miércoles, 03 de junio de 2020
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Virus al agua

Un equipo de científicas argentinas desarrolló un método que permite descubrir la presencia del coronavirus en aguas residuales. La iniciativa permite registrar aumentos o descensos de la circulación del SARS-CoV-2 entre la población. Y, si las mediciones se extienden en el tiempo, podría brindar una señal de alerta temprana ante eventuales rebrotes de la enfermedad.

Por Gabriel Rocca

 

 

(Nexciencia) Uno de los problemas que no se ha podido resolver en el marco de la pandemia de COVID-19 es la evaluación precisa del nivel de circulación del SARS-CoV-2 en una determinada población. El hecho de que 8 de cada 10 pacientes infectados no presenten síntomas (algunos estudios indican que ese número es todavía mayor) dificulta mucho ese cálculo. Por otro lado, el costo económico que implica la realización de testeos masivos hace que muy pocos países puedan implementarlos y que sólo puedan ser realizados sobre sectores puntuales de las sociedades o poblaciones muy pequeñas.

El SARS-CoV-2 se excreta en material fecal y termina en el sistema de cañerías que llevan las aguas residuales hasta las plantas depuradoras. Foto: AYSA.

 

 

Con la idea de realizar un aporte complementario para enfrentar este desafío, un equipo de científicas argentinas ha desarrollado un método que permite detectar la presencia de SARS- CoV-2 en aguas residuales. “Este es un virus de transmisión respiratoria y la mayor carga viral uno la encuentra, justamente, en las vías respiratorias de un individuo. Pero este virus también se excreta en materia fecal. Entonces, el virus termina en el sistema de cañerías que llevan esas aguas residuales hasta las plantas depuradoras”, indica la investigadora de CONICET Viviana Mbayed.

 

Muestras que valen por miles

Mbayed, junto con un grupo de colaboradoras (ver recuadro), viene trabajando hace varios años en el Instituto de Investigaciones en Bacteriología y Virología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, en la búsqueda y caracterización de virus que están en el ambiente, en particular en el agua y en alimentos, que participan de lo que se llama “ruta oral-fecal de contagio”. “Ahora tuvimos que adaptar un poco la metodología hacia la detección de este virus, que tiene características diferentes a los virus desnudos con los que veníamos trabajando”.

Esta iniciativa permite, a partir de la aplicación de técnicas similares a las de PCR, utilizadas en los estudios clínicos, hallar rastros del genoma del SARS-CoV-2 en una muestra compuesta por el material aportado por cientos y hasta miles de individuos, incluso por aquellas personas que son asintomáticas. “Este es uno de los puntos que nosotros destacamos. Esta metodología constituye un aporte interesante porque uno está encontrando el material genético del virus que es excretado no solo por la gente que presenta síntomas sino también por las personas que tienen infecciones asintomáticas o con muy pocos síntomas, muchas de las cuales no son captadas por el sistema sanitario”, subraya Mbayed.

Diferentes estudios han demostrado que el virus se excreta en cantidades importantes en materia fecal. Por lo tanto, es esperable una correlación entre la circulación del virus y su detección en aguas residuales. De allí que el proyecto apunta a realizar “una vigilancia poblacional masiva de SARS-CoV-2, a partir de un método no invasivo, que no se basa en la toma de muestras a personas individuales sino en muestras de aguas cloacales que nos va a decir la cantidad de virus que hay en un determinado momento en la población y cómo se modifica en función del tiempo”, dice Mbayed con entusiasmo. Y completa: “Se trata de una herramienta complementaria para investigar la circulación del virus en la sociedad”.

Una de las ventajas que tiene esta metodología, que ya se viene aplicando en varios países como Holanda, España, Italia, Estados Unidos y Francia, es que si el monitoreo se extiende en el tiempo, la mediciones periódicas podrían funcionar como una señal de alerta temprana frente a un eventual rebrote, ya que podría registrarse un aumento en la concentración del virus antes de que los infectados sean detectados por el sistema de salud. También podría ser útil para medir el resultado de las diferentes medidas que se adopten para combatir la pandemia.

Ahora bien, el virus que se encuentra en los líquidos cloacales, ¿mantiene su capacidad de infectar? “Eso es algo que aún no se sabe porque, a diferencia de otros virus con los que habitualmente nosotros trabajamos, este es un virus más sensible a condiciones del ambiente”, responde Mbayed, y continúa explicando: “El hecho de que esté cubierto por una membrana lipídica, lo hace más sensible a, por ejemplo, el tratamiento con alcohol al 70 por ciento, o con jabón, o con detergente, o sea, las prácticas que usamos habitualmente para evitar el contacto a través de las superficies. Entonces, cuando este virus se vuelca en un afluente cloacal, entra en contacto con todos los líquidos que se recogen en un domicilio, como el detergente o el jabón en polvo, que son elementos que podrían afectar su capacidad de infectar. No podemos afirmar que el virus no esté infectivo. Ahora, las características del virus indican que no debería ser resistente a estas condiciones. Pero eso es algo que todavía no está demostrado”.

 

Los pasos próximos

Esta iniciativa forma parte de los 64 proyectos (entre más de 900 postulaciones) que fueron seleccionadas para recibir financiamiento estatal en la “Convocatoria Extraordinaria IP-COVID-19” de la Agencia de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación.

Asimismo, el equipo encabezado por Mbayed, fue convocado para integrar el grupo «Detección de coronavirus en el ambiente, con foco inicial en líquidos cloacales», que funciona en el marco de la Unidad Coronavirus del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. La idea es que sus integrantes coordinen las acciones que forman parte de sus iniciativas, que incluyen: monitorear los líquidos cloacales en estaciones de bombeo y plantas de tratamiento de agua, describir la diseminación del virus en el entorno urbano y relacionarlo con la información proveniente de los diagnósticos clínicos.

Este grupo tuvo, recientemente, su primera reunión virtual encabezada por la titular de la Unidad de Gabinete de Asesores, Carolina Vera. Allí cada uno de los equipos presentó los objetivos principales de sus investigaciones y se definieron las acciones que se realizarán en las regiones a analizar (que empezarán en el AMBA y la ciudad de Salta), la vinculación con las empresas de agua, las frecuencias de monitoreo, la provisión de resultados, los desafíos en cuanto a la elección de los puntos de muestreo, la toma y procesamiento de muestras, entre otros.

“La verdad es que estamos queriendo ponernos a trabajar ya mismo, pero bueno, antes tenemos que llegar a consensuar los protocolos que vamos a utilizar, también tenemos que tener clara la provisión de insumos a lo largo del tiempo, cosa que realmente se está facilitando. Todavía estamos en fase de planificación pero creemos que pronto estaremos en condiciones de comenzar y esperamos tener resultados sin demasiada demora”, remata Mbayed.

 

Equipo completo

Junto con Viviana Mbayed (en el centro) forman parte de este proyecto: (de izq. a der.) Sofía Díaz, María Dolores Blanco Fernández, Carolina Torres y Melina Barrios.

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