miércoles, 22 de noviembre de 2017
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Productividad estancada, desfinanciación y fuga de cerebros: un diagnóstico crítico de la ciencia en América Latina

El simposio de los delegados latinoamericanos de la Asociación Interciencia, celebrado ayer en Buenos Aires, describió un estado crítico del sistema científico y tecnológico de la región. El encuentro, organizado por la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, trazó problemas y desafíos comunes a considerar en el diseño de políticas públicas para el sector.

 

Buenos Aires, viernes 17 de marzo de 2017 – La biblioteca de la Academia Nacional de Medicina fue sede del último simposio de la Asociación Interciencia, organizado ayer por la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (AAPC). Junto a destacados investigadores nacionales, los distintos representantes de los sistemas científicos latinoamericanos compartieron un diagnóstico sobre el estado de la ciencia en la región.Investigadora del CONICET y miembro del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” (UBA), Gil Montero adelantó los ejes de la jornada.

El simposio contó con la participación de las autoridades de Interciencia, Marisol Aguilera Meneses y Mahabir Gupta, presidente y director ejecutivo, respectivamente, así como del secretario de Planeamiento y Políticas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Miguel Ángel Blesa, y la presidente a cargo de la AAPC, Susana Hernández. A su vez, estuvieron presente Jorge Robbio, Lucas Luchilo y Sergio Matheos, subsecretarios del Ministerio de Ciencia.

“Es fundamental darse cuenta de que, sin importar los avatares políticos, tiene que haber continuidad en las políticas de ciencia y tecnología”, dijo Blesa durante la apertura. “En este momento en que se dan grandes cambios en todo el mundo, es importante reflexionar sobre cuál es el rol de la CyT, sus paralelismos, diferencias, fortalezas y debilidades”, afirmó el funcionario.

Durante el encuentro, tras una ponencia sobre la historia de la ciencia argentina y la presentación de indicadores cuantitativos sobre los recursos y la producción del sistema científico en la región, los distintos delegados expusieron los casos de Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Chile, Panamá y Venezuela. Como resultado, fue posible componer un diagnóstico del estado de la ciencia en América Latina.

La inversión en el sector por parte de fuentes de financiamiento públicas y privadas, el estancamiento de indicadores de productividad, las cifras de solicitudes de patentes, cierto desbalance entre el crecimiento de las ciencias sociales en detrimento de las naturales, salarios bajos y falta de oportunidades de desarrollo profesional que sugieren potenciales fugas de cerebros: este es el contexto común del sector científico en los países latinoamericanos.

El caso de Venezuela sea, tal vez, el más dramático de toda la región. Con una comunidad científica envejecida, salarios de 20 dólares mensuales y la ausencia total de indicadores, ya se ha ido del país el 14% que producía el 33% de las publicaciones científicas.

En la Argentina, por su parte, con un sistema tecnológico empobrecido, los recortes presupuestarios y la creciente inestabilidad de la políticas científica, una posible reorientación del CONICET hacia lo tecnológico genera más dudas que certezas, comenzando por la ausencia de un diagnóstico y prospectiva sobre el sector que demanda esos conocimientos.

MARISOL AGUILERA MENESES, PRESIDENTE DE INTERCIENCIA, PARTICIPÓ DE LA APERTURA DEL SIMPOSIO.

El simposio comenzó con un repaso de la historia de la ciencia en la región americana, a cargo del historiador Miguel de Asúa, investigador del CONICET y profesor de la Universidad Nacional de San Martín. Luego el director del centro REDES y del Observatorio Latinoamericano de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Mario Albornoz, presentó un informe basado en indicadores cuantitativos de los recursos y productos de la ciencia y tecnología en la región.

Del mismo modo, el encuentro de Interciencia incluyó mesas de debate sobre educación y ciencia, el rol de las ciencias sociales y las humanidades y los aspectos vinculados con la administración de la ciencia y la tecnología.

País por país: el Estado de la ciencia en América Latina

Argentina

La presentación, a cargo del secretario Blesa, comenzó con una descripción sobre el sistema científico nacional, las instituciones que lo integran y una mención a las más de 60 asociaciones disciplinares, así como al Encuentro Permanente de Actividades Científicas (EPAC), que nuclea a la mayoría.

Entre los datos más destacados, Blesa explicó que el número de investigadores y becarios (en jornada completa) cada mil personas económicamente activas se estabilizó alrededor de 3. “El número de investigadores por área de conocimiento y el sistema en su conjunto han crecido mucho en los últimos años”, dijo el funcionario, para quien “el área que más creció comparativamente es la de ciencias sociales y humanidades, que hoy representa un 32,84% del total”.

También se refirió a la inversión en CyT como fracción del PBI, que “creció notablemente en los comienzos del siglo XXI hasta ubicarse en el 0,6% actual”. Al respecto, el secretario se refirió a “metas incumplidas” e indicó que la actual tasa de crecimiento interanual de la inversión en I+D “no va a permitir llegar a tener una inversión superior al 1% del PBI, que sería un número razonable”.

En esa línea, repasó la situación del CONICET, con un presupuesto anual de 9 mil millones de pesos y unos 10 mil investigadores activos. “El CONICET es el organismo del gobierno para impulsar la CyT. Nuestros desafíos de gobernanza son cómo representar adecuadamente los distintos puntos de vista, incluyendo a las asociaciones civiles científicas, al tiempo de responder a una planificación y cómo mantener un adecuado balance entre investigación básica, aplicada y el desarrollo tecnológico”, planteó Blesa.

En esa línea, Blesa expresó: “En la Argentina hay una fuerte tradición en la investigación básica y poca en la aplicación tecnológica. Institutos como el INTA, el INTI y CONEA no patentan. El sistema tecnológico es pobre”.

Bolivia

De acuerdo con el delegado, miembro de la Asociación Boliviana para el Avance de las Ciencias, “la ciencia, la tecnología y la innovación no han sido consideradas históricamente para el desarrollo”, lo cual condujo a “grandes costos económicos, ambientales y sociales”. Un problema recurrente, describió, es la ausencia de procesos de adaptación del conocimiento a las realidades locales del país.

En este país, la creación de centros e institutos de investigación adquirió dinamismo a partir de 1971. Desde entonces, “el 66% de esas entidades se creó en los departamentos de Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, el famoso eje del desarrollo de Bolivia”.

Actualmente, el país cuenta con unos 1.900 investigadores que trabajan a tiempo completo. Por otra parte, expresó que el presupuesto del Estado para el sector sólamente alcanza para pagar los salarios de los investigadores.

Asimismo, el delegado boliviano precisó que, del total de centros e institutos de investigación, 180 pertenecen a universidades públicas y 45 a privadas. Con respecto al número de centros por disciplina, el 30% corresponde a las ciencias naturales, mientras que el 24% a la tecnología. “Entre ambas se supera el 50% de la producción científica y, pese a todo, se hace cierto grado de ciencia básica y especialmente transferencia de tecnología”, consideró.

Brasil

La información geográfica y demográfica de esta nación ya permite comprender la magnitud de este país: con un área de 4 millones de kilómetros cuadrados y una población de 205 millones de habitantes, el sistema de ciencia y tecnología de Brasil es uno de los más avanzados de la región.

“Brasil tiene un compromiso de Estado con la ciencia, la tecnología y la educación”, expresó su delegada. “Sin embargo, existen problemas de continuidad y concentración”, agregó.

Como ejemplo, explicó que Sao Paulo es responsable del 62% de la producción de ciencia y tecnología de Brasil. En ese estado viven unos 41 millones de habitantes y se concentra el 34% del PBI. “Sao Paulo representa el 50% de la ciencia brasileña, allí hay seis universidades (3 del estado paulista y 3 nacionales) y concentra el 45% de los graduados con estudios de doctorado”, señaló. Al mismo tiempo, la delegada de Brasil explicó que el 62% del apoyo financiero proviene de recursos del estado de Sao Paulo.

Con respecto a algunos indicadores de productividad, comentó que los índices de patentamiento son bajos debido a razones culturales y afirmó que “en los últimos 10 años, la publicación de artículos aumentó en todas las áreas de conocimiento avanzado”. De acuerdo con la delegada, “aparentemente estamos al frente de América Latina, pero estamos muy atrás comparados con otros países del mundo, donde vemos un salto cuali-cuantitativa en la producción científica”.

Costa Rica

Creado en 1972, el Consejo Nacional para Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) fue el instituto de referencia para promover las capacidades de investigación y desarrollo en ese país, junto con la Academia de Ciencias creada en 1995. Además, en Costa Rica existen unos 500 institutos de investigación y el país ya lleva ejecutados una decena de planes de ciencia.

“Tenemos 1.294 millones de dólares invertidos en investigación, que representan el 2,48 % del PBI”, dijo el delegado de Costa Rica, quien agregó: “En un 76%, la investigación es realizada por las universidades públicas. Este es el fuerte de la investigación en Costa Rica y las universidades guardan una gran autonomía. Esto hace que el grado de injerencia política sea bajo”.

Por otra parte, se refirió a las relaciones de género: “Hubo un crecimiento en los investigadores a lo largo de los años y hoy la relación es de 52% de hombres y un 42% de mujeres en el sistema”. A su vez, señaló que el área con más carencias de recursos calificados es ingeniería, seguida por tecnología y ciencias de la salud, “porque el 69% de los graduados corresponden a las ciencias sociales y humanidades”.

Chile

El presidente del Consejo de Sociedades Científicas de Chile, Jorge Babul, realizó una crítica de la gestión política de su país en torno al sistema científico y tecnológico. “Como vamos, pronto tendremos el honor de ser declarados el primer país libre de ciencia”, ironizó.

Para Babul, “es necesario separar de los gobiernos de turno las acciones que necesitan de largo plazo y la ciencia los necesita, pero los políticos no lo entienden”. En Chile, la comunidad científica ha venido reclamando, en los últimos años, la creación de un ministerio nacional de ciencia, un proceso que aún continúa, con avances y retrocesos. “Nosotros no podíamos imitar a los jóvenes científicos argentinos que tomaron pacíficamente el ministerio, sencillamente, porque nosotros no tenemos uno”, bromeó.

En esa línea, Babul criticó la ausencia de una planificación y de políticas claras diseñadas para el desarrollo del sistema científico chileno: “Necesitamos una ciencia desarrollada que sea el pilar de la sociedad”.

El delegado describió que el país cuenta hoy con unos 4 mil doctores y se refirió al programa FONDECYT, que ofrece becas de doctoradas y proyectos de iniciación. Sin embargo, consideró como “un problema que sólo tres universidades hacen el 70% de la investigación”.

Panamá

Como titular de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación de Panamá, Jorge Motta fue el encargado de preparar esta presentación, que fue brindada por el sectrario de Interciencia, Gupta. La inició con una serie de datos descriptivos sobre el sistema científico panameño.

EL CHILENO JORGE BABUL FUE MUY CRÍTICO: “TENDREMOS EL HONOR DE SER DECLARADOS PRIMER PAÍS LIBRE DE CIENCIA”.

“La inversión per cápita con relación al PIB es muy baja, del 0,18%. Además, como en Panamá no hay industrias y el 80% de nuestro PIB corresponde al sector servicios, la estructura productiva es de baja intensidad y no demanda mucha investigación o desarrollo”, describió Gupta.

Haciendo algo de historia, el secretario recordó que la ciencia y la investigación en ese país se impulsaron a principios del siglo XX gracias a manos extranjeras: con fuerte apoyo de gobiernos estadounidenses, organismos como el laboratorio Gorgas y el Smithsonian se consolidaron en distintas áreas de las ciencias naturales. En 1975 fue creada la Asociación Panameña para el Avance de las Ciencias y, en 1997, la creación de la SENACYT terminó de completar la estructura central del sistema científico.

Actualmente, Panamá cuenta con 1.500 becarios y 475 proyectos de I+D fueron desarrollados entre 2004 y 2016. Para 2017, precisó Gupta, se propusieron la meta de adjudicar 75 nuevos proyectos.

Venezuela

Representante de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela, Jaime Requena comenzó su exposición sin rodeos: “El mensaje es claro: no sigan nuestro ejemplo”.

De acuerdo con Requena, la politización de la ciencia registrada en los últimos años condujo al desmantelamiento del sistema, al punto de que “hoy no existen datos sobre ciencia en Venezuela”.

Hasta el año 2006, los indicadores se publicaban con regularidad. “Pero a partir de ese año, cuando los indicadores comenzaron a caer, el gobierno los dejó de publicar”, señaló Requena. Este punto es de importancia ya que los datos utilizados en su presentación provienen de fuentes propias, construidas junto a colegas venezolanos y de otros países, a partir de una gran base de datos que registra la productividad científica venezolana desde 1823.

“La organización sectorial en Venezuela solía a ser casi horizontal, pero ahora es absolutamente vertical”, dijo Requena, quien luego se refirió a las inversiones. “Desde 1950 hasta 1970, cuando aparece el CONICIT, la inversión era como del 0,1%, una cantidad bajísima. En esos años el país tenía sólo 12 doctores”. A principios de los 90, no obstante, la emergencia de la industria petrolera disparó una suba y para el año 2000 la inversión llegó al 0,4% del PBI.

En Venezuela, el Estado es quien financia a la ciencia en su totalidad. “El 86% de toda nuestra ciencia se hace fundamentalmente en las cuatro universidades autónomas. Pero un profesor universitario venezolano cobra 20 dólares mensuales. Eso es lo que nos paga el gobierno”, afirmó Requena.

Una de las consecuencias de este esquema, apuntó el delegado, fue el decrecimiento de las publicaciones, fundamentalmente ligadas a las áreas de salud y medicina (que representan el 24% del total), seguidas por la biología molecular y clásica (con el 19%). “Entre esas dos se llevan el 50% de la tajada”, especificó. “Hoy día casi publicamos la mitad que hace diez años y la mayoría de esas publicaciones se concentra en revistas nacionales que fueron promovidas por el gobierno”, dijo Requena.

Si bien los datos oficiales señalan que en Venezuela hay unos 25 mil investigadores activos, de acuerdo con Requena, ese número no supera los 7 mil. Del total, indicó, el 60% son mujeres. Asimismo, precisó que la edad promedio de los investigadores es de 52 años, pero solía ser de 40. “La comunidad está envejeciendo y tenemos un problema serio de fuga de cerebros. Se ha ido el 14% responsable del 33% de todas las publicaciones del país”, destacó el científico venezolano.

 

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