miércoles, 23 de mayo de 2018
Medioambiente

Hongos contra cigarrillos

A partir de una consulta realizada por una ONG preocupada por los cuantiosos restos de colillas de cigarrillos diseminados en las playas, un equipo de Exactas UBA está realizando pruebas con diferentes especies de hongos capaces de degradar estos contaminantes. Algunos, como las sabrosas gírgolas, muestran resultados alentadores, si bien aún son preliminares.

Por Cecilia Driaghi

 

(Nexciencia) Un equipo de científicas de Exactas UBA busca hongos para comer colillas de cigarrillo. La idea más ambiciosa sería lograr una suerte de cenicero totalmente natural que elimine los restos de tabaco de la faz del planeta. La iniciativa surgió tiempo atrás cuando se les acercó una ONG preocupada por la basura dejada por los fumadores en las playas, parques y por doquier, que suman al año en todo el mundo casi un millón de toneladas de residuos tóxicos. Contra esta peligrosa mole, la pequeña y deliciosa gírgola, entre otras estudiadas, parece degradar en parte a los contaminantes en ensayos preliminares, pero aún restan años de investigación, además de pruebas con más especies.

Las colillas tiradas por los fumadores en playas, parques y demás lugares suman, en un año, casi un millón de toneladas de residuos tóxicos. Imagen: Marta/Flickr.

 

 

 

“Todo surgió hace un par de años cuando se contactó con nosotros un representante de Econo, -una ONG dedicada a confeccionar ceniceros de plástico reciclado para las playas-, preocupado por la contaminación de las costas. Nos consultó qué podíamos hacer al respecto”, relata Isabel Cinto, integrante del Laboratorio de Micología Experimental del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (Exactas UBA).

A partir de entonces, ella y su tesista de doctorado, María del Pilar Núñez, iniciaron la búsqueda y los ensayos para dar con especies de estos diminutos seres que logren deshacerse de otra consecuencia nefasta del tabaquismo. Cada año, pitada a pitada, cinco billones de cigarrillos se consumen en el mundo; y, por ende, quedan igual número de colillas desperdigadas en el planeta, según datos que manejan las científicas. Más aún, este desperdicio equivale a 900 mil toneladas anuales de peso. “Son desechos tóxicos que en la actualidad no cuentan con ninguna política de tratamiento y no están contemplados como residuos peligrosos”, advierte Núñez.

Isabel Cinto y María del Pilar Núñez. Foto: Diana Martinez Llaser. Exactas Comunicación.

 

 

Nicotina, alquitrán, cadmio, plomo son algunas de las sustancias tóxicas en el filtro, pero el material que lo retiene le suma, además, un nuevo desafío, porque es de “acetato de celulosa, un material muy complicado para degradar”, detalla Cinto, investigadora del CONICET, quien busca eliminar o neutralizar contaminantes con elementos naturales, como los hongos.

En esta tarea de probar con distintas especies para dar con las indicadas han tenido algunos resultados promisorios. “Encontramos hongos, algunos de ellos comestibles, que crecen sin problema sobre colillas de cigarrillo. En principio, le quitan el olor desagradable y modifican su aspecto amarillo, en blanco. Es decir, estos datos muestran que estos organismos biológicos algo están transformando”, precisa Cinto, al tiempo que resalta: “Se trata de resultados muy preliminares. Estamos en el inicio de una investigación proyectada para desarrollarse en cinco años”.

Próximamente, Núñez, irá a la provincia de Misiones para traer de la selva distintas variedades de hongos que serán testeados para determinar si sirven para estos fines. Mientras tanto, algunos de los más conocidos por ser empleados en recetas de cocina, ya han dado ciertas satisfacciones que van más allá de su rico sabor. “La famosa gírgola soporta crecer en este medio tan contaminado. Otras especies, en cambio, no lo logran y mueren sin poder utilizar el sustrato como alimento debido a la presencia de los contaminantes”, agrega.

 

Plato tóxic

El equipo no para de experimentar con diferentes especies. “Estamos probando de todo. Si bien -señala- algunas crecen sobre las colillas sin problemas, no creemos que logren degradar el acetato de celulosa”. Se trata de un hueso duro de roer, un compuesto recalcitrante a la degradación.

“Encontramos hongos que crecen sin problema sobre colillas de cigarrillo. Otras, en cambio, no lo logran y mueren sin poder utilizar el sustrato como alimento”, señala la investigadora. Foto: Gentileza Isabel Cinto.

 

“Dentro de los hongos hay un grupo que es capaz de degradar celulosa debido a que producen una enzima llamada celulasa. En el caso del acetato de celulosa, esta enzima no puede actuar debido a que la celulosa se encuentra enmascarada por los grupos acetilos”, observa, quien no se desanima en su tarea de búsqueda, a pesar de que sabe de las dificultades. Es más, ella supone que la solución no estará en una única especie sino en trabajar con un consorcio de organismos. “Es muy difícil dar con un solo hongo con tal cantidad de enzimas como las que se necesitan para degradar todos los componentes de la colilla”, subraya.

A la hora de alimentarse, estos seres tienen sus particularidades. “Los hongos junto con las bacterias son los grandes descomponedores de la naturaleza. Ellos sólo pueden nutrirse de moléculas simples, por eso liberan al medio enzimas para degradar compuestos que luego puedan ser incorporados como alimentos”, describe. Si bien este proceso sería el utilizado para descontaminar colillas de cigarrillos, no siempre produce buenos resultados.

“A veces, cuando la enzima empieza a degradar un compuesto, lo puede convertir en algo más tóxico que el inicial. Quizás le sacó el mal olor, y le cambió el color amarillo por uno blanco, pero lo transformó en algo más peligroso. La idea es que además de degradar, el producto obtenido no sea peor al original. Por eso, estos procesos siempre están acompañados con la medición de la detoxificación”, destaca. En este caso, el equipo ha hecho algunas pruebas, y testearon la toxicidad del compuesto “degradado” sembrando semillas de rabanito, que son muy sensibles a los contaminantes. “Las semillas germinaron bien, con lo cual pensamos que está teniendo lugar la detoxificación, pero por supuesto se trata de un ensayo muy inicial”, recalca.

Con un largo camino por delante, el equipo sigue en su búsqueda de esta especie de digestor natural de colillas, que de hallarlo “no sería costoso porque los hongos pueden crecer muy fácilmente en medios de cultivo muy económicos”, concluye.

 

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