lunes, 30 de marzo de 2020
Editoriales

Historia de los cinco minutos y los cinco años

Por Adrián Paenza

BUENOS AIRES 2003 METALURGICA DE ALUMINIO (IMPA).COOPERATIVA MANEJADA POR LOS OBREROS.    FOTO;ADRIAN PEREZ

Un señor estaba trabajando en su fábrica cuando, súbitamente, una de las máquinas vitales para su línea de producción se detuvo. El señor, acostumbrado a que esto sucediera algunas veces, intentó ver si podía resolver el problema. Probó con la electricidad, probó revisando el aceite que utilizaba la máquina, probó tratando de hacer arrancar el motor en forma manual. Nada. La máquina seguía sin funcionar.

El dueño empezó a transpirar. Necesitaba que la máquina funcionara. La línea de producción completa estaba detenida porque esa pieza del rompecabezas estaba rota.

Cuando ya se habían consumido varias horas y el resto de la fábrica estaba pendiente de lo que pasaba con la máquina, el dueño se decidió a llamar a un especialista. No podía perder más tiempo. Convocó a un ingeniero industrial, experto en motores.

Se presentó una persona relativamente joven o, en todo caso, más joven que el dueño. El especialista miró la máquina un instante, intentó hacerla arrancar y no pudo, escuchó un ruido que le “sugirió algo” y abrió la “valijita” que había traído. Extrajo un destornillador, abrió una compuerta que no permitía ver el motor y se dirigió a un lugar preciso. Sabía adónde ir: ajustó un par de cosas e intentó nuevamente.

Esta vez, el motor arrancó.

El dueño, mucho más tranquilo, respiró aliviado. No sólo la máquina sino toda la fábrica estaban nuevamente en funcionamiento. Invitó al ingeniero a pasar a su oficina privada y le convidó a un café.

Conversaron de diferentes temas pero siempre con la fábrica y su movimiento como tópico central. Hasta que llegó el momento de pagar.

–¿Cuánto le debo? –preguntó el dueño.

–Me debe 1500 pesos.

El hombre casi se desmaya.

–¿Cuánto me dijo?, ¿1500 pesos?

–Sí –contestó el joven sin inmutarse, y repitió–: mil quinientos pesos.

–Pero escúcheme –casi le gritó el dueño–, ¿cómo va a pretender que le pague 1500 pesos por algo que le llevó cinco minutos?

–No, señor –siguió el joven–. Me llevó cinco minutos y cinco años de estudio. *

* Ahora que está de moda plantear finales alternativos, se puede usar el siguiente:

–¿Cuánto me dijo?, ¿1500 pesos? Mándeme por favor una factura detallada.

El joven le manda una factura que dice:

Costo del tornillo que se cambió: 1 peso.

Costo de saber qué tornillo cambiar: 1499 pesos.

… y el dueño pagó sin protestar más.

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