miércoles, 13 de noviembre de 2019
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Tras la pequeña hormiga de fuego

Basta con marcar un punto en una hoja para visualizar su tamaño. Pese a su diminuto aspecto, este insecto está en la lista de las cien especies exóticas más dañinas para la humanidad. Viajero, invasor, este animal ha llegado lejos. Un grupo de científicas y científicos de nuestro país diseñó un modelo más preciso para seguir sus pasos.

Por Cecilia Draghi

 

 

(Nexciencia) A pesar de su tamaño, la pequeña hormiga de fuego es de temer. Este insecto de apenas un milímetro de largo es una de las cien especies exóticas más dañinas para el hombre, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Originaria de América, ya invadió el mundo. Algunas de ellas partieron de Zárate, en la provincia de Buenos Aires, y llegaron a Israel. Científicos y científicas de Exactas UBA diseñaron un modelo más preciso para seguir su ubicación en el planeta y sus posibles pasos futuros, tras estudiar cuáles son las temperaturas ambientales que mejor le sientan en su cotidiano andar.

El ardor que provoca el aguijón de este insecto, de apenas un milímetro de largo, es lo que le ha dado su nombre más conocido. Foto: https://www.alexanderwild.com/

 

 

El ardor que provoca su aguijón, es lo que le ha dado su nombre más conocido. Científicamente llamada Wasmannia auropunctata, ha deambulado desde sus orígenes por América Central, gran parte de Brasil, Uruguay, noreste de la Argentina, y cada vez extiende más sus fronteras. “La distribución de esta especie llega hasta la provincia de Buenos Aires. En este caso, es genéticamente distinta a la hallada en las zonas más tropicales, y resulta más tolerante al frío. Hace nueve o diez años descubrieron que la invasión de esta pequeña hormiga de fuego en Israel está dada por esta población posible de ubicar en la localidad bonaerense de Zárate”, precisa el doctor en Biología Pablo Schilman, director del Laboratorio de Ecofisiología de Insectos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

Precisamente, en los campos de Zárate, la bióloga Carolina Coulin pasó días tras estos insectos de andar pausado y buscadores incansables de todo tipo de alimento: néctar, restos de animales, semillas, hojas u otras partes de vegetales. Termómetros colocados en el terreno permitieron medir la temperatura ambiente en que la pequeña hormiga de fuego comenzaba su actividad. Todos estos datos fueron minuciosamente detallados por esta graduada de Exactas UBA en pleno trabajo de tesis, codirigida por Schilman y Luis Calcaterra de la Fundación para el Estudio de Especies Invasivas (FUEDEI).

Ante temperaturas extremas, estas hormigas quedan inmovilizadas pero vivas. Si se las saca de esa situación vuelven a andar. https://www.alexanderwild.com/

 

Por otra parte, en los laboratorios de la porteña Ciudad Universitaria también se observaba cómo reaccionaba el animal ante el descenso de temperatura, que minuto a minuto bajaba de 25° a 0°. Llega un momento en que estas hormigas quedan “inmovilizadas, aunque vivas. No se pueden mover del frío. Ese punto es el llamado temperatura crítica mínima”, detalla Schilman. Lo mismo ocurre para el extremo opuesto. “Ante el calor excesivo, caen en shock -agrega- pero no están muertas. Se las saca de esa situación y vuelven a andar”.

Estas pruebas permitieron conocer cuál es el rango de temperatura en el cual la pequeña hormiga de fuego se encuentra cómoda para sus andanzas, al menos en el laboratorio. Pero, ¿ocurría lo mismo en su estado natural? “Mostramos que las tolerancias térmicas coincidían. Esto es muy importante porque uno siempre tiene dudas de si la realidad es tal como se mide en el laboratorio. Y hay muy pocos trabajos que hacen esta comparación”, subraya Schilman, que también se desempeña como investigador del CONICET.

La diferencia era mínima de cómo actuaba este insecto en la naturaleza, y cómo lo hacía en un recipiente especial con todas las variables medidas en el Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental de Exactas. “Carolina observó en el campo, que las hormigas empezaban a salir cuando la temperatura ambiente era un grado por encima de la temperatura mínima medida en el laboratorio”, indica.

 

 

Modelo más preciso

Con estos datos obtenidos en el campo y en el laboratorio, los científicos dieron un paso más e hicieron un modelado de la distribución de la especie. “Poner al equipo a estudiar los datos fisiológicos de la pequeña hormiga de fuego, permitió construir un mapa más real de lo que sucede en la actualidad”, plantea Schilman.

Pablo Schilman. Foto: Diana Martinez Llaser

 

Los resultados obtenidos del modelo teórico desarrollado por estos investigadores mostraron ser más precisos que los habitualmente usados. Por ejemplo, los modelos tradicionales no muestran a Israel como un lugar en el que sea posible hallar a este insecto, cuando en verdad ya invadió ese territorio. “Encontramos fallas en el modelaje tradicional”, menciona. Esta situación los llevó a un nuevo desarrollo, que “permitiría hacer un mapa más preciso ante el cambio climático o prever dónde se establecería la hormiga para evitar la invasión”, destaca.

Los resultados de la investigación, publicada en Biological Invasions (ver recuadro), concluyen: “El enfoque ecofisiológico llevado a cabo aquí puede ayudar a explicar la distribución actual y predecir la posible propagación de las poblaciones cuando no hay cierta información sobre la distribución total de la especie o en un entorno cambiante. Esto último es de gran importancia, especialmente cuando se analizan insectos invasores, plagas o vectores de enfermedad”.

Ellos son

Carolina Coulin,  Gerardo de la Vega, Lucila Chifflet, Luis Calcaterra y Pablo Schilman son los autores del trabajo publicado recientemente en Biological Invasions

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