martes, 16 de julio de 2019
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Hongos contra las plagas

A partir de hongos del sudeste bonaerense, investigadoras del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología en Mar del Plata trabajan en el desarrollo de un producto fertilizante y con capacidad para controlar enfermedades en cultivos. Su aplicación permitiría reducir el uso de agroquímicos y ya lo probaron en plantas de tomate con buenos resultados.

Por Nadia Luna

 

 

Agencia TSS – Nada peor que un hongo para otro hongo. Al menos, en este caso. Científicas del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología (INBIOTEC-CONICET), en la ciudad de Mar del Plata, trabajan en el desarrollo de un producto a base de hongos con propiedades fertilizantes y capacidad de controlar una enfermedad causada por otro hongo. El objetivo es brindar a los productores de la zona una alternativa económica y ecológica al uso de agroquímicos. Ya lo probaron en plantas de tomate con buenos resultados y podría servir también para otros cultivos de interés agronómico.

“La idea es reducir el uso de productos químicos que, a largo plazo, tienen consecuencias nocivas en el ambiente y la salud, además de que pueden generar resistencia en los patógenos. En cambio, el uso de microorganismos para controlar enfermedades, como se trata de un mecanismo de competencia, no induce resistencia y es un producto ecoamigable”, le dijo a TSS la bióloga Araceli Bader, becaria doctoral del CONICET en el Laboratorio de Microbiología Agrícola del INBIOTEC.

Para este trabajo, aislaron 19 cepas nativas del sudeste bonaerense con el objetivo de evaluar cuáles tienen mayor eficiencia para controlar una enfermedad producida por hongos del género Fusarium (foto) en el cultivo de tomate.

 

El proyecto forma parte de una línea iniciada por las investigadoras Fabiana Consolo y Fernanda Covacevich, quienes estudian desde hace varios años diversas cepas del hongo Trichoderma por sus propiedades benéficas para promover el crecimiento vegetal y controlar plagas. Para este trabajo, aislaron 19 cepas nativas del sudeste bonaerense con el objetivo de evaluar cuáles tienen mayor eficiencia para controlar una enfermedad producida por hongos del género Fusarium en el cultivo de tomate.

“Si bien existen algunos productos en base a Trichoderma, son importados y fueron hechos a partir de una interacción con microorganismos del lugar de donde provienen. Por lo tanto, no solo no se puede garantizar su efectividad en otros suelos, sino que, además, introducir un microorganismo que no está presente en nuestro ecosistema puede causar problemas. Es importante hacer ensayos en plantas para determinar la aptitud de cada cepa porque, si tienen demasiado poder de biocontrol, puede resultar nocivo para la planta”, explicó Bader.

De izq. a der.: Fernanda Covacevich, Araceli Bader y Fabiana Consolo. Crédito: Prensa CONICET Mar del Plata.

 

De las 19 cepas evaluadas, las investigadoras se quedaron con las cuatro que obtuvieron mejor resultado y, posteriormente, pasaron a los ensayos en un invernadero. “Tuvimos muy buenos resultados en el incremento del peso fresco y seco de las plantas, y una reducción de la infección de entre un 10 y un 30%”, dijo la investigadora. Otros aspectos positivos observados fueron un aumento del contenido de clorofila y de la longitud del tallo.

Actualmente, las científicas continúan trabajando con dos cepas de Trichoderma para evaluar las propiedades en otros cultivos de interés agronómico, como la soja. El objetivo final es transferir el desarrollo a empresas y productores de la zona. “El instituto tiene la premisa de que lo que se genere acá sea transferible. A partir de eso, trabajamos con sustratos económicos para que el producto final no sea costoso y pueda reemplazar parte de los agroquímicos utilizados”, concluyó Bader.

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