martes, 15 de octubre de 2019
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Oro y bronce argentino

Muy buenas ubicaciones en las generales y dos medallas fueron el resultado de esta gran participación del equipo nacional en las Olimpiadas Internacionales de Química que tuvieron lugar en París y donde participaron casi 600 jóvenes de todo el mundo. Por el recorte presupuestario, la delegación fue reducida. Y tuvo que trabajar a contrarreloj.

Por Armando Doria

 

 

(Nexciencia) Esta vez fue en París. La capital de Francia recibió a 578 jóvenes de todo el mundo que participaron de la mayor competencia internacional en conocimientos de química, y que nació en Praga en 1968. Para nuestro país, esta edición resultó muy especial: el equipo argentino obtuvo una medalla de oro y otra de bronce pese a los recortes presupuestarios que lo afectaron. El último oro lo había conseguido en Tokio 2010.

Los tres competidores que representaron a la Argentina -todos de 18 años- fueron Tobías Viola Aprea, del Colegio Nacional de Buenos Aires; Nicolás Manno, de la Escuela Hipólito Yrigoyen de la Ciudad de Buenos Aires; y Alejandro Altamirano, del Instituto General San Martín de Rosario. Viajaron con su mentora, Lorena Acebedo, química y docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Los chicos del equipo argentino, además de obtener distinciones, consiguieron muy buenos puntajes. Las medallas se asignan a partir de las posiciones individuales en la tabla general, de acuerdo a los resultados de los distintos exámenes. Del puesto 1 al 37, oro; del 38 al 101, plata; del 102 al 196, bronce. Nicolás Manno obtuvo oro y el puesto 15 entre los 578 participantes. Y Tobías Aprea obtuvo un bronce con aroma a más. Se ubicó en el puesto 105, a solo cuatro puestos la medalla de plata.

Para los chicos fue pura emoción. Nicolás, el estudiante que viene con el oro al cuello, cuenta que “pensaba que iba a rasguñar el oro en un puesto de los más bajos. Me emocioné mucho cuando quedaban por entregar solamente las medallas de oro pero, a la vez, me dio cierto miedo también” y destaca que la experiencia “fue muy linda. Conocer nueva gente, nuevas culturas, todos en el mismo lugar, reunidos por la misma pasión”.

 

El oro y el barro

El Programa Olimpíadas Argentinas de Química es la plataforma nacional que permite formar y entrenar a los chicos y chicas de escuelas secundarias que participan de las olimpíadas mundiales. Y su objetivo final es contribuir a mejorar las condiciones para la enseñanza de la química en los niveles preuniversitarios de todo el país. El año pasado recibió un fuerte recorte presupuestario, del 23 por ciento, y hasta se generaron dudas sobre su continuidad. Pese a esta realidad, los resultados siguen siendo muy buenos. Así lo manifiesta la profesora de Exactas UBA María Laura Uhrig, quien está al frente del Programa. “Estamos muy felices porque fue un año muy difícil, en el que sufrimos un recorte importante. Por primera vez participamos en una olimpiada internacional con tres integrantes en lugar de cuatro, y aún así los chicos dejaron todo, trabajaron muchísimo”, explica. Y uno de ellos viajó fue por una beca de la organización internacional; si no, hubieran sido solo dos. Pero la falta de fondos también obligó a reducir la cantidad de acompañantes, una pata fundamental en la competencia.

Lorena Acebedo, la mentora que acompañó a los chicos desde Buenos Aires, explica que “se prepararon un montón pero tarde respecto a otros años, por la falta de confirmación de la continuidad del programa”. Acebedo hace referencia a que hasta fines del año pasado el Programa no había recibido comunicación alguna por parte del Ministerio de Educación sobre su continuidad, lo cual impedía lanzar la convocatoria y comprometer el trabajo de las y los estudiantes que podrían participar. “Esto llevó a que confirmemos muy tarde a los chicos que iban a viajar. Una vez que los convocamos, le pusieron todo el esfuerzo por adquirir los conocimientos y habilidades experimentales necesarias. El progreso de los chicos desde que empezamos fue impresionante. Los tres tuvieron buenas notas pero esta vez el corte fue alto, hubo notas muy altas en general”, explica. Por su parte, Uhrig agrega que “la delegación fue reducida, con una mentora en lugar de dos. Por suerte pudimos sumar la colaboración de María Emilia Cano, una química graduada de Exactas que se está formando en Francia”. El trabajo de las mentoras es arduo. Por ejemplo, entre otras cosas, le dedicaron unas 15 horas a la traducción de cada uno de los problemas para que fueran perfectamente comprensibles para los chicos debido a la variación terminológica.

Con los buenos resultados y un camino nada fácil recorrido, Uhrig destaca el gran esfuerzo de las mentoras, el desempeño de los chicos y reflexiona: “En épocas difícil, lo que nos queda es tratar de fortalecernos”.

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