martes, 25 de junio de 2019
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Más vale malo conocido

Jugar en equipo rinde: permite aprender más rápido y alcanzar una destreza individual que difícilmente se lograría jugando solo. Además, elegir repetidas veces a un mismo compañero, aunque sea “malo” para el juego, beneficia a todos los integrantes del grupo. Son resultados de un trabajo científico que abre la posibilidad de pensar nuevas estrategias de enseñanza-aprendizaje.

Por Gabriel Stekolschik

 

(Nexciencia) Aprender a manejar un dispositivo electrónico, o a desenvolverse en una actividad laboral, o a jugar a la pelota requieren de entrenamiento. La práctica es la que nos permite adquirir una destreza y alcanzar un mejor desempeño en la realización de una tarea. El aprendizaje es, fundamentalmente, una experiencia individual. Pero, como seres sociales, los humanos también desarrollamos habilidades a través de la interacción con nuestros pares.

“Hoy en día, la mayoría de las tareas requieren de la cooperación con otros individuos. Sin embargo, la adquisición de habilidades en equipo está muy poco estudiada”, señala Esteban Mocskos, profesor del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador del CONICET en el Centro de Simulación Computacional para Aplicaciones Tecnológicas. “Por eso nos propusimos indagar cómo afecta al desempeño individual el hecho de jugar en equipo”.

El juego es un ámbito propicio para estudiar cómo adquirimos habilidades. Foto: Jorge Royan.

 

 

El juego es un ámbito propicio para estudiar cómo adquirimos habilidades. De hecho, el ajedrez es muy utilizado por los científicos para analizar de qué manera mejoramos nuestra destreza, porque permite medir la habilidad a partir de un sistema de puntuación, denominado ELO, con el que se establece un ranking.

Pero el ajedrez es un juego individual y, por lo tanto, no servía a los fines de la investigación que se proponían efectuar los investigadores de Exactas UBA. Había que encontrar un juego que se practicara tanto individualmente como en equipo y, además, debía jugarse online, de modo de poder contar con una base de datos con una cantidad de partidas suficiente como para efectuar el análisis.

Finalmente, encontraron lo que buscaban: un portal de Internet denominado Conquer Club, en el cual se juega al RISK (la versión estadounidense del TEG) de manera gratuita. “Este sitio nos proporcionó una base de datos con unas cuatro millones y medio de partidas, y además tiene la ventaja de que juegan personas, y no robots como sucede en muchos otros juegos on-line”, acota Mocskos.

Todavía quedaba un problema a resolver: contar con un sistema de puntuación (un ELO) que determinara la habilidad de cada persona considerando tanto los resultados de sus partidas individuales como aquellas en las que hubiera jugado en equipo. “Utilizamos un programa que da una puntuación individual tomando en cuenta el historial de todas las partidas, y si jugaste solo o en equipo, y con quién jugaste de compañero y a quiénes enfrentaste”.

 

La lealtad paga

Si una persona juega muchas veces al RISK, mejora. Es decir, ocurre algo esperable: la práctica termina rindiendo sus frutos. ¿Pero qué sucede si se compara a las personas que juegan solas con las que alternan el juego individual con el juego en equipo?

“A igual cantidad de partidas, los individuos que juegan algunas veces en equipo mejoran más rápido e, incluso, pueden alcanzar una habilidad superior a la que logran quienes únicamente eligen jugar solos”, revela Mocskos.

A partir de este resultado, los investigadores se preguntaron si, a la hora de elegir un compañero, es más beneficioso jugar siempre con la misma persona o es mejor ir variando de compañero.

El análisis de los millones de datos disponibles resultó en un hallazgo que sorprendió a los propios científicos: “Si cuando jugás en equipo elegís siempre al mismo compañero, es decir, sos leal, ambos mejoran mucho más rápidamente, aun cuando uno de los integrantes sea muy bueno y el otro muy malo para el juego”, informa Mocskos.

Según el investigador, los resultados muestran que mantener al mismo compañero es una mejor decisión que jugar en equipo cambiando continuamente de acompañante. El trabajo de investigación, que también firman Gustavo Landfried y Diego Fernández Slezak, fue publicado en PLOS ONE y, según Mocskos, abre la posibilidad de pensar nuevas estrategias de enseñanza-aprendizaje en cuanto a la importancia de mantener la conformación de un grupo, no solo en el campo educativo, sino también en el ambiente laboral y en el mundo del deporte.

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