martes, 15 de octubre de 2019
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Murió Marvin Minsky: padre de la inteligencia artificial

Marvin Minsky murió a los 88 años tras una vida dedicada a la reflexión sobre el pensamiento y el diseño de máquinas capaces de aprender. Fue el inspirador de 2001 y Jurasik Park.

Creía que en el futuro y creía en las maquinas y  en su capacidad para pensar como los humanos.  Dedicó toda su vida a trabajar en estos dos sentidos: el camino fue la inteligencia artificial, que cambió para siempre el desarrollo de ordenadores y otras tecnologías. Sus grandes pasiones fueron la investigación,  la música y la ciencia ficción.

Nacido en Nueva York un 9 de agosto de 1927, Minsky acuñó el término “Inteligencia Artificial” en 1956. Junto a John McCarthy fundaron el ahora conocido como CSAIL en 1959, en donde se desempeño como co-director hasta 1974. Su obra ayudó en la creación del ordenador personal e internet. Minsky sentó la bases de la inteligencia artificial, esto gracias a demostraciones de las posibilidades de impartir “razonamiento y sentido común” a las máquinas.

Siempre estuvo convencido de que llegará un punto donde las máquinas superarán al hombre y terminarán por destruirlo de la faz de la Tierra, ya que sus teorías siempre plantearon la posibilidad de crear supermáquinas con la capacidad de “tener sentimientos”, aunque afirmó que se trata de un proceso bastante complejo, pero no imposible. Su libro, La sociedad de la mente, se considera un texto de referencia para comprender el funcionamiento del cerebro y la posibilidad de desarrollar máquinas capaces de replicar los mecanismos neuronales. Su última obra, La máquina emocional: el sentido común, la inteligencia artificial y el futuro de la mente humana, se publicó en 2006.

Entre sus innovaciones  se destaca la construcción de la primera red neuronal –un sistema diseñado para emular la red de neuronas del cerebro– que  ela actualidad, con el respaldo de mucha más potencia de procesamiento,  es la base del campo del aprendizajeprofundo, un área avanzada de Inteligencia Artificial en la que están compitiendo empresas como Google y Facebook. Otros logros de Minsky en la década de 1950 incluyeron el diseño de una mano robótica y de un precursor de los auriculares de realidad virtual que están ahora finalmente a punto de comercializarse.

En 1968, Stanley Kubrick lo llamó  para que le asesorara sobre su película “2001, odisea del espacio” en la que el mítico ordenador HAL se rebela contra sus creadores humanos. Minsky, que estuvo a punto de morir aplastado por maquinaria durante el rodaje, siempre fue un acérrimo defensor de la ciencia ficción para explicar las complejidades de la investigación: “Ayuda a dejar más claras las implicaciones de tu trabajo”, explicó.

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Tras servir un año en la Marina durante la II Guerra Mundial, este neoyorquino se doctoró en matemáticas. En 1956 fue uno de los cuatro fundadores del campo de la inteligencia artificial en una mítica conferencia celebrada en el Dartmouth College de New Hampshire. Junto a él estaban John McCarthy, de la Universidad de Stanford y Allen Newell y Herbert Simon, ambos de Carnegie Mellon. Minsky es el único que quedaba vivo.

Tres años después del acto fundacional el matemático creó el Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde desarrolló casi toda su carrera. Los primeros ejemplos de su trabajo en los cincuenta y sesenta fueron un escáner visual para llevarlo en la cabeza, manos robóticas con sensores táctiles, el microscopio confocal, que aún se usa en biología, o las primeras redes neuronales capaces de aprender.

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Uno de los mensajes constantes de Minsky fue que, en esencia, no hay diferencia entre la inteligencia humana y la robótica. Profundizar en el conocimiento del cerebro ayudaría a desarrollar máquinas cada vez más inteligentes que podrían llegar a hacer todo lo que hacen las personas.

Medio siglo después de la conferencia de Dartmouth, a Minsky le sorprendía la poca gente que intentaba entender el pensamiento a un nivel superior. “¿Cómo puede un niño de tres o cuatro años ser tan bueno en el razonamiento basado en el sentido común que aparentemente ninguna máquina puede hacer?”, se preguntaba Minsky en 2006 en una entrevista en Tech Review. La gran diferencia, dijo, es que, cuando los pequeños tienen problemas para entender algo, piensan automáticamente: “¿Qué me pasa?, ¿Por qué estoy perdiendo el tiempo con esto? o ¿Por qué no me funciona esta forma de pensar, habrá alguna mejor?”.

Su trabajo pionero también supuso una transformación revolucionaria en computación, la de convertir las enormes calculadoras que eran los primeros ordenadores en las máquinas versátiles y personales que son ahora.

Minsky recibió  importantes reconocimientos, como el premio Turing en 1970 y el Fronteras del Conocimiento en 2013.

 

 

 

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