martes, 21 de noviembre de 2017
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Nuestros ancestros cuyanos

Mientras algunos habitantes de lo que hoy es Chile nos visitaban durante el verano, los antiguos pobladores de este lado de los Andes pasaban toda la vida en su lugar de nacimiento. Así lo demuestra un estudio científico que analizó la movilidad, durante los últimos 2.300 años, de las poblaciones que ocupaban ciertas áreas de lo que actualmente es el noroeste de Mendoza.

Por Gabriel Stekolschik

 

(Nexciencia) Los humanos ocuparon la zona de Cuyo hace más de 11.000 años. Desde entonces y hasta hace unos pocos milenios, sostuvieron una vida predominantemente nómade como cazadores y recolectores.

Vista parcial de un cementerio en Barrancas, provincia de Mendoza, Argentina. Foto: Diego Estrella.

 

Algunas evidencias científicas indican que poco más de 2.000 años antes del presente se inició un cambio en la forma de subsistencia de esas poblaciones, que adquirieron características más sedentarias. Sin embargo, los registros arqueológicos disponibles son escasos y dispersos, por lo que existe un debate acerca de cómo y cuándo se produjo ese cambio de vida. Un aspecto particular de esa discusión lo constituye la determinación de cuál fue el grado de movilidad de esos pueblos precolombinos durante los últimos milenios.

Un trabajo científico publicado en 2012 había postulado que las antiguas poblaciones de la actual provincia de Mendoza tenían una “alta movilidad residencial”. Es decir, que efectuaban un alto número de desplazamientos anuales cubriendo largas distancias. Ahora, una original investigación que acaba de publicarse en el American Journal of Physical Anthropology -cuyo primer autor es Ramiro Barberena- refuta esa hipótesis.

Somos lo que comemos (y bebemos)

Nuestros dientes se desarrollan completamente durante los primeros años de vida y es un tejido que nunca más se renueva. Por ello, el esmalte contiene los minerales que ingerimos durante la infancia, sea con la comida o con la bebida. En cambio, los huesos se renuevan permanentemente, por lo que su composición mineral refleja la ingesta de los últimos diez años de vida.

Adornos de bronce y vasijas cerámicas asociadas con lugares de entierro. Foto: Gentilieza Augusto Tessone.

 

Este conocimiento es aprovechado para determinar los lugares que habitó una persona al comienzo y al final de su existencia. Porque el suelo y el agua de un lugar tienen una composición química característica que, en el caso de algunos elementos en particular, se mantiene durante milenios. Es, por ejemplo, el caso del estroncio (Sr).

El estroncio es un elemento que los vertebrados utilizamos para construir nuestros huesos y dientes, y lo incorporamos en la misma proporción que se encuentra en el entorno en el que vivimos. Dependiendo de su origen geológico, cada territorio tiene una relación 87Sr/86Sr (dos isótopos del estroncio) que es característica de ese lugar. Por lo tanto, cuando la relación 87Sr/86Sr de los tejidos de un individuo coincide con la de un sitio específico, puede suponerse que esa persona habitó ese lugar. Si así fuera, los dientes y los huesos permiten discriminar en qué momento de su vida residió allí.

 

Incursiones chilenas

En el marco de un proyecto liderado por el Laboratorio de Paleoecología Humana de la Universidad Nacional de Cuyo, un equipo multidisciplinario de investigadores analizó los dientes y los huesos de nueve individuos de entre 2.300 y 300 años de antigüedad, provenientes de cuatro sitios arqueológicos situados en del noroeste de la provincia de Mendoza. Uno de esos sitios está ubicado en Laguna del Diamante, casi en el límite con Chile, en lo que los investigadores denominan “tierras altas”. Los tres restantes están más alejados de la frontera, en las “tierras bajas”.

Mapa con indicación de los lugares de estudio y recolección de muestras. Gentileza Augusto Tessone.

 

“Contra lo que se presumía, encontramos que las poblaciones de las tierras bajas tenían una movilidad muy reducida”, revela Augusto Tessone, uno de los autores del estudio, que es investigador en el Instituto de Geocronología y Geología Isotópica (CONICET – UBA). “Nuestros resultados contradicen la hipótesis de la alta movilidad residencial de estas poblaciones”, añade, y explica: “El trabajo de 2012 se hizo con isótopos de oxígeno, y nosotros lo hicimos tanto con isótopos de oxígeno como de estroncio. Así comprobamos que en este contexto geológico e hidrológico el estroncio funciona mejor”.

Por otra parte, el estudio de los restos humanos de las tierras altas (que tienen entre 1.300 y 1.500 años de antigüedad) reveló algo distinto: “El estroncio de los individuos recuperados de las altas cumbres nos dio un valor intermedio entre el que hay en el ambiente de esas tierras altas y el que se encontró hace algún tiempo en restos humanos del lado chileno”, señala Tessone. “Esto nos hace suponer que la zona de Laguna del Diamante habría sido ocupada en aquella época por poblaciones del lado Oeste, de lo que hoy es Chile. Y, dado que es una zona que solo permite la circulación humana durante el verano, probablemente se trataba de una movilidad estacional”, hipotetiza. “De todos modos, estamos reflejando pautas generales de conducta de poblaciones. Los eventos ocasionales no podemos detectarlos”, aclara.

Para la realización del estudio, los investigadores también analizaron la relación 87Sr/86Sr en muestras de fauna actual (roedores) de los cuatro sitios arqueológicos argentinos y de tres sitios chilenos: “Eso nos permite confirmar cuál es la relación isotópica que corresponde a cada uno de esos ambientes”, ilustra, y finaliza: “Ahora estamos focalizados en analizar la relación 87Sr/86Sr de más de veinte roedores provenientes de diferentes zonas para tener más datos del área en estudio y tener un mapa más detallado para la realización de estudios de movilidad”.

 

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