martes, 25 de junio de 2019
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Un CONICET desorientado y desfinanciado

Finalmente, con un año de demora, el gobierno posibilitó que el politólogo Mario Pecheny, electo por sus pares, se integre como representante del área de Ciencias Sociales y Humanidades al Directorio del CONICET. En diálogo con NEXciencia, Pecheny describió la grave situación por la que atraviesa el organismo, adelantó sus intenciones de transparentar su funcionamiento y afirmó que, en este contexto, los debates sobre qué áreas priorizar no son más que fachadas del ajuste.

Por Gabriel Rocca

 

 

(Nexciencia) A fines de mayo de 2018, Mario Pecheny fue consagrado por sus pares de todo el país, por amplia mayoría, como representante para la gran área de Ciencias Sociales y Humanidades en el Directorio del CONICET. Al mismo tiempo, el biólogo molecular Alberto Kornblihtt resultaba electo para ocupar el mismo lugar por el área de Ciencias Biológicas y de la Salud.

Mario Pecheny.

 

La tan esperada renovación en la dirección de esa institución enfrentaba una preocupación creciente, la efectiva asunción de ambos investigadores dependía de una resolución del gobierno nacional que no se ha mostrado muy afecto a respetar los mecanismos democráticos de elección, por lo menos, en el sistema de Ciencia y Tecnología. Esas prevenciones se fundaban en un pésimo antecedente: en junio de 2016, Roberto Salvarezza fue elegido como representante para el área de Ciencias Exactas y Naturales. Sin embargo, el Poder Ejecutivo nunca oficializó su nombramiento.

Cuando todo parecía encaminarse hacia la misma frustración, la movilización creciente de la comunidad científica, y la renuncia de Dora Barrancos -representante mandato vencido de Sociales y Humanidades-, que puso en crisis la legitimidad de ese organismo de dirección, impulsó al gobierno a oficializar las designaciones.

Politólogo, especialista en temas de derechos humanos, salud, género y sexualidad, Pecheny dialogó con NEXciencia en el Parque Rivadavia mientras participaba de la segunda edición del Festival Ciencia Paliza, organizado por las Facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la UBA, para visibilizar la crisis presupuestaria que atraviesa el sistema científico tecnológico nacional.

– ¿Pensabas que el gobierno podía repetir lo ocurrido con Salvarezza y demorara tanto tu nombramiento?

– Yo pensaba que podía pasar esto que pasó. En terminos de ideología o de posicionamiento político, el caso de las ciencias sociales y humanidades es extraño porque la voz más disonante dentro del directorio era la de Dora Barrancos. Dora misma decía: “yo no creo que me quieran retener”. Pero en todo caso hubiera sido muy poco institucional que me nombraran a mí y no al representante de las ciencias biológicas y de la salud. Creo que, además de no querer tener voces disonantes dentro del Directorio, el gobierno tiene cierto desinterés en las reglas de juego democráticas. No es tan complejo aplicar la regla de mayoría. Un periodista me decía: “ustedes ganaron con los dos tercios de los votos, no se van a animar a no nombrarlos”. Esta bien, pero para la regla de la democracia es suficiente con sacar un voto más que el segundo, no es necesario ganar por mucho. Es una cuestión sencilla de entender. Lo que sí, cuando hubo presiones por la movilización de la comunidad científica, por las reuniones de los directores y directoras de los institutos, por la participación de Marina Simian en el programa de televisión y la realización del Cabildo Abierto de la Ciencia, el PEN tomó la decisión política de nombrarnos y en una semana o dos se completaron todos los procedimientos burocráticos. Esa era la evidencia que nos faltaba para confirmar que era un tema de decisión política y no una cuestión burocrática.

– ¿Cón qué CONICET te vas a encontrar?

– Con un CONICET desfinanciado, al que le falta una brújula para orientar la política, no sólo del CONICET hacia el CONICET, sino del CONICET como institución que cumple una función rectora de lo que es la investigación científica y tecnológica en la Argentina. No es que este CONICET tiene una orientación respecto de la cual estoy en desacuerdo, sino carece de toda orientación. Lo que vemos es improvisación, cambio de reglas, idas y vueltas, y eso es todavía peor que tener una orientación definida, aun cuando uno no esté conforme con ella. Por eso, la expectativa que tenemos, con Kornblihtt, es que al integrarnos al Directorio este cuerpo asuma ese papel de liderazgo intelectual e institucional para que el CONICET apueste a crecer y a apoyar la investigación allí donde se hace. En estos últimos años les está yendo mal a todos, a los que hacen ciencias duras y a los hacen ciencias blandas, a los que hacen ciencia básica y a los que hacen ciencia aplicada. Porque esta idea de apoyar ciencias estratégicas con cuatro mil dólares por año es un absurdo, es una puesta en escena. Hacemos como que apoyamos a la nanotecnología pero con estos fondos, que además no los pagan en tiempo y forma, es ridículo. Hoy en día todos estamos siendo víctimas de esta despolítica. No se está apoyando nada.

“Creo que, además de no querer tener voces disonantes dentro del Directorio, el gobierno tiene cierto desinterés en las reglas de juego democráticas”.

– ¿Qué opinión te merece el secreto que existe respecto de lo que se discute y lo que se decide en las reuniones del Directorio del CONICET?

– El reglamento del Directorio es bastante ambivalente. Yo lo estuve leyendo detenidamente. Dice que las opiniones vertidas en las discusiones en el seno del Directorio tienen que conservarse de manera confidencial, como por ejemplo, cuando uno evalúa en comisiones. Eso es para garantizar cierta ecuanimidad y para que no trasciendan los considerandos de cómo uno califica a uno u otro investigador. El tema es que una cosa son esas opiniones y otra es no dar a conocer qué votó cada miembro. Si se define la política “A” tiene que estar claro qué voto cada persona. En todo caso, mi compromiso y el de Alberto (Kornblihtt), en el marco de lo que es legal, es dar a conocer lo que se discute, qué se resolvió, por qué motivos y qué votó cada cual porque si no cómo me van a poder pedir explicaciones quienes estén en desacuerdo con lo que yo voté.La publicidad de las decisiones y de las acciones de un cuerpo colegiado de un ente público no sólo es un derecho sino un deber. Esa es la única manera de poder rendir cuentas.

– Si bien en los últimos años la ciencia viene siendo castigada en forma dura y pareja, a veces da la sensación de que existe un ensañamiento particular con las ciencias sociales ¿Por qué crees que ocurre esto?

– Me parece que hay un ensañamiento particular contra las ciencias sociales y las humanidades de parte de algunos actores fachos de este país, como el periodista Eduardo Feinmann, que el otro día que atacó a un investigador. También lo vemos en Brasil con Bolsonaro que propuso no financiar más las facultades de ciencias sociales y filosofía. Hay una especie de desconfianza hacia el pensamiento crítico. Incluso a la producción de datos, porque si no hay datos fidedignos, se puede decir y apoyar cualquier cosa. Por ejemplo: decir que si se legaliza el aborto van a abortar más mujeres. Se sabe que no es así, que la ley no influye en el número de abortos sino en la condición en que se llevan a cabo. Esa es evidencia científica que a alguien le podría interesar ocultar para justificar, por ejemplo, la clandestinidad del aborto. Cualquiera que mire los sistemas científicos de los países que se toman como modelos, en todos ellos, las humanidades y las ciencias sociales ocupan un lugar completamente central de la investigación y de la vida académica.

Pecheny, junto a Roberto Salvarezza, participó del Festival Ciencia Palizaque se desarrolló en el Parque Rivadavia.

– ¿Creés que eso forma parte del falso debate que se quiso presentar sobre ciencia útil y ciencia inutil?

– Yo creo que, en tiempos de ajuste, en los que la prioridad es reducir el gasto público, se distorsiona cualquier tipo de debate. Entonces, priorizar temas, priorizar áreas, en tiempos de ajuste, son modos de ajustar. Yo estoy perfectamente de acuerdo en que el Estado argentino o el CONICET plantee líneas prioritarias, les dé fondos, organice convocatorias, pero no de esta manera. Porque en las convocatorias a ingreso a carrera, subsidios o becas, en nombre de la priorización, de la orientación de la investigación, lo que se hace es legitimar el recorte. Es un como sí, porque en realidad, no se prioriza nada. Todo esto es un modo de plantar cuñas para dividir. Yo estoy de acuerdo con la idea de tener un plan estratégico que haga que el uso de fondos sea racional, que se optimice lo que haya que optimizar, pero en contextos de ajuste todo esto se transforma en una herramienta de recorte y de cansancio. Porque en esta situación, la gente prueba una vez, prueba dos veces y después deja de postularse, deja de aplicar a fondos, busca por otros lados. Terminan operando por cansancio como han hecho con otros sectores de la vida pública, como los maestros, los jubilados.

– Da toda la impresión que cuatro años más de esta política resultarían devastadores para el sistema científico y tecnológico nacional. ¿Vos cómo lo ves?

– Yo creo que, y lo digo medio en chiste, si hay cuatro años más de esta política, el efecto sobre el sistema científico va a ser lo de menos. Si eso ocurre, va a ser difícil no solo desarrollar prácticas de investigación y educativas, sino simplemente poder vivir en este país. Desde antes de nacer y hasta morir y todo lo que hay en el medio, educarte, trabajar, acceder a una jubilación que permita vivir, todo eso se está volviendo entre más difícil e imposible. Por eso, esperemos que mediante nuestro voto, esto cambie. En ese punto me parece que lo de la ciencia y la tecnología pasa a ser una cuestión más, entre toda la agenda de derechos que han sido vulnerados en estos años. No sólo vulnerados sino que se han creado las condiciones para que, cada vez, sea más dificil ejercerlos.

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