lunes, 23 de octubre de 2017
Medioambiente

Mosquito transgénico: un parche tecnológico para el dengue

A partir de contactos con organismos nacionales y provinciales, la empresa Oxitec busca autorización y financiamiento para liberar su mosquito genéticamente modificado en la Argentina. En qué consiste su tecnología de control biológico y cuáles son los riesgos para la población y el medioambiente según los especialistas.

Por Bruno Massare

 

a1Agencia TSS – A simple vista, el Aedes aegypti OX513A es un mosquito común y corriente. Sin embargo, su genoma fue construido en un laboratorio: es un organismo genéticamente modificado que fue diseñado en la Universidad de Oxford, en Gran Bretaña. Allí, mediante ingeniería genética, se le insertaron dos genes. El principal es el tTAV, que provoca la sobreproducción de una proteína que no le permite sobrevivir sin el antibiótico tetraciclina. El segundo gen es algo más frívolo: el DsRed2 es un marcador fluorescente que facilita la identificación del mosquito transgénico.

El OX513A es la tecnología estrella de Oxitec, una firma de ingeniería genética creada en 2002 por investigadores de la Universidad de Oxford, que en agosto de 2015 fue adquirida por Intrexon Corporation, un grupo empresario estadounidense especializado en biología sintética que cotiza en la Bolsa de Nueva York.

La tecnología patentada por Oxitec es conocida como RIDL (siglas en inglés de liberación de insectos que portan un sistema genético letal) y la hipótesis de la empresa es que los mosquitos macho —que no pican, ya que solo lo hacen las hembras— genéticamente modificados, una vez liberados en el ambiente, compiten con sus pares silvestres por las hembras y, al no dejar descendencia viable por la ausencia del antibiótico tetraciclina —con el que fueron criados como larvas—, contribuyen a erradicar la población de Aedes aegypti.

De esta manera, los insectos modificados en el laboratorio son ofrecidos como una herramienta de control biológico para reducir la población natural de sus pares silvestres y así combatir la transmisión de virus como dengue, zika, chikunguña y fiebre amarilla, entre los cerca de cien patógenos en los que el Aedes aegypti actúa como vector.

La empresa realizó pruebas en las Islas Caimán, en Malasia y, principalmente, en Brasil, donde el año pasado instaló una fábrica de mosquitos en Piracicaba, tras obtener la aprobación del organismo regulador de transgénicos, la CTNBio. Como OX513A no es el nombre más vendedor, Oxitec rebautizó a su mosquito modificado en función de sus mercados. Así pasó a llamarse “Friendly Aedes” (Aedes amistoso, en inglés) y “Aedes do Bem” (Aedes del bien, en portugués).

2006 Prof. Frank Hadley Collins, Dir., Cntr. for Global Health and Infectious Diseases, Univ. of Notre Dame This 2006 photograph depicted a female Aedes aegypti mosquito while she was in the process of acquiring a blood meal from her human host, who in this instance, was actually the biomedical photographer, James Gathany, here at the Centers for Disease Control.  You’ll note the feeding apparatus consisting of a sharp, orange-colored “fascicle”, which while not feeding, is covered in a soft, pliant sheath called the "labellum”, which retracts as the sharp stylets contained within pierce the host's skin surface, as the insect obtains its blood meal. The orange color of the fascicle is due to the red color of the blood as it migrates up the thin, sharp translucent tube. The first reported epidemics of Dengue (DF) and dengue hemorrhagic fever (DHF) occurred in 1779-1780 in Asia, Africa, and North America.  The near simultaneous occurrence of outbreaks on three continents indicates that these viruses and their mosquito vector have had a worldwide distribution in the tropics for more than 200 years. During most of this time, DF was considered a mild, nonfatal disease of visitors to the tropics. Generally, there were long intervals (10-40 years) between major epidemics, mainly because the introduction of a new serotype in a susceptible population occurred only if viruses and their mosquito vector, primarily the Aedes aegypti mosquito, could survive the slow transport between population centers by sailing vessels.Según cálculos de Oxitec, deben liberarse entre 100 y 200 mosquitos macho por habitante para reemplazar a la población silvestre de Aedes aegypti.

El año pasado, Oxitec —que también modifica insectos con aplicaciones en agricultura— comenzó a recorrer pasillos y oficinas en la Argentina para ofrecer su tecnología. Un ejecutivo de la firma desplegó una estrategia de relacionamiento en distintos niveles (ver gráfico), desde el gubernamental hasta organizaciones sin fines de lucro y grupos de investigación especializados en epidemiología. La estrategia incluyó una participación en el Foro de Inversión y Negocios de Argentina, el mini-Davos que armó el Gobierno en septiembre del año pasado, en el que se refirió a una inversión de 30 millones de dólares. Lo que no se precisó en la entrevista es que el modelo de negocios de la empresa requiere que el financiamiento sea aportado por el cliente.

Más allá de los costos —a los que se suma una dependencia del proveedor, ya que deben liberarse mosquitos modificados de manera continua para reemplazar la población silvestre—, la diseminación de insectos transgénicos en el medioambiente es resistida por buena parte de la comunidad académica local, sobre todo por la escasez de estudios epidemiológicos que prueben su efectividad e inocuidad.  A esto se le suma que la tecnología de Oxitec no es infalible: según informa la empresa, hay larvas que sobreviven, durante la liberación de machos se “escapan” algunas hembras y no está claro qué puede suceder  con otros vectores de enfermedades —como el Aedes albopictus— ante una eventual reducción de la población de su colega A. aegyptis, entre otras preguntas que no tienen una respuesta concluyente.

El caso también alumbra una suerte de paradoja: pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) apoya la posibilidad de hacer pruebas con mosquitos genéticamente modificados para combatir el dengue y otros virus, la empresa no podría vender esta tecnología en su continente de origen, ya que en Europa está vedada la liberación de organismos genéticamente modificados.

 

 

Jugar a los dados

“Mi primera barrera es ética: se estarían liberando cien veces más de mosquitos en un ambiente urbano, cuando sabemos que hay gente que es alérgica a los insectos”, le dijo a TSS Nicolás Schweigmann, investigador del Grupo de Estudio de Mosquitos (GEM) del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del CONICET. Schweigmann se apoya en cálculos de Oxitec, que estima que deben liberarse entre 100 y 200 mosquitos por habitante.

Solari-cred-CONICET“La información cambia de un paper a otro y pareciera que jamás se han puesto a pensar en qué pasa si algo sale mal”, dice Solari. Foto: CONICET.

Hernán Solari, docente del Departamento de Física de la FCEyN, investigador del CONICET y especialista en modelos matemáticos de epidemias, fue contactado por Oxitec el año pasado. “Me explicaron que su estrategia era la de establecer colaboraciones con los científicos. Después me enteré que venían de Salta, donde habían estado reunidos con el Ministerio de Salud y habían intentado venderles una planta. La propuesta de ellos suele ser esa: buscan que los financien”.

En febrero de este año, Oxitec estuvo nuevamente en Salta, donde se reunió con el ministro de Salud, Roque Mascarello, y con la directora general de Coordinación de Epidemiología, Georgina Rangeón, entre otros funcionarios, a través de la Fundación Mundo Sano. En esa reunión, el Gobierno salteño solicitó una propuesta técnica y económica para la protección de la zona norte de la provincia y se analizó la posibilidad de realizar pruebas en el departamento de Anta.

TSS se comunicó con Rangeón, quien advirtió que la implementación “es una decisión del señor ministro”. Y agregó: “Yo no puedo decir si se va a implementar porque no depende de mí. Sugiero tomar esta tecnología con cautela, porque al fin y al cabo actúa como un larvicida biológico, algo que ya tenemos. Estos mosquitos modificados tienen una vida media de cuatro días y eso, en definitiva, va a requerir de un volumen importante de liberación de machos. Lo puedo hacer como prueba piloto para sacar resultados, pero extrapolarlo al ingreso de una nueva tecnología significaría una inversión muy fuerte para la provincia en insumos, personal y equipamiento”. Según datos de la firma, la instalación de una planta piloto de Oxitec cuesta alrededor de 500.000 dólares.

Solari considera que el principal problema de la tecnología de Oxitec es la falta de información y de estudios en profundidad. “Es la tecnología de una empresa que juntó dinero para desarrollar algo, ahora cotiza en bolsa y tiene que pagarle a los inversores. Uno no sabe qué hay detrás, solo se sabe lo que ellos quieren contar. La información cambia de un paper a otro y pareciera que jamás se han puesto a pensar en qué pasa si algo sale mal”.

“Cuando te dicen que la técnica es 96% efectiva y se la propone como algo inocuo, yo digo que no están pensando como insectos, que tienen estrategias de supervivencia distintas que los vertebrados”, apunta Schweigmann.

Solari también critica el supuesto sobre la eficiencia de una tecnología de laboratorio trasladada a  un medio local. “No se tiene en cuenta que el mosquito que hay en la Argentina es genéticamente distinto al que ellos utilizan en sus experimentos, que son cepas ultradomesticadas, crías de laboratorio. No es el mismo mosquito ni el mismo comportamiento, porque está sometido a otras condiciones de selección y de vida. Entonces, hay muchas cosas que se ignoran porque las preguntas que no se hacen son las que a ellos no les convienen”, dice.

Schweigmann-cred-FCEYN“El dengue no se resuelve con negocios, sino con educación ambiental”, dice Schweigmann. Foto: FCEyN-UBA.

Se estima que entre un 3% y un 5% de la progenie obtenida de la cruza de una hembra silvestre y un mosquito OX513A sobrevive al estadio de larva. Ese porcentaje podría  ser mayor en caso de que encuentren tetraciclina en el ambiente, lo que significaría miles de mosquitos resistentes a la modificación que, en vez de morir, se desarrollarían en el medioambiente. “Uno no sabe qué va a pasar con las siguientes generaciones de esos mosquitos, cómo van a lograr una adaptación. Y no sabemos qué clase de híbridos vamos a sumar al ambiente. Tampoco sabemos qué podría pasar con el Aedes albopictus, que transmite más de 22 enfermedades y, si bien pertenece a regiones tropicales y subtropicales, puede adaptarse a climas más fríos. Uno podría bajar la densidad del Aedes aegyptis y dar lugar a que el A. lbopictus ocupe su espacio. Todo esto es como jugar a los dados”, agrega Solari.

El mosquito del progreso

La Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria de la Nación (CONABIA) es el organismo de competencia a nivel nacional que regula la liberación de organismos transgénicos en el medioambiente y recibió la visita de Oxitec. “Se acercaron el año pasado para preguntar sobre la normativa y cómo pedir el permiso”, le dijo a TSS Martín Lema, titular de la CONABIA. “Tuvimos una charla informal y ahora tendrán que presentar el formulario para que se apruebe, porque todavía no sabemos qué quieren hacer ni dónde planean realizar una liberación de mosquitos. Sabemos que la empresa está recorriendo despachos. Estamos hablando de algo muy nuevo, sería un caso pionero. No es un ensayo con algún organismo vegetal, que hace muchos años que hacemos, o con vacas transgénicas, con las que ya tenemos varios años de experiencia”, agregó.

TSS se comunicó con Fradique González Villalobos, Business Development Manager para el Cono Sur de Oxitec, quien desde Brasil destacó los resultados obtenidos en ese país y el posible comienzo de pruebas en Miami (Estados Unidos). “Queremos replicar el éxito brasileño; no somos más una tecnología experimental”, dijo y advirtió que el cálculo de 30 millones de dólares al que hizo referencia en el Foro de Inversiones fue una estimación a nivel país y hasta regional. Y recordó que la planta de Paracicaba costó 4,5 millones de reales (unos 2 millones de dólares).

González Villalobos también detalló parte de su recorrida por la Argentina: “Hablé con Jorge San Juan (director de Epidemiología), del Ministerio de Salud, y con varias personas del CONICET. Hay interés en evaluar distintas tecnologías y yo dejé información sobre la nuestra. Me reuní con el ministro de Salta, que se mostró muy interesado. Ya no creen en los métodos tradicionales de insecticidas, que son muy agresivos para la ecología, mientras que nuestro sistema es ecológico. También he hablado con funcionarios del Ministerio de Planificación de Corrientes. Ellos saben que instalar una fábrica puede tener un impacto científico significativo, es llegar a la vanguardia de la biotecnología”.

Manuel-Espinosa“Faltan estudios de impacto ecológico sobre la tecnología de Oxitec y tengo mis reservas con respecto a los organismos transgénicos. Los países del Tercer Mundo a veces son laboratorios de ensayo”, dice Espinosa. Foto: Fundación Mundo Sano.

Los investigadores Luisa Reis-Castro y Kim Hendrickz analizaron el desembarco de Oxitec en Brasil en su trabajo “Promesas aladas: explorando el discurso sobre mosquitos transgénicos en Brasil”, en el que ponen de manifiesto cómo el uso de mosquitos transgénicos y la instalación de una fábrica en ese país fue asociada discursivamente a la idea de un progreso científico nacional.

Los autores también hacen referencia a la doble definición del mosquito modificado genéticamente, al que, por un lado, se considera un insecto “normal, común y que no genera problemas” y, por otro, una innovación sin precedentes que viene a solucionar un problema de salud pública. Esta ambigüedad, dicen los autores, “tiene el efecto discursivo de hacer visibles solo algunos aspectos, mientras que otros quedan excluidos, ocultos  o silenciados”. Esos discursos no son espontáneos: son construidos por actores e instituciones (empresas, agencias de relaciones públicas, organismos estatales y científicos, entre otros).

Frente a la desconfianza de los especialistas con respecto a los riesgos de la tecnología que ofrece Oxitec, el responsable  para Cono Sur de la empresa dijo que “no hay peligro con las hembras que se pueden liberar porque para metabolizar el dengue necesitan de dos a tres semanas, y se mueren antes. De hecho, uno de los aspectos que nos enorgullece es que no dejamos nada en el ambiente. Y con respecto al A. albopictus, según estudios en Panamá, cuando hay erradicación de Aedes aegypti se registra un pequeño avance poblacional pero no parecen querer ingresar en el área urbana”.

González Villalobos admitió que, “si bien está la evidencia empírica en Piracicaba de que el número de casos de dengue se redujo, eso no es un estudio epidemiológico, que es algo más complejo. No lo hicimos porque no es nuestro core business, pero si una universidad quiere utilizar nuestros datos para hacer un estudio epidemiológico será bienvenida”.

Laboratorio de ensayo

En coincidencia con la reunión entre Oxitec y el Ministerio de Salud de la Nación, la Academia Nacional de Medicina comenzó a trabajar en un protocolo de evaluación de esta tecnología, así como también de otras técnicas de control de vectores, como los experimentos con mosquitos irradiados –con el objetivo de esterilizarlos– e infectados con Wolbachia, una bacteria que dificulta la incubación del virus, entre otras.

“La idea es empezar a trabajar con las áreas académicas de grupos que vienen desarrollando distintas investigaciones con mosquitos”, le dijo a TSS Roberto Chuit, jefe del Área de Estadística, Sistemas e Informática del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina. “Son técnicas no tradicionales de control y hay que tomar todas las precauciones biológicas y de impacto en el medioambiente. No se pueden trasladar metodologías sin hacer evaluaciones previas porque las condiciones ecológicas son muy diferentes, inclusive dentro de la Argentina”, aseguró el especialista.

graaficoFuente: Elaboración propia en base a entrevistas realizadas.

El biólogo Manuel Espinosa es el coordinador de monitoreo de Aedes aegypti en las localidades de Clorinda, Tartagal e Iguazú en la Fundación Mundo Sano, y participó de una de las reuniones de Oxitec con funcionarios salteños. “Está todo supeditado a la decisión política del Ministerio de Salud, a que acepte hacer algunos ensayos y la idea es que nosotros participemos para evaluar el impacto”, le dijo Espinosa a TSS.

¿Deberían probarse este tipo de tecnologías sin una consulta previa a la población? Espinosa admite que “faltan estudios de impacto ecológico sobre la tecnología de Oxitec y tengo mis reservas con respecto a los organismos transgénicos. Los países del Tercer Mundo a veces son laboratorios de ensayo”.

El especialista de Mundo Sano aclara que “el problema del Aedes aegypti tiene soluciones muy básicas y no hace falta apelar a cuestiones complejas. El tema es que siempre hay iniciativas nuevas y parece que lo nuevo es mejor”.

Con él coincide Solari: “Tecnologías como la de Oxitec son parches tecnológicos, porque atacan cuestiones que se pueden resolver de otra manera. Por ejemplo, que el acceso al agua potable es fundamental para no tener poblaciones de mosquitos en la casa o que hay que educar a la población. Esas cosas se postergan y se priorizan cuestiones tecnológicas, que al parecer nos van a solucionar la vida y que son de la misma familia que las promesas de los insecticidas. No se hace lo que hay que hacer, desmovilizamos a la gente y esto tiene un efecto negativo”.

El dengue es fundamentalmente un problema urbano y de allí la importancia de eliminar los criaderos de mosquitos, que generalmente están muy cerca e incluso dentro de los hogares, ya que en condiciones naturales el Aedes aegypti no vuela mucho más de 40 a 50 metros. “También en las obras en construcción, en floreros de cementerios y autos abandonados, donde es común que haya agua estancada. El dengue no se resuelve con negocios, sino con educación ambiental”, dice Schweigmann.

Esta perspectiva coincide con la de Reis-Castro y Hendrickz, cuando en su trabajo señalan que el enfoque de Oxitec con sus mosquitos transgénicos “sigue una lógica muy arraigada en poner el foco en el mosquito (en reducir o eliminar la población de Aedes, lo que se conoce como control de vector) antes que en analizar y mejorar las condiciones sociales”.

Se busca “eliminar un problema de origen social sin requerir un cambio en la actitud social del individuo”, sostienen los investigadores, una idea que en los últimos tiempos fue aggiornada bajo el concepto de “solucionismo”. Así, ni el Gobierno ni la población reflexionan sobre el origen del problema y las alternativas para solucionarlo, una tarea que se despersonaliza y se delega en una tecnología construida en un laboratorio.

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