miércoles, 17 de julio de 2019
Medioambiente

Yacarés e iguanas afectados por pesticidas

Los ecosistemas naturales, reservorios de biodiversidad, están sufriendo el impacto del avance de la frontera agrícola y la acción de los pesticidas, cuyos efectos dañinos fueron observados en dos especies autóctonas de reptiles, que funcionan como organismos centinela de distintos ámbitos naturales de la provincia de Santa Fe.

Cria de yacaré Cría de yacaré en el preciso momento en que sale del huevo. Fotos: gentileza Marta Mudry.

En la Argentina se aplican más de 200 millones de litros de pesticidas en cada temporada agrícola. Esos compuestos se disipan en el aire, el suelo y el agua y, además del impacto en los habitantes de las zonas cercanas, también ponen en peligro a la biodiversidad.

Como consecuencia del avance agropecuario, los ambientes donde habitan muchas especies silvestres se encuentran inmersos en enormes extensiones de tierras cultivadas. Por esta razón, dos especies representativas: el yacaré overo (Caiman latirostris) y la iguana overa (Salvator marianae), son estudiadas con el fin de “evaluar y monitorear el daño que pueden producir los agroquímicos en distintas regiones de la provincia de Santa Fe”, según detalla Gisela Poletta, investigadora del CONICET que forma parte del Grupo de Investigación en Biología Evolutiva (GIBE) dirigido por la Marta Mudry, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. También conforman el grupo Pablo Siroski, investigador del CONICET, y Gisela Schaumburg, becaria de esa institución.

Por su parte, Mudry destaca: “El hecho es que existe un solapamiento entre las etapas de aplicación de los agroquímicos a campo y los períodos reproductivos de las especies estudiadas, lo que pone en riesgo a los estadios tempranos de desarrollo”.

 

Daño al ADN

Apenas de un 10 a un 15 por ciento de los pesticidas alcanzan a los organismos para los cuales fueron destinados, el resto se dispersa en el ambiente y representa una amenaza para los hábitats silvestres. De hecho, los investigadores consideran que la exposición a los productos tóxicos, aunque sea en niveles muy bajos, podría tener un efecto acumulativo a largo plazo.

Numerosos estudios mostraron que ciertos compuestos tóxicos producen daño al ADN (genotoxicidad), y que uno de los posibles mecanismos sería a través de la formación de especies reactivas del oxígeno. Si bien los organismos cuentan con sistemas antioxidantes (moléculas como el glutatión, las vitaminas C y E, los carotenoides y algunas enzimas antioxidantes), la exposición prolongada a productos tóxicos puede producir un exceso de compuestos oxidantes que supere la capacidad antioxidante del organismo, según explica Poletta, que junto a Pablo Siroski se encuentra trabajando en la provincia de Santa Fe, en la Universidad Nacional del Litoral.

En tal sentido, el equipo dirigido por Mudry se encarga de indagar en sangre de yacarés e iguanas ciertos marcadores que dan cuenta del daño producido en el ADN por insecticidas como el endosulfán y la cipermetrina, y herbicidas como el glifosato.

Dado que estos agentes químicos se aplican como mezclas, y en un solo producto conviven diversos compuestos, como principios activos, coadyuvantes y surfactantes, entre otros, “para evaluar los riesgos de cada producto resulta importante estudiarlo como una mezcla, que es la forma en que es aplicado en el ambiente”, comenta Mudry. Por tal razón, los investigadores examinan el daño potencial producido en huevos de yacaré e iguana por las formulaciones plaguicidas, por ejemplo el producto Roundup®, tal como se aplica en los campos.

Los experimentos se llevan a cabo en las instalaciones del Proyecto Yacaré, creado en 1990 en la provincia de Santa Fe, y el Proyecto Iguana, establecido en 2007. Se trata de programas de desarrollo sustentable con una importante participación de los pobladores locales. En estos proyectos, ambas especies son manejadas bajo la metodología de “rancheo” (cosecha de huevos en la naturaleza, cría en cautiverio y devolución parcial a la naturaleza), lo que permitió una importante recuperación de las poblaciones naturales. “Los pobladores locales cumplen un rol clave en estos programas debido a que se han convertido en protectores de las especies y de los ecosistemas que los albergan”, subraya Mudry.

 

Probando distintos métodos

Para evaluar los daños que producen los pesticidas, los investigadores aplican diferentes métodos. Por un lado, trabajan a campo para estudiar el efecto de las fumigaciones. Así, recogen los huevos de los nidos, realizan un seguimiento en el criadero y luego examinan a las crías, para determinar si están dañadas. “Se los mide, se los pesa y se estudian los marcadores de genotoxicidad -comenta Mudry-. Así, pudimos determinar que estos compuestos generaban daño en el ADN y en los sistemas de reparación de ese material”.

Por otro lado, se realizan pruebas en condiciones controladas. “En este caso se trata de una exposición inducida: con diferentes concentraciones de las formulaciones de plaguicidas, se pincelan los huevos provenientes de zonas que no estuvieron expuestas a ninguna sustancia contaminante en forma natural”, detalla la investigadora.

Los primeros estudios se hicieron en el yacaré, y actualmente se están realizando en la iguana o lagarto overo. “Logramos establecer que el yacaré puede ser el organismo centinela para monitorear los humedales, y queremos aplicar el mismo modelo en un animal de hábitos puramente terrestres, como la iguana”, señala.

Cada especie tiene una forma diferente de construir los nidos. Mientras que los caimanes viven próximos a los cursos de agua y construyen los nidos en forma de montículo de material vegetal, tierra y ramas; la iguana los fabrica en cuevas excavadas en la tierra, en general entre las raíces de árboles leñosos y de muy difícil acceso para los depredadores, según comenta Gisela Schaumburg, que está realizando su tesis doctoral en este tema.

 

Daños comprobados

Los investigadores, mediante diferentes ensayos de laboratorio, confirmaron que los pesticidas producen daño en el material genético y en su sistema inmunológico. “Los resultados mostraron, junto al núcleo celular, la formación de micronúcleos, que son fragmentos de material genético. Esos fragmentos se generan por dos procesos: por rotura de la cromatina o por alteración en el apareamiento de los cromosomas”, explica Mudry, y agrega: “Logramos poner a punto las técnicas en iguana, trabajamos con distintos nidos, haciendo análisis en recién nacidos, juveniles y adultos. Tomamos valores de la frecuencia de micronúcleos y el índice de daño al ADN a partir de un número importante y representativo de huevos”.

La desventaja de la reproducción estacional de estos animales es que los experimentos pueden hacerse sólo una vez al año, lo que restringe los ensayos a ese único momento en que puede hacerse la medición. Luego, se los monitorea durante un tiempo determinado para cada estudio.

Mudry aclara que los análisis permiten detectar daños en las células somáticas que se están formando y que salen a la circulación sanguínea, sin embargo esos daños no son visibles en la morfología del animal. “Son marcadores de alerta temprana, son importantes porque indican un daño potencial. Con el tiempo, esos daños podrían producir otras consecuencias, por ejemplo, la disminución en la tasa de reproducción o una cierta susceptibilidad a las enfermedades a lo largo de su ciclo de vida”, concluye Mudry.

Lo cierto es que las especies silvestres no sólo están siendo marginadas por el avance de la agricultura, sino que ya muestran los efectos no deseados de los agroquímicos.

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