miércoles, 20 de febrero de 2019
Medioambiente

La importancia de los humedales en los ecosistemas de la llanura pampeana

Adonis Giorgi, investigador del CONICET, da cuenta de la preocupación de los especialistas por el manejo de los cuerpos de agua.

Según la Convención Ramsar, convención internacional para la protección de humedales, se define humedal a todo cuerpo de agua con menos de 6 metros de profundidad y puede tratarse tanto de sitios continentales como de costas marinas. Hace referencia tanto a ecosistemas propiamente acuáticos como ríos, lagos, arroyos o áreas marinas de poca profundidad, pero también a pantanos, turberas y llanuras de inundación (que no son exactamente ni ecosistemas acuáticos ni terrestres).

“La amplitud de esta definición puede acarrear problemas a la hora del manejo de estos cuerpos de agua dado que se confunde bajo un mismo término situaciones ecológicas muy diferentes. Pero lo cierto también es que los diferentes ecosistemas trabajan en forma conjunta y lo que ocurra en uno puede tener repercusiones sobre los otros”, explica Adonis Giorgi, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Ecología y Desarrollo Sustentable (INEDES, CONICET – UNLU), es especialista en el manejo de ecosistemas acuáticos. En noviembre de 2017 participó junto a otros colegas del IX Congreso de Ecología y Manejo de Ecosistemas Acuáticos Pampeanos (EMEAP), que en sus conclusiones finales manifestó preocupación por el creciente deterioro y destrucción de los humedales en la llanura pampeana.

Arroyo La Choza (Luján, Provincia de Buenos Aires). Foto: gentileza investigador.

 

Posteriormente, en el Congreso Argentino de Limnología realizado en septiembre de 2018 los participantes hicieron una puesta al día del estado de conocimiento sobre los distintos humedales de Argentina. En ese encuentro, se presentó el grado de avance del inventario de humedales realizados por la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación junto con especialistas del CONICET y de la Universidad Nacional de San Martín.

El 2 febrero de 1971 representantes de 18 naciones reunidos en una conferencia realizada en el balneario de Ramsar, Irán, firmaron la “Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas”, que desde entonces se conocería como Convención Ramsar. Para el año 2010, la lista de Estados que había suscripto el acuerdo llegaba a 160, mientras el número de humedales a proteger (denominados sitios Ramsar) ascendía a 1900.

Importancia de los humedales

En cuanto a la importancia de los humedales, Giorgi, explica que: “son ecosistemas que cumplen varias funciones y brindan varios servicios ecosistémicos. Entre ellos, la regulación de inundaciones, crecidas y sequías; el aporte de oxígeno a la atmósfera, la captación de dióxido de carbono, el mantenimiento de áreas de nidificación, refugio y de traslado de fauna y flora silvestre, el mantenimiento de biodiversidad, la generación de procesos como la autodepuración de aguas, la caza, la pesca y el interés como áreas turísticas y recreativas”.

Y agrega: “la característica diferencial que tienen los humedales son los seres vivos que lo habitan. Ellos hacen que estos servicios sean posibles”. Esto significa que no sería lo mismo para regular las inundaciones un cuadrado de cemento que un humedal, aunque tuvieran el mismo volumen porque parte del agua es atrapada por los sedimentos, las plantas, etc”.

Cabe destacar que cuando uno habla de conservación de humedales no se refiere a que haya que tener un 25 % del país “intangible” sino que,  algunos de ellos deberán serlo por su importancia para conservar fuentes de agua o biodiversidad, pero otros deberían ser manejados como áreas de culltivo (ej. arroz) o zonas de pesca o cría de animales. Es decir, manejarlos conservando sus características de humedales sin transformarlos en ecosistemas diferentes.

Estado de los humedales en Argentina

La situación en nuestro país, particularmente en la llanura pampeana, es de deterioro y de pérdida de biodiversidad, en gran parte debido al mal manejo de los sistemas terrestres para la explotación agrícola y ganadera. Esta circunstancia no sólo perjudica a los peces y otros organismos que viven en el agua, sino también a aves y mamíferos (como coipos y carpinchos) directamente asociados a los ambientes húmedos y ecosistema acuáticos. Además, hay que tener en cuenta que las zonas húmedas prestan importantes servicios ecosistémicos dado que al tener amplia vegetación aportan oxígeno a la atmosfera y capturan dióxido de carbono lo que permite reducir el calentamiento global.

Según el especialista, entre las causas de dicho deterioro hay una tendencia a querer aprovechar una mayor cantidad de hectáreas para cultivo. Las zonas naturalmente inundables que antes no se usaban ahora se drenan para poder explotarlas. “El problema es que el agua que tratamos de alejar termina volviendo de una u otra forma. Las pasturas son claves para absorber los excedentes de agua, si las suprimimos para reemplazarlas por cultivos (que sólo consumen agua durante el período que va de la siembra a la cosecha) posiblemente no podamos evitar las inundaciones. En algunos lugares, por ejemplo, las áreas cultivadas se prolongan hasta la orilla misma de los ríos o lagunas, lo que hace que cuando llueve no haya zona de transición y absorción para el agua que cae. Esto conlleva también a que todo el suelo fértil que se erosiona como consecuencia de las precipitaciones vaya a parar directamente a los ríos y finalmente al mar”, explica Giorgi.

En relación, a la tensión que se genera por la necesidad de proteger los humedales y ambientes acuáticos con la de aumentar la producción agrícola menciona que “nadie plantea que no haya que cultivar nada ni hacer un aprovechamiento económico de los suelos, pero si pretendemos no dejar ni un rincón sin explotar posiblemente terminemos perjudicando nuestros propios objetivos económicos. Si para aumentar la productividad de un año luego tenemos cinco de inundaciones consecutivas por ahí no resulta tan deseable hacerlo. Lamentablemente no se puede tener un suelo 100 por ciento productivo. La cuestión es cómo continuar mejorando los procesos productivos sin dañar el equilibrio a nivel ecosistémico”, reflexiona Giorgi.

Otro de los problemas que surgen en los humedales es cuando las precipitaciones son escasas. Cuando las lluvias no son lo suficientemente abundantes como para abastecer determinados cultivos se suele recurrir al riego, lo cual es un avance tecnológico. Según Giorgi: “el tema es que no se puede regar en cualquier lado. Hay zonas en la que la irradiación es tan fuerte que el agua se va a evaporar antes que pueda ser absorbida y quedar depositada en el suelo en forma de sales. Aumentar el tenor salino de los suelos restringe las posibilidades de cultivo por lo que regar en zonas de alta irradiación puede traer más inconvenientes que soluciones.

Para finalizar, el investigador hace referencia a otros problemas que existen en la llanura pampeana respecto al manejo de humedales.  “En general, el mal uso de los agroquímicos suele traer diversos problemas. Si se arroja sobre los cultivos excesivas cantidades de fertilizante, estos no pueden llegar absorber todos los nutrientes, los cuales terminan yendo a parar a los cuerpos de agua. Esto produce un aumento excesivo de algas acuáticas, algunas de las cuales producen toxicidad y afectan la conservación de la biodiversidad. Algo similar ocurre con los pesticidas, si se fumiga cerca de los cursos de agua esto pueden llevar a la desaparición de muchos los organismos que viven en ellos, lo cual deja sin alimentos a los peces y a la larga perjudica también la actividad pesquera. Otro gran problema es urbanizar las zonas de humedales de un modo inadecuado ya que se reduce la superficie de absorción de los suelos y en muchos casos se modifica el escurrimiento lo que también puede impactar incrementando el efecto de las inundaciones”, explica Giorgi.

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