miércoles, 01 de febrero de 2023
Editoriales

A 100 años del genocidio armenio. La importancia de no olvidar

Entre 1915 y 1923 más de un millón quinientos mil armenios fueron asesinados por el entonces gobierno del imperio Otomanos manejado por el grupo denominado Jóvenes turcos.

Los armenios como grupo cultural, lingüístico y religioso habitaron la región del Cáucaso y la Meseta Armenia, que se sitúa entre el Cáucaso, la Meseta de Irán y la península de Anatolia durante siglos y fueron sometidos a distintos imperios como el Persa y el Bizantino.

Dentro de los márgenes del Imperio Otomano había alrededor de tres millones de armenios que vivan bajo el status de “Dhiminis” es decir, no musulmanes, pero recibían la protección del Sultan por que se los consideraba como un pueblo “leal”. Sin embargo, lo cierto es que esta condición legal los convertía en sujetos con menores derechos y más obligaciones que la población turca general. Entre otras circunstancias debían pagar pesados impuestos y no tenían derechos políticos.

Como ocurrió con muchos otros pueblos, a fines del SXIX comenzaron a desarrollar un sentimiento nacionalista sobre la necesidad de tener autonomía, su propio Estado y centralmente poder terminar con el sometimiento al imperio. Tenían frente a sí los ejemplos de Grecia, Serbia, Rumania, Montenegro, Bulgaria y Moldavia que ya habían alcanzado su autonomía.

Los líderes del Imperio Otomano no estaban dispuestos a permitir un mayor desmembramiento. Así, entre 1894 y 1896 fueron asesinados más de 300.000 armenios. También en 1909 se produjo la masacre de Adaná, donde fueron asesinados entre 15.000 y 30.000 armenios. El dirigente turco Nazim Fehti, secretario general del Comité de Unión y Progreso manifestó en una declaración aprobada por unanimidad en el Congreso de Salónica que se hizo en 1910:

“Propongo al Congreso el exterminio total de los armenios del Imperio otomano; es necesario aniquilarlos. Para llevar a cabo este propósito hay que actuar, frente a todas las dificultades, absueltos de conciencia, de sentimientos de humanidad, pues la cuestión no es de conciencia ni de sentimientos humanitarios: es sólo de índole política, íntimamente vinculado con el beneficio y futuro de Turquía.
Así terminará inmediatamente la Cuestión Armenia.
El gobierno turco se liberará de la intromisión extranjera en sus asuntos internos.
El país se desembarazará de la raza armenia y así brindará un amplio campo a los turcos.
Las riquezas de los armenios pasarán a ser propiedad del gobierno turco.
Anatolia será territorio habitado exclusivamente por turcos.
Se aplastará el obstáculo más importante para el logro del ideal panturánico.”

Este clima reinante se agravó a partir de octubre de 1914 cuando los otomanos entraron en la primera guerra mundial. Tuvieron choques directos con Rusia en cuyo ejército se contabilizan numerosos armenios.

El Imperio consideró que el nacionalismo armenio erar una amenaza y desató el monstruo de la persecución. Decidieron trasladar a todos los armenios a Anatolia suroriental. El día 24 de abril de 1915 arrestaron a 250 de los más prominentes y representativos intelectuales de la colectividad con el fin de deportarlos y terminaron asesinándolos. Ese fue el comienzo. El ejército turco sometió a poblados enteros y comenzó a trasladarlos a marcha forzada por los escarpados desiertos y mesetas; sin alimentación suficiente ni agua. Mujeres, niños ancianos y desvalidos fueron cayendo y muriendo en esas monstruosas jornadas. Otra modalidad fue provocar mediante la violencia la reacción popular y luego a punta de bayonetas desatar represiones fatales.

Se ha calculado que existieron 26 campos de concentración cerca de la frontera con Siria e Irak.

No han abundado los testimonios, un diplomático extranjero volcó las experiencias de las que fue testigo en el llamado Libro Azul, pero el contexto de la época hizo inaudibles las denuncias, y las matanzas continuaros hasta 1923.

La comunidad armenia denuncia que fueron un millón y medio de muertos. Turquía hasta el día de hoy desmiente esa cifra que ubica en 200.000, pero le niega el carácter de genocidio. Ocurre que según las convenciones internacionales la categoría “genocidio” solo es aplicable si se puede demostrar que hubo un plan sistemático de aniquilamiento de una nación, etnia o grupo religioso. Los turcos alegan que se trató de una guerra. Incluso llegan a victimizarse mentando que en ella murieron 518.000 turcos. Diferencian su caso con el del Holocausto nazi afirmando que los judíos no hicieron política antialemana como si habrían hecho los armenios.

Son pocos los países que han aceptado lo ocurrido en términos de genocidio, pero el número va en aumento. El Papa Francisco así lo ha reconocido este año y lo mismo ocurrió con el premier ruso Putin. Países como Austria han cambiado su postura rumbo a la condena al negacionismo turco.

Pese a los intentos, ha sido imposible organizar un debate abierto entre los historiadores armenios y turcos, sin embargo entre estos últimos la postura negacionista no es unánime.

La importancia de esta lucha involucra a toda la comunidad armenia en el mundo. Se trata del primer genocidio del SXX y la centralidad de volver sobre este hecho sobresale recordando aquellas palabras que Adolf Hitler les dirigió a sus oficiales en 1939 para que no flaqueen y se tranquilicen ante el comienzo del exterminio de judíos en el tercer Reich “¿Quién se acuerda del Genocidio armenio?”

A cien años de aquel horror desatado podemos verificar que todo el mundo se acuerda.

 

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