miércoles, 18 de septiembre de 2019
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Un residuo infumable

Estudios preliminares llevados a cabo por un grupo de científicas obtuvieron resultados prometedores utilizando “trametes”, un hongo autóctono, que recolectaron de la selva misionera, para degradar colillas de cigarrillos. Las investigadoras observaron una reducción significativa en la toxicidad de estos residuos del tabaquismo que reúnen casi dos mil sustancias contaminantes diferentes.

Por Cecilia Draghi

 

 

(Nexciencia) Cargado de 69 sustancias cancerígenas, su humo ya inundó interiores de ambientes; ya mató a una persona cada cuatro segundos, según la Organización Mundial de la Salud, y aún seguirá contaminando por años cuando se apague, luego de la última pitada.  Para detener el final de esta cadena letal, científicas de Exactas UBA buscan degradar las colillas de cigarrillos con diversos hongos, y han obtenido resultados alentadores.

Las investigadoras cultivaron con éxito los hongos sobre colillas. Éstas con el tiempo fueron perdiendo su característico olor, y transformando su aspecto amarillo por blanco mientras los hongos crecían en condiciones poco amigables.

 

 

Con guantes, guardapolvo y mascarilla, María del Pilar Nuñez llama la atención cuando clasifica con sumo cuidado los restos de tabaco que encuentra en el cenicero de la entrada del Pabellón 2 de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Transeúntes curiosos le preguntan cosas tales como si van hacer análisis de ADN para conocer la identidad del fumador.  Sorprendida, ella responde que los usará para su investigación. Su trabajo busca  degradar la colilla al ponerla en contacto con hongos. Ya probaron con varios, como las sabrosas gírgolas y, ahora, están explorando con una especie autóctona de Trametes, a la que fueron a recolectar a la selva de Misiones.

Isabel Cinto y María del Pilar Nuñez.

“El Trametes ‘comió’ el papel de las colillas, tal como se esperaba, pues este hongo es un buen degradador de papel o celulosa. A su vez, las decolora, les quita el olor y, en ensayos preliminares, encontramos que reduciría significativamente la toxicidad”, coinciden Nuñez, e Isabel Cinto, su directora de tesis, desde el Laboratorio de Micología Experimental, dirigido por Laura Levin en Exactas UBA.

Todo comenzó hace un par de años, cuando una ONG, Mi Econo, preocupada por la basura  de cigarrillo diseminada por las playas, se acercó a las investigadoras con la idea de hacer una especie de cenicero biogestor -un cono de plástico reciclado con tapa- que se devorara los sobrantes del tabaco. “Ellos nos preguntaron si podíamos hacerlo con bacterias. Y nosotras, contestamos que no trabajábamos  con bacterias sino con hongos. Luego de un rato, pensamos: ‘pero con hongos sería mejor’”, historia Nuñez.

Y pusieron manos a la obra. Cultivaron con éxito a Trametes sobre colillas. Éstas con el tiempo iban perdiendo su característico olor, y transformando su aspecto amarillo por blanco mientras los hongos crecían en condiciones poco amigables. “Se trata de un ambiente tóxico, poco nutritivo, casi espantoso. Y sin embargo, el papel del filtro quedó degradado en poco tiempo, menos del que pensábamos. Para acelerar el proceso, pensamos en el futuro agregar algún medio de cultivo más nutritivo, junto con las colillas, de modo que el plato sea más atractivo para el hongo”, precisa Nuñez.

Ya vieron que las colillas pueden ser transformadas por los hongos, ahora quedaba por ver si pasaba algo respecto de su toxicidad. Para ello, utilizaron un extracto acuoso proveniente del cultivo del hongo sobre las colillas para evaluar si reducía su toxicidad, y sembraron semillas de lechuga para averiguar si podían crecer allí. “La idea es que, además de degradar, el producto obtenido no sea peor que el original. Por eso, estos procesos siempre están acompañados con ensayos de detoxificación”, destaca Cinto.

En este caso, se eligió la típica verdura de ensalada, porque es muy sensible a los contaminantes, y no se desarrolla o lo hace mal en su presencia.  “En este caso, estas plantas de lechuga germinaron bien. Claramente, es visible que resultan mucho menos tóxicas las colillas después de ser tratadas con los hongos, que solas”, aseguran.

 

Un cóctel de tóxicos

Las sobras del tabaquismo son chiquitas, infumables, y contaminantes por un largo tiempo en condiciones habituales.  “Estas pueden tardar hasta 25 años en degradarse. Las colillas concentran las sustancias tóxicas del humo. Generalmente se tiran al piso y, cuando llueve, son arrastradas a las alcantarillas y a las fuentes de agua que luego consumimos todos. Algunas de las sustancias que se pueden medir incluyen: nicotina, alquitrán, arsénico, plomo, e hidrocarburos poliaromáticos”, indican desde el Programa Nacional de Control del Tabaco del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación.

El hongo Trametes fue capaz de bajar considerablemente la toxicidad de las colillas. Foto: Jerzy Opioła

“Nuestros resultados son muy prometedores. Ya es un paso ver que con este hongo las colillas  bajan considerablemente la toxicidad, duplicando el porcentaje de semillas germinadas en los ensayos de detoxificación”, señala Cinto. Al tiempo que Nuñez plantea: “Nos interesa que el material deje de ser tóxico. Hoy, hay sistemas que recuperan el filtro del cigarrillo, lo convierten en pulpa y elaboran cartón, pero si no se quita  las sustancias peligrosas, éstas pasan a otro objeto. Lo mismo ocurre con la propuesta de ladrillos rellenos con colillas que sirven de buen aislante. Si se conservan los elementos dañinos, estos se van liberando de a poco al ambiente. ¿Quién querría hacerse una casa así?”.

Si bien las investigaciones preliminares del equipo de Exactas UBA demostraron resultados promisorios, aún faltan pruebas para determinar si degrada específicamente nicotina u otro compuesto. “Como las colillas son un cóctel de tóxicos -casi  dos mil  sustancias con distintos niveles de concentración-, requerimos aún de distintos ensayos químicos para establecer cuál o cuáles son los responsables de la degradación”, subraya Nuñez.

Mientras quedan numerosos experimentos para realizar, Cinto evalúa: “Vamos por buen camino”. En este sentido, se suma un elemento de peso. “Este sistema no es para nada costoso porque sólo se necesita el hongo que crece sobre las colillas, un poco de agua, y dejar que la naturaleza actúe”, concluye.

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