jueves, 13 de agosto de 2020
Un día como hoy

Murió Jorge Juan y Santacilia, ingeniero naval y científico español

Publicado el 21.07.20

Midió la longitud del meridiano terrestre demostrando que la Tierra está achatada en los polos. Reformó el modelo naval español.

Hijo de Bernardo Juan y Canicia y de Violante Santacilia y Soler, nació el 5 de enero de 1713, entre las dos y tres de la tarde en la hacienda de su padre llamada El Hondón , en el término actual de Novelda,1 en la zona conocida como «La Monfortina». Con motivo del III centenario de su nacimiento se desarrollaron multitud de argumentaciones en torno a la procedencia de su nacimiento. Lo cierto es que a pesar del nacimiento en su casa natal de El Fondonet, su bautismo se realizó en Monforte del Cid, siendo esta localidad la que figura en el único escrito que se halla acerca de la natalidad del mismo, la carta de ingreso a la Orden de Malta, en donde figura de su puño y letra que «Soy natural de Monforte».

Casa natal de Juan en El Hondón en 2013, III Centenario del nacimiento del científico. Tenía tres años de edad cuando quedó huérfano de padre, estudiando las primeras letras en el colegio de la Compañía de Jesús de Alicante bajo la tutoría de su tío don Antonio Juan, canónigo de la colegiata. Poco después, su otro tío paterno don Cipriano Juan, Caballero de la Orden de Malta, que por entonces era Bailío de Caspe, se encargó de su educación enviándole a Zaragoza para que cursara allí los estudios de Gramática, que en aquel tiempo constituían una enseñanza preparatoria para otros estudios superiores. La ciencia matemática era una de las materias más importantes en la educación de un guardiamarina del siglo XVIII. En 1729, con dieciséis años de edad, regresó a España para solicitar su ingreso en la Real Compañía de Guardias Marinas, escuela naval militar fundada por Patiño en 1717 en Cádiz. En 1729 ingresó en la Academia de Guardias Marinas de Cádiz. Tras seis meses de espera asistiendo como oyente, ingresó en 1730 en la Academia, donde se impartían modernos estudios técnicos y científicos con asignaturas como Geometría, Trigonometría, Observaciones astronómicas, navegación, cálculos de estima, hidrografía, cartografía, etc., completando una formación humanística con otras clases de dibujo, música y danza. Pronto adquirió fama de alumno aventajado, siendo conocido por sus compañeros con el sobrenombre de Euclides. Las avanzadas teorías de Newton eran conocidas y divulgadas en esta academia, de la que habrían de salir técnicos muy cualificados para la Armada. Cádiz era una puerta abierta a la Europa ilustrada, a las corrientes enciclopedistas y al comercio con América, en una España dieciochesca que se resistía al avance de las nuevas ideas. El mismo Voltaire tenía una casa comercial de vinos en Cádiz.

Todo esto debió de influir en la formación del joven Jorge Juan que en 1734, con 21 años de edad, finaliza sus estudios de Guardia Marina, tras haber navegado durante tres años por el Mediterráneo, participando en numerosas expediciones, bien para castigar a los piratas, o en la campaña de Orán, o en la escuadra que acompañó a Nápoles para sentar en el trono al entonces infante don Carlos, que más tarde sería Carlos III de España. Entre otros maestros en el arte de navegar tuvo como general al Marqués de Mari, su capitán en la Academia de Cádiz, y como comandantes al Conde de Clavijo, al célebre don Blas de Lezo y a don Juan José Navarro, después Marqués de la Victoria. Como cadete participó en la expedición contra Orán (1732) y en la campaña de Nápoles (1734). En 1734, todavía estudiando, se embarcó junto con Antonio de Ulloa en la expedición organizada por la Real Academia de Ciencias de París a las órdenes del astrónomo Louis Godin para medir un grado del arco de meridiano terrestre en la línea ecuatorial en América del Sur, específicamente en la Real Audiencia de Quito (el actual Ecuador). Esto se realizó en Quito, su capital, territorio en aquella época bajo el dominio de la corona española. En la expedición se determinó que la forma de la Tierra no es perfectamente esférica y se midió el grado de achatamiento de la Tierra. Jorge Juan permaneció diecinueve años en América estudiando la organización de aquellos territorios por encargo de la corona. A su regreso, Fernando VI lo ascendió a capitán de navío. Consciente de que la armada española comenzaba a estar anticuada, en 1748 el marqués de la Ensenada le encargó viajar a Inglaterra como espía para conocer las nuevas técnicas navales inglesas. Su misión consistía en informar de los avances británicos en construcción naval e importarlos, contratando además a expertos de los astilleros del Támesis que quisieran hacer escuela en España. Adoptó la falsa identidad de Mr. Josues. En menos de una semana logró lo que el inexperto embajador no había conseguido en años. Incluso conoció al almirante George Anson y al primer ministro John Russell, IV duque de Bedford, y compartió mesa con ellos. Este último ordenará poco después a la policía darle caza por espía. Sus informes, por medio de cartas cifradas, convencieron aún más a Ensenada de la necesidad de cambiar de política y centrar el esfuerzo en construir una flota poderosa y moderna. Jorge Juan intuyó como él que tarde o temprano se dirimiría contra la flota inglesa la supremacía de los mares y sin un cambio en la Armada no habría América. Informó sobre la construcción naval, que se demostró más anticuada que la de Antonio Gaztañeta usada en España, y la división moderna del trabajo cualificado, copió pieza a pieza los diseños de barcos y las investigaciones sobre el lacre y las primeras aplicaciones de máquinas de vapor para limpiar puertos entre otros usos preindustriales. También informó de planes concretos de los ingleses para atacar América. El gasto en madera era enorme contra el eficiente sistema inglés y la calidad y resistencia de sus jarcias, velas y otros componentes. Jorge Juan incluso realizó sus propias mejoras al sistema. Pero la policía inglesa empezó a recibir informes y alguno de sus contactos allí fue detenido por el propio ministro Bedford. Antes de escapar aún tuvo que vivir mil peripecias y planificar el viaje de decenas de importantes ingenieros navales y obreros cualificados a España con sus familias para trabajar para la Corona, convenciéndoles de que aquello no pondría en peligro la industria naval británica y en junio de 1750 logró cruzar el Canal de incógnito en un barco, el Santa Ana de Santoña, y llegó a París. A su vuelta comprobó que ya trabajaban en España cuatro de los mejores constructores ingleses, medio centenar de técnicos y decenas de obreros cualificados. Protegido por Ensenada, fue nombrado en 1752 Director de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz. Allí terminará de experimentar todas sus teorías sobre la construcción naval sustentadas matemáticamente. Los resultados incluso impresionaron a los ingleses. Inspeccionaba desde la tala de árboles hasta la modernización de arsenales y astilleros, empezando por Cartagena. Él mismo se hizo cargo de la construcción naval española, renovando los astilleros. Su actividad tuvo tan buenos resultados que pocos años después los ingleses devolvieron la visita para estudiar sus mejoras. Pero las intrigas triunfaron en el verano de 1754 y provocaron la caída y destierro del marqués de la Ensenada, gracias al empeño del sagaz embajador británico en Madrid, Benjamin Keene. Con el tiempo, sus ideas y las de Jorge Juan serían desechadas en favor del tipo de construcción naval francesa de Gautier, mucho más atrasado, pero defendido con denuedo por los nuevos ministros y sobre todo por Julián de Arriaga, secretario de Marina. Entre 1751 y 1754 estuvo en Ferrol donde, con el ingeniero militar Francisco Llobet, planeó y construyó el arsenal y poco después realizó los primeros planos del que sería el barrio de la Magdalena, que quedaría en manos de Llobet.

En 1757 fundó por encargo del rey Carlos III el Real Observatorio de Madrid. También propuso al marqués de la Ensenada la creación de otro observatorio en la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, idea que llevó a cabo más adelante el marqués de Ureña, fundando el Real Observatorio de la Armada, en San Fernando (Cádiz). En 1760 fue nombrado jefe de escuadra de la Armada Real. Su competencia y buen valer hicieron que en 1767 se le nombrara Embajador Extraordinario de Su Majestad en Marruecos y logró firmar un primer tratado de 19 artículos que no ignoraba ninguna de las ambiciones importantes de la Corona. Allí también recabó información secreta y relevante para el Monarca; el Rey le honró con la dirección del Seminario de Nobles de Madrid en 1773. Estuvo muy vinculado (desde los doce años) a la orden de los Caballeros de Malta de la mano de su tío, que ocupaba uno de los más altos cargos de la orden. Jorge Juan acabaría recibiendo el título de Comendador de Aliaga de la orden de los Caballeros de Malta. A tanto laboriosidad sacrificó su salud en términos que la repetición de los cólicos biliosos convulsivos acabó con su vida en Madrid á 21 de junio de 1773. Enterrósele con solemnidad en la Parroquia de S. Martin, donde cubre sus cenizas un honorífico epitafio. Sus restos mortales fueron inhumados en el Panteón de Marinos Ilustres, de San Fernando (Cádiz) el 2 de mayo de 1860.

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