domingo, 22 de septiembre de 2019
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Las pobrezas del Chagas

Por primera vez, un estudio científico consiguió medir rigurosamente la relación que existe entre la posición socio-económica de un hogar y la enfermedad de Chagas. Enfocado en el concepto de vulnerabilidad social, el trabajo muestra las desigualdades en el riesgo de transmisión y aporta una herramienta relevante para asignar eficientemente los recursos.

Por Gabriel Stekolschik

 

(Nexciencia) Se dice habitualmente que el Chagas es una enfermedad de la pobreza. Esta generalización, como cualquier otra, no da cuenta de las particularidades -engloba un problema- y conduce, por ejemplo, a que las acciones de control de la transmisión del parásito se efectúen de manera indiscriminada.

Curiosamente, según parece, esta afirmación general no estaba, hasta ahora, sustentada científicamente: “Yo sé que puede sorprender, pero hemos hecho una revisión exhaustiva y no hemos encontrado estudios que establezcan rigurosamente una relación entre pobreza y enfermedad de Chagas”, revela Ricardo Gürtler, investigador del CONICET y director del Laboratorio de Eco-epidemiología (LE) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

El estudio explora los denominados “determinantes sociales de salud”, un conjunto de factores sociales, económicos y culturales que condicionan tanto la distribución de la enfermedad como las maneras con las que ésta puede ser controlada. Foto: Gentileza Ricardo Gürtler.

 

 

Ahora, un estudio científico publicado en la revista Parasites & Vectors, firmado por María del Pilar Fernández, María Sol Gaspe y el propio Gürtler, trasciende lo estrictamente biomédico para explorar los denominados “determinantes sociales de salud”, un conjunto de factores sociales, económicos y culturales que condicionan tanto la distribución de la enfermedad como las maneras con las que ésta puede ser controlada.

Mediante un análisis retrospectivo, que abarca más de una década de trabajo científico en un municipio del Chaco, los autores construyen un índice de vulnerabilidad social que toma en cuenta las múltiples dimensiones de la pobreza, exponen sus desigualdades, y señalan a las inequidades existentes dentro de ese mundo carenciado como determinantes del riesgo de transmisión del Trypanosoma cruzi, el parásito causante de la enfermedad de Chagas.

 

Un largo camino

Desde 2007, el equipo de investigadoras e investigadores del LE monitorea regularmente Pampa del Indio, un municipio situado en las puertas de El Impenetrable chaqueño. En aquel tiempo, más del 30% de las viviendas de los pobladores del lugar estaba infestado con vinchucas, insectos que transportan al parásito que provoca el Chagas.

Las numerosas investigaciones efectuadas desde entonces por el grupo que conduce Gürtler posibilitaron dirigir eficientemente las fumigaciones y los controles que, hace relativamente muy poco tiempo, lograron eliminar a las vinchucas de los hogares de Pampa del Indio.

A lo largo de todo este proceso, las científicas y los científicos visitaron repetidas veces los más de 400 ranchos y casas del lugar para detectar la presencia del insecto, y para tomar muestras y analizarlas para determinar si el Trypanosoma cruzi estaba infectando. Al mismo tiempo, encuestaban a sus habitantes para obtener información sobre aspectos socio-económicos y hábitos culturales de la familia.

Fue así como en el laboratorio terminaron reuniendo una gran cantidad de datos muy valiosos que les permitió construir una “trayectoria de los hogares” a lo largo del tiempo.

 

Medir las pobrezas

En un trabajo previo, efectuado en 2014, el LE había analizado el riesgo de transmisión de la enfermedad en trece comunidades rurales de Pampa del Indio habitadas por criollos y Qom. En ese momento, habían estudiado 327 viviendas y habían descubierto una gran heterogeneidad en el riesgo de infección.

“Si bien encontramos que, en términos generales, los Qom están más expuestos a la infección, también observamos que las comunidades criollas más pobres tienen tanto riesgo de infectarse como las comunidades Qom”, declaraba en aquel entonces Ricardo Gürtler. Era un indicio de que la pobreza influye en el riesgo de infectarse.

Pero aquel estudio no permitía precisar cuáles eran los factores que hacían más vulnerables a unos que a otros. “El problema es cómo medir la pobreza. Porque no es simplemente una cuestión de ingresos. Particularmente en zonas como éstas, donde hay poco empleo formal y hay muchas fuentes de ingresos informales”, explica Gürtler, y subraya: “Nosotros entendemos la pobreza como un proceso dinámico y multidimensional, lo cual requiere introducir el concepto de vulnerabilidad social, que toma en cuenta la indefensión, la inseguridad y la exposición a riesgos y estrés de una familia”.

Para el análisis que acaba de publicarse, que incluye más de 400 hogares –de los cuales, un 90% es habitado por los Qom y un 10% por los criollos-, se incluyeron múltiples factores. Entre ellos, características de la vivienda, nivel educativo, distancia a un centro de salud, si dispone de algún tipo de vehículo, si realiza agricultura, si tiene animales domésticos o para producción, si percibe algún ingreso en dinero, los patrones de movilidad (si se establecieron o si cambian de lugar regularmente), etc.

“El concepto de vulnerabilidad social dice de los recursos que tiene el individuo para salir a reconquistar su salud. No solamente si tiene plata, sino si tiene la energía y la capacidad para poder lograr atención o acudir al lugar que necesita acudir”, puntualiza Gürtler.

 

 

 

 

Los pobres más pobres

El trabajo científico consigue cuantificar la posición socio-económica de los hogares sintetizando las múltiples dimensiones de la pobreza en un índice de vulnerabilidad social. Luego, analiza los efectos que tiene la vulnerabilidad social, la presencia de vinchucas y la posibilidad de acceso a los servicios de salud sobre el riesgo de transmisión de la enfermedad y, también, sobre su distribución espacial.

“Los resultados muestran que los hogares Qom tienen mayor vulnerabilidad social que los criollos, como así también que quienes migran son más vulnerables, si se los compara con quienes son sedentarios”, informa Gürtler. “Descubrimos que hay una agregación de la vulnerabilidad social, es decir, que los hogares más vulnerables están agrupados en el espacio, y eso lleva a que haya una tendencia a la concentración espacial de las casas que tienen más vinchucas”.

Según el investigador, este hallazgo reviste singular importancia porque revela que “hay hot spots o zonas calientes donde habría que priorizar las intervenciones. Porque es ahí donde ocurren las cosas, no ocurren en todos lados por igual. Esto es muy importante, porque desde el punto de vista sanitario es mucho más redituable actuar en esas zonas que dispersar los escasos recursos disponibles en donde no se necesitan”.

 

 

 

La pobreza es modificable

En Pampa del Indio ya no hay vinchucas. Pero sigue existiendo un alto grado de vulnerabilidad social. Esto significa que sus habitantes no tienen recursos suficientes para generar un ambiente saludable o, dicho de otro modo, tienen mayor probabilidad de estar sometidos a otras enfermedades asociadas a la pobreza, como la tuberculosis o las diarreas.

“Se tiende a pensar que esto fue siempre así y será siempre así. Pero la pobreza es una cosa modificable. A lo largo de todos estos años que fuimos para allá ha habido avances en muchos sentidos. Todavía no son insuficientes, hay una gran deuda, queda un largo camino por delante”.

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