo políticas públicas de concientización y de conservación del ambiente”, concluye.

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