lunes, 23 de octubre de 2017
Editoriales

La columna de Paenza: La prueba que no se puede tomar

Por Adrián Paenza

Pensemos juntos esta situación.
Un profesor de colegio secundario (pobres… ellos reciben todos los “palos”…) les anuncia a los estudiantes que tomaría una prueba “sorpresa” la semana siguiente.
Los alumnos cursaban un ciclo de doble escolaridad. Es decir, concurrían a clase a la mañana y a la tarde.
El profesor les dice que la prueba la va a tomar algún día de la semana siguiente, exactamente a la una de la tarde. Eso sí. Para darles tiempo a que se prepararan por algunas horas, ellos se enterarían el mismo día de la prueba, a las 8 de la mañana. No antes. Y las reglas serían estrictas, en el sentido de que él garantizaba su cumplimiento. La prueba, se tomaría sí o sí, la siguiente semana. Ese anuncio lo hizo el viernes previo a la semana en cuestión.
Veamos ahora el razonamiento que hicieron los alumnos.
Uno dijo, “el viernes no la puede tomar”.
“¿Por qué?”, preguntó otro.
“¡Fácil!”, retomó el primero en hablar. “Si llegamos hasta el día jueves y no la tomó, eso quiere decir que nosotros sabríamos el mismo jueves que la prueba será el día siguiente, ya que no le queda otra. Pero en ese caso, él mismo violaría su propia regla, ya que dijo que nosotros nos enteraríamos el mismo día de la prueba a las 8 de la mañana. Si no la tomó hasta el jueves, nosotros sabríamos que será el viernes, el mismo jueves a la mañana. Y eso no puede pasar”, terminó contundente.
“No, pero esperá”, saltó otro. “Entonces, el jueves tampoco la puede tomar”, dijo entusiasmado y entusiasmando a los otros.
“Fíjense por qué. Como nosotros ya sabemos que el viernes no la puede tomar (si no la tomó el jueves), entonces, si no la toma el miércoles, nosotros sabríamos ese día (el miércoles) que el jueves tiene que tomar la prueba. Pero eso volvería a violar sus propias reglas. Es decir, nosotros sabríamos el miércoles a la mañana, que si la prueba no la tomó el miércoles, la tendría que tomar el jueves porque el viernes no puede. Y es un lío para él, porque se dan cuenta que así siguiendo, podemos demostrar ahora que el miércoles no la puede tomar tampoco. Ya que si el martes no la tomó, como no puede hacernos rendir ni el jueves ni el viernes, tendría que ser el miércoles.”
El proceso puede continuar hacia atrás, de manera tal de llegar a concluir que la prueba no se puede tomar nunca. O mejor dicho, ¡no se puede tomar ningún día de esa semana! Al menos, no se puede tomar en las condiciones que proponía el docente.
La historia termina acá. La paradoja continúa abierta. Existe mucha discusión sobre ella. Hay estudios en varios sentidos y no hay un consenso mayoritario sobre cuál es en realidad el problema principal.
Ciertamente, los profesores toman pruebas “sorpresa”. De manera que hay algo que no funciona. Esas reglas que puso el docente son incumplibles. O bien el docente tiene que revisarlas y admitir que los alumnos puedan enterarse de que la prueba va a ser tomada el día previo, o bien, el carácter sorpresivo será un poco más discutible.
Existe una continuación posible de esta historia, que me comentó Ariel Arbiser: una vez que los alumnos concluyen que no se tomará nunca, entonces se alegran de tal modo que nadie estudia nada. Y un día cualquiera de la semana siguiente, no importa cuál, el profesor les dice a las 8 de la mañana: “Hoy es el examen”. Luego, fue una sorpresa como él dijo. Y si bien esto parece confundir más, todo sigue siendo una paradoja.
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