lunes, 23 de octubre de 2017
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Ingeniería genética contra la rabia

Un estudiante de biotecnología de la Universidad Nacional del Litoral trabaja en el desarrollo de una vacuna de tercera generación contra la rabia, que reemplaza la tradicional utilización del virus por el uso de células modificadas que producen el antígeno para inducir la respuesta inmune.

Por Nadia Luna

 

Agencia TSS — La rabia es una enfermedad viral que afecta al sistema nervioso y se transmite por la mordedura de un animal. La principal fuente de infección para los seres humanos suelen ser los perros y se trata de una enfermedad desatendida que causa decenas de miles de muertes por año, la mayor parte en poblaciones vulnerables de Asia y África.

La rabia se previene a través de la vacunación a los animales domésticos y también existe una vacuna antirrábica humana que debe aplicarse lo más pronto posible en el caso de mordedura de un animal portador del virus.

La actual vacuna veterinaria es generada por propagación en cultivo de células o inoculación directa del virus inactivado. Ernesto Garay, estudiante de la carrera de Biotecnología de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), trabaja en el desarrollo de una vacuna de tercera generación que no involucra el uso del virus activo— para uso veterinario y en humanos. Mediante ingeniería genética, Garay produce proteínas que tienen una estructura similar a la del virus pero no contienen material genético, por lo que no poseen capacidad infectiva.

Microscopía de fluorescencia de las células que producen la proteína viral (en verde). La proteína está en la membrana plasmática de las células y luego brota para formar las partículas virales. Imagen: gentileza Ernesto Garay.

 

 

“La ventaja de esta vacuna es que es biosegura, a diferencia de las ya existentes, que se basan en la utilización del virus activo, posteriormente inactivado por procedimientos químicos. Por eso puede ser producida con una infraestructura de bioseguridad baja, lo que representa una ventaja durante el proceso de producción, tanto en lo que hace a la protección del operario como en los costos finales del producto”, afirma Garay, que trabaja en el proyecto bajo la dirección del investigador Claudio Prieto.

El trabajo forma parte de su tesis de grado y también de una línea de investigación que se viene desarrollando desde hace nueve años en la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL. “Consiste en la modificación genética de células de animales para que produzcan el antígeno deseado. Generamos partículas virales que, al tener una estructura similar al virus de la rabia, desarrollan una respuesta inmune idéntica”, sostiene Garay.

La línea celular animal utilizada se denomina BHK-21 (Baby Hamster Kidney) y es el sustrato más utilizado para producir las vacunas existentes contra la rabia. La tarea de Garay es generar vectores que contienen la secuencia codificante de la glicoproteína G, principal responsable de la acción patogénica del virus de la rabia, y a la vez principal antígeno inductor de la respuesta inmune.

“La ventaja de esta vacuna es que es biosegura, a diferencia de las ya existentes, que se basan en la utilización del virus activo”, dice Garay.

 

 

Esta plataforma utiliza partículas auto-ensamblables conocidas como “virus-like particles”, es decir, partículas parecidas al virus. “Para las primeras vacunas, la inmunización se generaba por la propagación del virus en cerebros de animales. Posteriormente, comenzaron a utilizarse células animales para propagarlo. Las vacunas de tercera generación se basan en la ingeniería genética y no involucran el uso del virus activo en ningún momento”, explica el joven.

Hasta el momento, Garay logró generar una línea celular recombinante que expresa la glicoproteína G y probó la implementación de un modo de cultivo diferente para las células. En vez de hacer que crezcan adheridas a un sustrato dentro de un frasco, las adaptó para que crezcan en suspensión. “Esto tiene múltiples ventajas a nivel productivo porque permite obtener algunas concentraciones superiores del antígeno”, indica.

Si bien en los ensayos de laboratorio está comprobada la capacidad protectora de las partículas generadas en los trabajos previos, Garay debe probar la capacidad protectora generada por el sustrato producido. “El próximo paso es experimentar con animales en el laboratorio y evaluar la respuesta inmune que genera”, finaliza.

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