martes, 28 de marzo de 2017
Medioambiente

Poblaciones y clima: el tema que unió a las ciencias sociales y naturales

Con siete conferencias de expertos en diferentes campos y un premio al periodismo científico, se realizó la jornada de puertas abiertas sobre Poblaciones y Clima, organizada por el Encuentro Permanente de Asociaciones Científicas, con un fuerte énfasis en el enfoque interdisciplinar.

 

Buenos Aires, jueves 16 de marzo de 2017 – ¿Qué efectos ambientales motivaron el desplazamiento de las comunidades? ¿Cómo influyeron los campos comunales de Santiago del Estero en la política agraria? ¿Cuál es el impacto de los agr

Investigadora del CONICET y miembro del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” (UBA), Gil Montero adelantó los ejes de la jornada.

oquímicos en los cauces de agua dulce? ¿Qué rol tienen los pequeños campesinos en la conservación del maíz? ¿Cómo se llegó a la genética actual del ganado criollo? ¿Qué relación tienen la expansión agrícola y la biodiversidad de los bosques? Desde la historia, la antropología, la ecología, la genética y la agronomía, entre otras disciplinas, siete investigadores brindaron conferencias magistrales para contestar estas y otras preguntas, durante la jornada de puertas abiertas “Interacción entre poblaciones y clima: pasado, presente y futuro”, que se realizó ayer en el Centro Cultural de la Ciencia.

Organizada por el Encuentro Permanente de Asociaciones Científicas (EPAC), la jornada permitió abordar un tema de interés general desde la mirada de diversas disciplinas científicas. Además, en este marco, la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (AAPC) distinguió a la periodista Valeria Román con el premio Braun-Menéndez al periodismo científico, en reconocimiento de su trayectoria.

De acuerdo con la doctora en física Susana Hernández, coordinadora del EPAC y vicepresidente a cargo de la AAPC, “abordamos una temática de interés para toda la sociedad y lo hicimos desde múltiples disciplinas científicas para enriquecer el debate”. A su vez, destacó que la organización de esta jornada fue realizada con el aporte de “investigadores de las sociedades de Historia, Genética y Ecología, lo que ha sido un gran esfuerzo para reunir a científicos de disciplinas sociales y humanas y exactas y naturales”. En esa línea, Hernández agregó: “Estas ramas han estado por mucho tiempo escindidas y no tiene por qué ser así. Lo estamos demostrando con esta jornada”.

“Esta jornada superó nuestras expectativas”, dijo Cristina Cambiaggio, doctora en física y parte de la organización. “Si bien hubo espacios de preguntas y respuestas, fue hacia el final del encuentro cuando se produjo un intercambio profundo y espontáneo entre los distintos investigadores, que puso en práctica ese diálogo interdisciplinario que desde EPAC nos propusimos promover”, afirmó.

Al respecto, la historiadora Raquel Gil Montero, quien estuvo a cargo de la primera charla de la jornada, expresó que “es bueno que confluyan las ciencias sociales y naturales” y añadió: “En el EPAC tenemos esta voluntad de construir el diálogo interdisciplinar para potenciar los desarrollos investigativos”. La charla de apertura que brindó Gil Montero, investigadora del CONICET y miembro del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires, repasó la evolución de las poblaciones humanas durante los últimos 2.400 años, relacionadas con diferentes efectos ambientales y analizadas por el pensamiento de personalidades como Thomas Malthus y Ester Boserup.

Como parte del mismo panel, la historiadora Judith Farberman (investigadora del CONICET y profesora de las Universidades de Quilmes y Buenos Aires) presentó un trabajo sobre la producción agraria y la población en Santiago del Estero durante los siglos XVIII y XIX, con particular interés en “las formas de poseer”. Su investigación, centrada en el concepto de “campos comunales” como figura comunitaria de la época colonial, destacó algunos elementos convergentes que contribuyeron a optar por ese tipo de propiedad indivisa: “El denominador común que veo es la escasez del agua, la esencia casi ubicua del monte chaqueño y la antigüedad y permanencia de la ocupación, que determinaba la formación de comunidades dotadas de diversa identidad”, dijo la especialista.

Los efectos contaminantes sobre los ecosistemas y sus comunidades

El segundo panel de la jornada estuvo enfocado en un tema siempre controversial: el impacto de los agroquímicos en ecosistemas de agua dulce. La doctora en ciencias biológicas Haydée Pizarro, del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de la UBA (IEGEBA) e investigadora del CONICET, estuvo a cargo de esta ponencia.

PARA HAYDÉE PIZARRO, “EL GLIFOSATO NO ES INOCUO PARA EL AGUA DULCE”.

Comenzó con datos actuales sobre la población mundial, que se duplicó en los últimos 60 años y ya supera los 7 mil millones de habitantes. “En ese contexto también apareció la agricultura industrial, caracterizada por el monocultivo, las semillas modificadas genéticamente, la maquinaria altamente calificada, la siembra directa con barbecho químico y el uso de agroquímicos”, dijo Pizarro. En la Argentina, precisó, hay 33 millones de hectáreas cultivables que representan una de las zonas más importantes del mundo. El 92% de esa superficie se trabaja con siembra directa y, cada campaña, recibe unas 200 millones de toneladas de agroquímicos.

Pizarro puso en evidencia el costo ambiental de este sistema productivo y abordó cómo se establece la toxicidad de las sustancias y cómo mide su efecto en los ecosistemas. Tras brindar detalles sobre una serie de estudios realizados al respecto, Pizarro expresó: “El glifosato no es inocuo para el agua dulce. Le cambia la calidad y pone en riesgo el agua como recurso fundamental para la actividad humana”. En esa línea, la investigadora consideró que “existe otra forma de obtener alimentos, porque con este tipo de agricultura, en mi opinión, se está poniendo enormemente en riesgo el agua dulce de calidad”.

Como parte del mismo panel, una segunda conferencia abordó la contaminación de ríos, enfocada en los cauces del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), y la vulnerabilidad de las poblaciones. A cargo de Rubén Lombardo, investigador principal del CONICET y experto en ciencias biológicas del IEGEBA, la charla exploró estrategias holísticas para la gestión sustentable de cauces y brindó información impactante: “El río Reconquista recorre 82 km y su cuenca abarca unos 1.670 kilómetros cuadrados, pasando por 18 municipios donde viven 4,3 millones de habitantes de los que más del 40% no tiene agua potable”. Además, Lombardo señaló que en esa área hay instaladas 12 mil industrias y más del 90% de los efluentes se desechan sin tratamiento, así como se tiran unas 340 mil toneladas de basura. “La gestión de los recursos hídricos debería encararse de manera integral a nivel ecosistémico”, dijo Lombardo, quien agregó: “La falta de políticas es una política en sí misma”.

La biodiversidad, en el foco de la jornada

El último panel contó con ponencias que trataron los efectos ambientales y sociales sobre la biodiversidad, con temas que abarcaron las razas morfológicas de maíces nativos del NOA y el NEA como reservorio de genes ancestrales hasta la deforestación y el ordenamiento territorial en Chaco, incluyendo un repaso histórico del desplazamiento del ganado bovino hasta llegar a la actual selección genética del ganado criollo.

El ingeniero agrónomo Pedro Rimieri basó su presentación en un trabajo del profesor Julián Cámara Hernández (fallecido recientemente), quien en 2015 dio una presentación similar titulada “Un recurso para el futuro: la agrodiversidad de los maíces nativos de la argentina”. De acuerdo con Rimieri, “las razas nativas representan la diversidad genética”, cuyas fuentes de conservación “tienden a ser zonas pobres, aisladas y marginadas del mundo en desarrollo”. En esa línea, Rimieri trazó el largo camino evolutivo que condujo al cultivo actual: “El maíz moderno fue manipulado genéticamente desde hace más de siete mil años por los nativos americanos, seleccionando empíricamente los genes favorables relacionados con las espigas, el número de hileras, el ciclo y la adaptación del cultivo a condiciones ambientales desfavorables”.

Por su parte, el especialista en genética animal Guillermo Giovambatistta, investigador del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata, comenzó su exposición abordando los centros de domesticación del Bos primigenius hacia el año 2.500 AC y sus migraciones, coincidentes con los grandes desplazamientos de las sociedades africanas y asiáticas. “El manejo humano tuvo influencia en la diversidad genética de los bovinos, que fueron migrando junto a las sociedades”, explicó.

“Cuando empezamos a analizar la variabilidad mitocondrial de los bovinos criollos a lo largo de toda América, se observa que tienen una mezcla de haplotipos europeos (el T3, que venía de Medio Oriente y entró a Europa por la península ibérica, desde donde llegó luego a América), un poco del cercano oriente (T2) y además aparece muy representando el T1, que es el africano”, detalló Giovambatistta. Según el especialista, “el ganado criollo captó la diversidad de casi todos los centros de domesticación, por lo menos dos de los tres principales. Esto no es algo común. Se adaptó muy bien a una gran gama de ambientes y, como pasó con el maíz, hoy solamente se lo encuentra entre pequeños productores y zonas marginales, donde muy difícilmente pueden entrar otras razas altamente seleccionadas”.

Este panel cerró con la exposición de Sebastián Torella, doctor en biología y perteneciente al grupo de Estudios de Sistemas Ecológicos en Ambientes Agrícolas de la UBA, quien habló sobre la deforestación y el ordenamiento territorial en el Chaco. “Históricamente y desde el punto de vista agropecuario, fue siempre una región marginal”, dijo, y precisó: “En 1977 había sólo unos 4 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura”. Para 2015, se registraron más de 15 millones de hectáreas de superficie que fue transformado con un cultivo agrícola o una pastura.

“Esto es un problema. La pérdida y la fragmentación de ambientes naturales es la principal amenaza para la biodiversidad no sólo en esta región sino en todo el mundo”, dijo Torella, quien ejemplificó: “Ya son muchos los estudios hechos por ecólogos que muestran distintos aspectos de la biodiversidad que fueron afectados en el Chaco argentino, desde la pérdida de riqueza de especies hasta procesos como la polinización o la distribución de animales emblemáticos, como el yaguareté”.

Valeria Román recibió el premio Braun Menéndez al periodismo científico

Por su destacada trayectoria y sus aportes a la comunicación pública de la ciencia, la periodista Valeria Román fue distinguida con el premio Braun Menéndez al periodismo científico, otorgado en su segunda edición por la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (AAPC).

El reconocimiento se dio en el marco de la jornada de puertas abiertas “Interacción entre poblaciones y clima: pasado, presente y futuro”, que tuvo lugar en el Centro Cultural de la Ciencia, organizada por el Encuentro Permanente de Asociaciones Científicas (EPAC), que nuclea a la AAPC y a unas 30 asociaciones científicas del país.

Román lleva más de 20 años trabajando en periodismo científico desde la producción de textos, radio y televisión. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires, es la única periodista argentina elegida para integrar la junta directiva de la Federación Mundial de Periodistas Científicos. Además de haber sido editora de la sección Ciencia y salud en el diario Clarín, en 2010 fue co-fundadora y primera presidente de la Red Argentina de Periodismo Científico (RADPC). Actualmente colabora con las revistas Scientific American (Estados Unidos) y Nature (Inglaterra).

“Es un reconocimiento hacia lo hecho en el pasado pero, cada premio me incentiva a seguir adelante y a renovar mi energía”, dijo Román, quien agregó: “Que una asociación así, fundada por Bernardo Houssay, reconozca la trayectoria de un periodista científico representa un gran cambio de esta comunidad hacia el periodismo”.

En esa línea, Román profundizó: “Este premio en particular me parece significativo porque, cuando empecé en los años 90, la comunidad científica en general no era muy abierta a ser entrevistada por periodistas jóvenes, había cierta resistencia y eso ha cambiado muchísimo. Este premio es una muestra de eso”.

“Tenemos como objetivo profundizar el diálogo entre las ciencias y presentarnos a la comunidad en su conjunto. El periodista científico colabora mucho con nosotros en este esfuerzo”, consideró la doctora en física Susana Hernández, coordinadora del EPAC y vicepresidente de la AAPC. En esa línea, describió lo que entiende como cualidades del periodista científico: “Tiene la capacidad de trabajar como intermediario entre nosotros y la sociedad. Tiene los recursos, la capacidad de traducir nuestro lenguaje a un lenguaje común y poner los conocimientos científicos al alcance de la comprensión de todo el mundo, para que el gran público se interese”.

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