miércoles, 22 de noviembre de 2017
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Villa Ocampo: el pueblo que floreció gracias a seis mujeres

Hasta 2005, la ganadería y los cultivos de caña y algodón. Con el apoyo del INTA, las productoras integraron un grupo Cambio Rural e introdujeron la actividad en la zona. Con una cooperativa en marcha.

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“Me críe sin saber que esta zona era floricultora”, aseguró Vilma Broll de 57 años, una de las productoras de Villa Ocampo, quien, junto con cinco mujeres, descubrió esta particularidad del pueblo santafesino en 2005. Las bondades agroecológicas fueron reveladas por un ensayo del INTA y motivaron el cultivo de ornamentales y plantas en las seis floricultoras que, desde los primeros pasos, trabajaron con la agencia de extensión rural Las Toscas del instituto.

Hasta entonces, la localidad se camuflaba con el paisaje productivo de la región: ganadería, caña y algodón. Pero, cinco años después, la comunidad colmó sus calles con la primera celebración popular propia: la Fiesta de la Flor del Norte Santafesino. La actividad había llegado para quedarse y revolucionado a una ciudad de más de 20 mil habitantes que movilizó su demanda ante la presencia de producción local de calidad en la región.

Ana Deambrosi, jefa de la Agencia de Extensión del INTA Las Toscas –ubicada a 15 kilómetros de Villa Ocampo–, recordó: “Sus esposos se acercaron con la inquietud de producir hortalizas y, como las reuniones se hacían en diferentes casas, ellas comenzaron a participar y nos dijeron que les gustaría capacitarse para trabajar con las plantas”.

Las mujeres iniciaron un proceso de aprendizaje y puesta en acción en la producción florícola en la zona. Hoy, organizadas en un grupo Cambio Rural y con un local de venta en el centro del pueblo gestionado por la cooperativa formada en 2015, producen 1.200 flores de corte por quincena en invierno y sostienen una oferta grupal de 200 ornamentales en verano.

Sin embargo, no les alcanza para cubrir la demanda. “Nuestro proyecto es colocar una cámara de frío para conservar las flores por más tiempo y salir a vender a otras ciudades como Reconquista y Resistencia”, señaló Broll. Con esta iniciativa, avanzarían en la consolidación de un pequeño mercado concentrador, único en la región.

IMG_4205A medida que las producciones aumentaron en importancia productiva y económica, esposos e hijos también se sumaron a la tarea florícola.

A medida que las producciones aumentaron en importancia productiva y económica, esposos e hijos también se sumaron a la tarea. “Incluso, la creación de la plantinera genera puestos de trabajo para los jóvenes de la familia y, a futuro, requerirá mano de obra calificada”, anticipó Deambrosi, en referencia a la construcción de una unidad propia lograda a través de un convenio entre el Instituto de Floricultura del INTA y el INTI.

Según señaló la extensionista, esta experiencia demostró la capacidad del INTA para promover un proceso integral de desarrollo local, que combinó la acción articulada de agencias, estaciones experimentales, centros regionales, polos de investigación y políticas públicas. Además, ponderó el apoyo del municipio y del gobierno provincial.

“El trabajo trasciende la comunidad y es una apuesta de desarrollo local a partir de una actividad innovadora para la zona, donde el empeño de estas mujeres para capacitarse y crecer, el apoyo en red de las instituciones y la perseverancia en el tiempo hacen que se vean los resultados”, acentuó Deambrosi.

IMG_4255A partir de la experiencia, surgieron emprendimientos florícolas en localidades vecinas y algunas escuelas agrotécnicas incorporaron la actividad como área de estudio.

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12 de abril de 2017

Villa Ocampo: el pueblo que floreció gracias a seis mujeres

Hasta 2005, la ganadería y los cultivos de caña y algodón. Con el apoyo del INTA, las productoras integraron un grupo Cambio Rural e introdujeron la actividad en la zona. Con una cooperativa en marcha.

 

 

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A medida que las producciones aumentaron en importancia productiva y económica, esposos e hijos también se sumaron a la tarea. “Incluso, la creación de la plantinera genera puestos de trabajo para los jóvenes de la familia y, a futuro, requerirá mano de obra calificada”, anticipó Deambrosi, en referencia a la construcción de una unidad propia lograda a través de un convenio entre el Instituto de Floricultura del INTA y el INTI.

Según señaló la extensionista, esta experiencia demostró la capacidad del INTA para promover un proceso integral de desarrollo local, que combinó la acción articulada de agencias, estaciones experimentales, centros regionales, polos de investigación y políticas públicas. Además, ponderó el apoyo del municipio y del gobierno provincial.

“El trabajo trasciende la comunidad y es una apuesta de desarrollo local a partir de una actividad innovadora para la zona, donde el empeño de estas mujeres para capacitarse y crecer, el apoyo en red de las instituciones y la perseverancia en el tiempo hacen que se vean los resultados”, acentuó Deambrosi.

A partir de la experiencia, surgieron emprendimientos florícolas en localidades vecinas y algunas escuelas agrotécnicas incorporaron la actividad como área de estudio.

 

Cambiar la historia del pueblo

“Yo le digo siempre que no deje esto, porque es una joya” le aconseja Brollo a su hija, quien el año pasado tomó un curso de jardinería para cuidar las plantas que producen en el vivero de la casa, mientras su madre está en la florería.

De oficio enfermera, pero orgullosa de haberse retirado para seguir su pasión, Brollo destacó que las capacitaciones fueron de mucha enseñanza y afirmó: “Sabemos bien la especie que estamos realizando y la calidad que sale al mercado”. Incluso, reveló el secreto del grupo: “El lema que tenemos es participar, aprender y llevarlo a la práctica”.

En esta línea, Deambrosi complementó: “Hoy cada una tiene entre dos y tres invernáculos en sus casas, con mejor escala y estructura, y la floricultura les resulta una alternativa para mejorar los ingresos familiares. Realmente, el cambio que ellas han generado a partir del aprendizaje les permitió tomar decisiones y convertirse en pequeñas empresarias”.

Sin embargo, Brollo tiene presente los primeros pasos y, entre suspiros de orgullo que confirman que el esfuerzo valió la pena, relató: “Empecé haciendo plantines debajo de los árboles en tarritos de salsa. Fuimos creciendo con el impulso de la Agencia de Extensión del INTA Las Toscas y, cuando pudimos, sacamos un crédito para armar un invernadero, hicimos otros y hoy estamos generando flores y plantas con la cooperativa”.

En capacitación permanente, el grupo realiza plantas, arreglos florales y también los sustratos para los cultivos. “El cliente sabe que el plantín que le entregamos no le va a fallar, porque, antes de dárselo, le decimos todo lo que necesita saber para cuidarlo”, dijo la floricultura, con la confianza que despiertan las voces pueblerinas.

A partir de la experiencia, surgieron emprendimientos florícolas en localidades vecinas y algunas escuelas agrotécnicas incorporaron la actividad como área de estudio. “Que surjan más emprendedores fortalece la zona, ya que permite bajar costos y responder a una demanda insatisfecha”, argumentó Deambrosi.

En un proceso de ida y vuelta, no sólo las productoras cambiaron la historia del pueblo, sino también la del INTA. “Apareció la necesidad de crear un área de investigación en floricultura en la Estación Experimental de Reconquista”, afirmó Deambrosi, quien agregó que localidad de Villa Ocampo fue integrada a la red de ensayos ornamentales del instituto.

En cuanto al financiamiento, las floriculturas se iniciaron con créditos de la Asociación para el Desarrollo y, debido al nivel de solvencia, les ofrecieron otros como Impulso Argentino –otorgado a través de Cambio Rural–. Además, recibieron aportes no reintegrables del Proyecto del Fondo de Adaptación al Cambio Climático para pequeños productores, gestionados mediante un convenio entre el INTA y las Naciones Unidas.

IMG_4079Estudios del INTA determinaron que la zona era apta para cultivar flores de corte, plantas ornamentales y especies de interior.

Propicia por naturaleza

Estudios del INTA determinaron que la zona era apta para cultivar flores de corte –como lilium, gerbera, lisianthus, gypsophila, astromelia, aster y crisantemo–, plantines florales, plantas ornamentales, etc. Además, se destaca la producción de especies de interior que crecen con mucha calidad y facilidad.

En relación con el clima, “los inviernos leves permiten anticipar la fecha de siembra de algunas variedades y, así, obtener flores en el momento en que otras zonas productoras –como La Plata y sur de Buenos Aires– recién comienzan la plantación; son flores de primicia interesantes para el mercado”, analizó Deambrosi.

Al utilizar sustratos preparados, “la floricultura facilita independizarse de los suelos, sobre todo en un área con suelos marginales, arcillosos y poco profundos”, indicó la técnica. Tanto estos materiales como el compost son elaborados con residuos de la agroindustria local provenientes de caña de azúcar y algodón y de otras zonas como cascarilla de arroz.

 Para más información, consulta la edición de abril del especial INTA Informa.

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