martes, 23 de mayo de 2017
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Satélites: cuando el gran desafío es achicarse

En el marco del Simposio Latinoamericano sobre Pequeños Satélites de la Academia Internacional de Astronáutica (IAA), organizado por el Instituto Colomb de la UNSAM y la CONAE, expertos de todo el mundo debatieron sobre las posibilidades y desafíos que presentan los satélites de menor tamaño.

Por Matías Alonso

 

 

nanosat

Agencia TSS – Durante el mes de marzo, el Instituto Colomb de la UNSAM y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) organizaron el Primer Simposio Latinoamericano sobre Pequeños Satélites de la Academia Internacional de Astronáutica (IAA), denominado Tecnologías Avanzadas y Sistemas Distribuidos. El encuentro, que se llevó a cabo en el Centro Cultural de la Ciencia (C3), del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, contó con la presencia de especialistas de todo el mundo y allí se presentaron los logros y las tendencias en el desarrollo de pequeños satélites.

Se considera pequeños a los satélites de menos de mil kilos de masa, aunque los más populares han sido los CubeSat, de alrededor de un kilo, que históricamente se usaron para fines de investigación. Gracias a la miniaturización y la baja de costos en la electrónica, los satélites pequeños comenzaron a ser utilizados con fines comerciales y gubernamentales. Un ejemplo local es el de Fresco y Batata, los satélites comerciales de la empresa Satellogic —de unos 35 kilos de peso—, que toman imágenes de los campos para el análisis de los cultivos, entre otros servicios.

frescoDurante el simposio se abordaron los proyectos en marcha relacionados con las tecnologías de pequeños satélites, las iniciativas que involucran a América Latina y los esfuerzos de cooperación internacional.

Los satélites pequeños tienen un costo miles de veces menor que el de los grandes y un plazo de desarrollo mucho más breve, lo que les permite contar con tecnologías más modernas al momento de su lanzamiento y los posiciona de manera favorable como opción para países de industrialización tardía. Además, al ocupar órbitas más bajas, dan más vueltas a la Tierra por día y permiten tener imágenes más actualizadas. Por ejemplo, en 2005, el satélite NigeriaSat-1, de 100 kilos y operado por Nigeria, fue el primero en enviar imágenes de los efectos del huracán Katrina en la costa este de Estados Unidos.

Sin embargo, este tipo de satélites no pueden satisfacer todas las necesidades, ya que hay equipos que, por cuestiones físicas, no se pueden reducir tanto como para ser incorporados en ellos y siguen necesitando de grandes satélites, como cierto tipo de radares y cámaras de gran resolución, entre otros.

Durante el simposio —en el que también hubo un espacio para la presentación de trabajos de estudiantes— se abordaron los proyectos en marcha relacionados con las tecnologías de pequeños satélites, las iniciativas que involucran a América Latina y los esfuerzos de cooperación internacional, entre otros aspectos. TSS habló con dos de los principales expositores que llegaron a la Argentina especialmente para este encuentro: Franco Ongaro, director de Tecnología, Ingeniería y Calidad de la Agencia Espacial Europea (ESA), y Javier Mendieta, vicepresidente de la IAA y director general de la Agencia Espacial Mexicana.

 

Franco Ongaro, director de Tecnología, Ingeniería y Calidad de la Agencia Espacial Europea (ESA)

“Estamos muy interesados en ampliar la cooperación con la Argentina”

El titular de la ESA habló sobre los planes de cooperación internacional, la estrategia de vinculación con el sector privado para el desarrollo espacial y la necesidad de estándares para la recuperación de satélites obsoletos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERALa agencia espacial estadounidense (NASA) hizo un giro en su política de desarrollo y comenzó a abastecerse con empresas privadas, ¿ESA sigue un camino similar?

Yo diría que ESA siempre trabajó con el sector privado. De hecho, ESA no desarrolla cosas en laboratorios propios, sino que siempre contratamos a empresas; es la forma en que trabajamos. Tenemos relaciones con el sector privado y además trabajamos en proyectos público-privados. Por ejemplo, tenemos satélites de telecomunicaciones geoestacionarios en los que producimos la plataforma y usamos parte de su carga para hacer experimentos, pero además hicimos un acuerdo con la empresa Hispasat, que pondrá la otra parte de la carga. Es un esfuerzo conjunto entre una compañía privada, que va a explotar el satélite durante los próximos quince años, y nosotros, que tendremos los resultados de nuestro experimento en los próximos años. Después de ese tiempo no gastaremos mucho dinero en seguir haciendo experimentos y ellos se beneficiarán por el resto de los años de operación. También estamos buscando, específicamente en lo que tiene que ver con la Estación Espacial Internacional, compañías que estén interesadas en hacer experimentos con microgravedad en materiales y medicina.

¿Habrá algún tipo de cooperación entre la Argentina y ESA en el área de satélites pequeños?

Ya existe algo de cooperación en el proyecto SAOCOM y en la red de espacio profundo de la que forma parte la estación de Malargüe. Estamos muy interesados en ampliar la cooperación con la Argentina y estamos en contacto con la CONAE para avanzar en ese sentido.

Muchos países tienen planes para lanzar gran cantidad de pequeños satélites al espacio. De hecho, India lanzó, recientemente, más de cien en un solo vehículo espacial. Una gran cantidad de estos artefactos quedarán eventualmente a la deriva en el espacio. ¿Cuál es el plan para recuperarlos?

Al menos nosotros tenemos un plan. ESA no lanzará más satélites si no tienen un plan para traerlos de vuelta o moverlos a otra órbita en la que no se ponga en riesgo a otros satélites. Ahora estamos en un período en el que todavía permitimos que proyectos continúen su desarrollo porque es demasiado tarde para cambiarlos, pero desde 2014 esto es obligatorio para todos los nuevos proyectos. En paralelo, estamos ensayando sistemas para ayudar a la industria a ser competitiva y a la vez responsable con lo que hace. La desactivación de un satélite incluye procedimientos simples, como liberar componentes presurizados, cortar la alimentación de las baterías y otros procedimientos de rutina, pero hay que hacerlos en el momento adecuado y no cuando el satélite esté fuera de control y pueda explotar, que es lo más peligroso.

¿Y qué pasará con todos los demás países que están enviando satélites al espacio?

Bueno, para eso está la ONU, que está trabajando para crear estándares. Además, se puede ver que cuando la industria se da cuenta de los riesgos que se generan hace algo para mitigarlos. Por ejemplo, en la órbita LEO (entre 200 y 2000 kilómetros desde la superficie de la Tierra) tenemos un muy mal historial de reingreso de satélites, pero en la órbita GEO (36.000 kilómetros), el 80 % de los satélites que terminan su vida son enviados al exterior. Se hace eso porque para llevar un satélite a la órbita GEO se necesita la mitad de su combustible, por lo que para traerlo de nuevo a la Tierra se necesitaría la otra mitad. Por eso, en ese punto se busca mandarlos más afuera. Desde ese punto ya nunca caería y, aunque se moviera de su posición relativa, nunca dañaría a otro satélite. Ahí se puede ver que la industria tiene muchas más ganas de autorregularse porque evitar riesgos es una forma de ganar dinero. Con suerte, lo mismo sucederá en las otras órbitas. Además, en la órbita LEO tenemos a seres humanos, por lo que los riesgos son de otro carácter.

 

Javier Mendieta, vicepresidente de la IAA y director general de la Agencia Espacial Mexicana

Una agencia espacial latinoamericana sería muy importante para nuestros países”

El principal funcionario mexicano a cargo del área espacial habló sobre la necesidad de fortalecer la colaboración regional y sobre por qué muchos de los esfuerzos que hacen en satélites pequeños tienen como objetivo construir capacidades para otros más grandes.

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¿Qué planes tiene México en el área de satélites pequeños?

Estamos desarrollando varios en diversas líneas, casi todos ellos bajo el modelo CubeSat (un litro de volumen y 1,33 kilogramos). También trabajamos con algunos de menor volumen, con cargas útiles científicas y ambientales, que es un tema relevante, dada la preocupación por el cambio climático. En el sector empresarial se están construyendo las primeras generaciones de satélites más pequeños que el CubeSat, denominados PicoSat (menos de un kilo) y FemtoSat (hasta 100 gramos), que tienen diversas aplicaciones, sobre todo en telecomunicaciones.

México tiene satélites grandes en órbita, pero construidos por otras naciones. ¿Por qué no tienen satélites desarrollados localmente? ¿Cuál es el origen de esa decisión?

Si bien es una realidad que no los construimos en México, el objetivo gubernamental dentro de los programas de ciencia y tecnología, telecomunicaciones y los programas de seguridad nacional es el de empezar a construir nuestros propios satélites grandes. Mucho del trabajo que se hace en satélites pequeños es para construir capacidades para satélites grandes. Además, necesitamos tener alianzas internacionales con países que ya hayan pasado por estas experiencias, estén dispuestos a colaborar y tengan interés en hacer asociaciones estratégicas con México, como la Argentina.

¿La cercanía de México con una potencia espacial como Estados Unidos puede haber influido para que México no produzca sus propios satélites?

No, porque todas las grandes compras de satélites de México se han hecho con una convocatoria abierta a toda la comunidad internacional. Esas convocatorias las han ganado empresas estadounidenses, pero México necesita empezar a mirar hacia otros países. La relación con la Argentina es muy importante y eso se discutió en la visita del presidente Peña el año pasado. La colaboración en satélites de telecomunicaciones es muy importante para nosotros y reconocemos que la Argentina tiene un liderazgo, historia y calidad en este sector, con mucha tecnología propia y con alianzas estratégicas con diversos países. Es un modelo que queremos implementar en México y buscamos asociarnos de manera sólida con la Argentina para empezar a desarrollar satélites. Por supuesto que México ganaría muchísimo porque conoceríamos y adaptaríamos la tecnología que tiene la Argentina, pero la Argentina también tendría beneficios por las conversaciones con nuestros científicos, con el mercado mexicano y no solamente estaríamos cubriendo los aspectos espaciales sino los aeroespaciales, que actualmente tienen mucho desarrollo en México. Necesitamos desarrollar en forma conjunta productos, sistemas, componentes y también aplicaciones, como las de procesamiento de imágenes.

¿Cree que podría llegar a existir una agencia espacial como la europea en América Latina?

Por supuesto, la existencia de una agencia espacial latinoamericana sería muy importante para nuestros países. El único ejemplo de una agencia espacial regional es el europeo y es un éxito porque se potencian las inversiones, se discuten los proyectos y se multiplican las oportunidades. La presencia de la Argentina y Brasil sería muy importante porque son las dos potencias de la región, pero vemos que también muchos otros países están emergiendo en este sector. El modelo para copiar sería el de la Agencia Espacial Europea, que demandaría una gran inversión, pero lo interesante es que los aportantes verían multiplicada esa inversión con la concurrencia del aporte de todos los países. Pienso que podría existir y sería muy útil, no solo para el desarrollo espacial, sino también para impulsar a empresas y el desarrollo económico latinoamericano.

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