martes, 13 de noviembre de 2018
Novedades

Un valor no residual

Investigadores del CONICET cuentan con procesos para el aprovechamiento de proteínas presentes en la cáscara de la semilla de soja.

Por Miguel Faigón

 

 

El cultivo de soja se ha extendido en Argentina en las últimas décadas mucho más que el de cualquier otro grano. Una porción de su cosecha es destinada a la manufactura industrial de aceite o de harina y cuando esto sucede se generan grandes cantidades de residuos que o bien son utilizados como alimento para el ganado o directamente se queman.

En el Instituto de Nanobiotecnología (NANOBIOTEC, CONICET-UBA) Osvaldo Cascone, investigador superior del CONICET, fue pionero en una línea de investigación que junto a su equipo viene trabajando intensamente en la detección y purificación de proteínas presentes en la cascarilla de soja, con el objetivo de poder ponerlas en valor y utilizarlas para el desarrollo de diferentes productos biotecnológicos.

Osvaldone Cascone. Foto: CONICET Fotografía/ Verónica Tello.

 

 

“En el año 1994 nosotros empezamos a trabajar en el desarrollo de métodos para aislar y purificar la peroxidasa del rábano picante, que era y sigue siendo hasta hoy un producto importado en nuestro país y es utilizado como insumo en métodos de diagnóstico clínico. Una vez que logramos hacerlo, estudiamos la posibilidad de poder purificar la peroxidasa a partir de los residuos de un grano disponible en abundancia en Argentina, como la soja, y también tuvimos éxito en este propósito”, afirma Cascone y agrega: “Nuestro grupo de trabajo ha sido el primero y único en el país que hasta el momento se dedica en forma activa al aprovechamiento y obtención de proteínas de alto valor de los residuos provenientes del tratamiento industrial de la soja”.

María Victoria Miranda, Investigadora principal del CONICET, es actualmente la encargada del servicio de provisión de peroxidasa de soja de alto grado de pureza que ofrece el Instituto NANOBIOTEC. Este insumo reemplaza a la enzima importada y es requerido tanto por empresas como por grupos académicos para su uso en la fabricación de kits de diagnóstico, de biosensores y en remediación de efluentes.

Victoria Miranda, Lautaro Bracco, Agustín Navarro del Cañizo, Federico Wolman y Osvaldo Cascone Foto: CONICET Fotografía/ Verónica Tello.

 

De manera más reciente, el equipo dirigido por Cascone ha encarado un estudio –denominado proteómica- destinado a identificar la totalidad de las proteínas presentes en la cáscara de semilla de soja, para así poder evaluar aquellas candidatas a ser aisladas por su valor potencial para otros usos.

“De esta manera identificamos un total de 149 proteínas, de la cuales pudimos reconocer aproximadamente 60 proteínas con potenciales aplicaciones biotecnológicas, entre las que finalmente seleccionamos 15 por su alta abundancia relativa”, afirma el investigador.

“En este momento también estamos implementando la extracción e inmovilización de ureasa con miras a que puedas ser utilizada en distintas industrias, como, por ejemplo, la vitivinícola”, concluye Cascone.

 

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