miércoles, 13 de diciembre de 2017
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Tara Thiagarajan: “No hay un cerebro normal universal”

La neurocientífica Tara Thiagarajan estudia las divergencias en la actividad cerebral humana a escala mundial mediante el uso masivo de electroencefalografías. Su proyecto “Siete mil millones de cerebros humanos” busca conformar una base de datos representativa de la humanidad.

Por Vanina Lombardi

 

Agencia TSS — El Proyecto de Diversidad Cerebral Humana, dirigido por la neurocientífica india Tara Thiagarajan, busca analizar las divergencias en la actividad cerebral humana en todo el mundo mediante el uso masivo de electroencefalografías (EEG). Recientemente, la UNSAM se sumó a esta iniciativa a través del Centro de Estudios Multidisciplinarios en Sistemas Complejos y Ciencias del Cerebro (CEMSC3). Thiagarajan, fundadora de Sapien Labs, visitó la Argentina y brindó una conferencia en la UNSAM titulada “Siete mil millones de cerebros humanos. ¿En qué se diferencian? ¿Qué significa? ¿Cómo impacta en el futuro de nuestra especie?”.

Los investigadores de Sapien Labs utilizan la técnica de EEG –mediante el uso de un equipo portable denominado EPOC– para medir la actividad cerebral y estudiar cómo se relaciona con el contexto en el que se desempeña cada individuo, como el ambiente físico, la dieta, el lenguaje, la cultura, la estructura social, la educación y el uso de tecnologías, además de aspectos del comportamiento como la personalidad, los estados emocionales y las habilidades cognitivas.

“El primer año pondremos a punto las técnicas y haremos los primeros registros, que esperamos sean de alrededor de mil individuos por año, inicialmente en territorios cercanos. Posteriormente, lo haremos también en poblaciones más alejadas”, sostuvo Dante Chialvo, director del CEMSC3, durante la presentación de la iniciativa. Tras el encuentro, TSS habló con Thiagarajan.

¿Para qué sirve analizar la diversidad cerebral humana en distintos grupos sociales y culturales?

Partimos de la idea de que no hay un cerebro normal universal, sino que solo es normal en un contexto. Por ejemplo, lo normal para alguien que vive en un barrio humilde, sin teléfono celular ni escuela, es muy distinto a lo normal para alguien que vive en un entorno diferente. Entonces, no pueden ser tratados de la misma manera.

Los investigadores de Sapien Labs utilizan la técnica de EEG –mediante el uso de un equipo portable denominado EPOC– para medir la actividad cerebral y estudiar cómo se relaciona con el contexto en el que se desempeña cada individuo.

 

 

¿Cuál es el aporte de las EEG para conocer la complejidad de la mente humana?

Es necesario aclarar que un estudio de EEG es una medida de la actividad eléctrica en el cerebro, ya que las neuronas se comunican a través de señales eléctricas. Pero, a la vez, no es solo eso, porque esa actividad eléctrica también es modificada por la arquitectura o la geometría del cerebro. La EEG hace una lectura rápida de los cambios en esa actividad y nosotros la medimos. De esa forma, tratamos de comprender cuán compleja es esa señal.

¿Un número alto de señales eléctricas indica una mayor actividad y complejidad en la actividad cerebral? ¿Es una señal de inteligencia?

No directamente, pero hay una relación entre la complejidad en la actividad y el desempeño, independientemente del lugar del cerebro en el que se mida. Nosotros hemos hecho mediciones con EEG en 14 ubicaciones del cerebro y en cada una calculamos la complejidad promedio.

También evaluaron el vínculo entre educación, ingresos económicos y complejidad en la actividad cerebral. ¿Qué encontraron?

Encontramos que hay mucha relación entre ellos, lo que no significa que sea una línea directa. A medida que los ingresos aumentan, encontramos una mayor complejidad en la actividad cerebral. En una persona que gana por encima de los 50 dólares al día y, sobre todo, más de 150 dólares de ingreso diario, la complejidad de la actividad cerebral es mayor. Y ocurre lo contrario en los rangos de ingreso más bajos.

En función de los cambios en el estilo de vida y el impacto de la tecnología durante el último siglo, ¿considera que la mente se está adaptando al mismo ritmo?

La mente está peleando en algún nivel. Por supuesto que se adapta, pero lo que vemos es que no lo está haciendo muy bien, porque la incidencia de trastornos como la ansiedad y la depresión aumenta. Entonces, el cerebro no está teniendo la capacidad de controlar estos cambios de una manera positiva y todavía no sabemos cómo resolverlo.

Los investigadores de Sapien Labs utilizan la técnica de EEG –mediante el uso de un equipo portable denominado EPOC– para medir la actividad cerebral y estudiar cómo se relaciona con el contexto en el que se desempeña cada individuo.

 

 

 

¿Cuál es el aporte de las EEG para conocer la complejidad de la mente humana?

Es necesario aclarar que un estudio de EEG es una medida de la actividad eléctrica en el cerebro, ya que las neuronas se comunican a través de señales eléctricas. Pero, a la vez, no es solo eso, porque esa actividad eléctrica también es modificada por la arquitectura o la geometría del cerebro. La EEG hace una lectura rápida de los cambios en esa actividad y nosotros la medimos. De esa forma, tratamos de comprender cuán compleja es esa señal.

¿Un número alto de señales eléctricas indica una mayor actividad y complejidad en la actividad cerebral? ¿Es una señal de inteligencia?

No directamente, pero hay una relación entre la complejidad en la actividad y el desempeño, independientemente del lugar del cerebro en el que se mida. Nosotros hemos hecho mediciones con EEG en 14 ubicaciones del cerebro y en cada una calculamos la complejidad promedio.

También evaluaron el vínculo entre educación, ingresos económicos y complejidad en la actividad cerebral. ¿Qué encontraron?

Encontramos que hay mucha relación entre ellos, lo que no significa que sea una línea directa. A medida que los ingresos aumentan, encontramos una mayor complejidad en la actividad cerebral. En una persona que gana por encima de los 50 dólares al día y, sobre todo, más de 150 dólares de ingreso diario, la complejidad de la actividad cerebral es mayor. Y ocurre lo contrario en los rangos de ingreso más bajos.

En función de los cambios en el estilo de vida y el impacto de la tecnología durante el último siglo, ¿considera que la mente se está adaptando al mismo ritmo?

La mente está peleando en algún nivel. Por supuesto que se adapta, pero lo que vemos es que no lo está haciendo muy bien, porque la incidencia de trastornos como la ansiedad y la depresión aumenta. Entonces, el cerebro no está teniendo la capacidad de controlar estos cambios de una manera positiva y todavía no sabemos cómo resolverlo.

“En la medida en que los dispositivos se vuelvan más baratos y la gente pueda registrar su propia actividad cerebral y monitorear diversos aspectos, muchos querrán participar de las investigaciones”, dice Thiagarajan.

 

 

¿Cuál es el objetivo de este proyecto global?

Queremos conformar una base mundial de datos de EEG. La meta es crear una base de datos representativa de la humanidad en todo el planeta, ya que la mayoría de la investigación en EEG y neurociencias humanas hoy se hace en Estados Unidos. Por eso queremos obtener muestras de una variedad de lugares más amplia y el objetivo es lograr un compromiso de participación de diferentes países y, particularmente, de los que no están representados en las neurociencias en el mundo, como ocurre con América Latina.

¿En qué otros lugares están presentes con este proyecto?

También se está desarrollando en India y estamos buscando colegas en Australia, Rusia y el continente africano.

¿Cómo lidian con la organización de un proyecto a escala global?

La organización es muy nueva y recién empezamos, pero hay varias cosas que ayudan. Por ejemplo, la plataforma tecnológica que usamos nos permite ver qué están haciendo los demás. Eso permite un trabajo en red, mientras que antes todo debía ser articulado por un único laboratorio. También se simplificó el acceso a la tecnología: alguien que no es científico y que nunca hizo un estudio de EEG hoy puede hacerlo de una manera bastante simple. Otras tecnologías son difíciles de aprender, pero los equipos que usamos son sencillos y baratos. En el proyecto también están quienes no usan los equipos pero sí hacen análisis de datos, ya que pueden tomar la información de distintos repositorios para participar.

Parece haber un entusiasmo generalizado por las neurociencias. ¿Eso los favorece?

Hay mucho interés. En Estados Unidos, la gente está muy interesada, incluso en medirse a sí misma. En la medida en que los dispositivos se vuelvan más baratos y la gente pueda registrar su propia actividad cerebral y monitorear diversos aspectos, muchos querrán participar de las investigaciones. Eso nos permitirá recolectar más datos. Esa es la dirección en la que iremos.

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