martes, 11 de agosto de 2020
Un día como hoy

Graham Bell inventa en 1876 el teléfono.

Publicado el 14.01.19

Científico y logopeda estadounidense de orígen escocés, inventor del teléfono. Nacido en el seno de una familia dedicada a la locución y corrección de la pronunciación, Bell fue educado junto a sus hermanos en la tradición profesional familiar. Estudió en la Royal High School de Edimburgo, y asistió a algunas clases en la Universidad de Edimburgo y el University College londinense, pero su formación fue básicamente autodidacta.

En 1864 ocupó la plaza de residente en la Weston House Academy de Elgin, donde desarrolló sus primeros estudios sobre sonido; en 1868 trabajó como asistente de su padre en Londres, ocupando su puesto tras la marcha de éste a América. La repentina muerte de su hermano mayor a causa de la tuberculosis, enfermedad que también había terminado con la vida de su hermano menor, repercutió negativamente tanto en la salud como en el estado de ánimo de Bell.

En estas circunstancias, en 1870 se trasladó a una localidad cercana a Brantford (Canadá) junto al resto de su familia, donde pronto su estado comenzó a mejorar. Un año después se instaló en Boston, donde orientó su actividad a dar a conocer el sistema de aprendizaje para sordos ideado por su padre, recogido en la obra Visible Speech (1866). Los espectaculares resultados de su trabajo pronto le granjearon una bien merecida reputación, recibiendo ofertas para dar diversas conferencias, y en 1873 fue nombrado profesor de fisiología vocal en la Universidad de Boston.

Alexander_Graham_Telephone_in_Newyork

En esta época, con la entusiasta colaboración del joven mecánico Thomas Watson y el patrocinio de los padres de George Sanders y Mabel Hubbard (con quien se acabaría casando el año 1877), dos estudiantes sordos que habían recibido clases de Bell, diseñó un aparato para interconvertir el sonido en impulsos eléctricos. El invento, denominado teléfono, fue inscrito en el registro de patentes estadounidense en 1876.

En un primer momento, el teléfono levantó todo tipo de comentarios irónicos, pero al revelarse como un medio de comunicación a larga distancia viable, provocó controvertidos litigios por la comercialización de la patente. En 1880, recibió el premio Volta. El dinero obtenido con este premio lo invirtió en el desarrollo de un nuevo proyecto, el grafófono, en colaboración con Charles Sumner Tainter, uno de los primeros sistemas de grabación de sonidos conocido. Tras su muerte, acaecida en 1922, dejó como herencia dieciocho patentes a su nombre y doce más con sus colaboradores.

SU GRAN INVENTO

1860 Antonio Meucci saca a la luz su invento, el «teletrófono». En una demostración pública, la voz de un cantante se trasmitió a una considerable distancia. La prensa italiana de Nueva York publica una descripción del invento y un tal Sr. Bendelari se lleva a Italia un prototipo y documentación para producirlo allí, pero no se vuelve a saber de él, como tampoco se materializa ninguna de las ofertas que surgen tras la demostración. Consciente de que alguien puede robarle la patente, pero incapaz de reunir los 250$ que cuesta la patente definitiva, tiene que conformarse con un trámite preliminar de presentación de documentación que registra el 28 de diciembre de 1871 y que puede permitirse renovar sólo en 1872 y 1873.

En cuanto tiene el acuse de recibo de Patentes, vuelve a empeñarse en demostrar el potencial de su invento. Para ello, ofrece una demostración del telégrafo parlante a un empresario llamado Edward B. Grant, vicepresidente de una filial de la Western Union Telegraph Company. Cada vez que Meucci trataba de avanzar, se le decía que no había hueco para su demostración, así que a los dos años, Meucci pidió que le devolvieran su material, a lo que le contestaron que se había perdido.

En 1876, Alexander Graham Bell registró una patente que realmente no describe el teléfono pero lo refiere como tal. Cuando Meucci se enteró, pidió a su abogado que reclamara ante la oficina de patentes de los Estados Unidos en Washington, algo que nunca sucedió. Sin embargo, un amigo que tenía contactos en Washington, se enteró de que toda la documentación referente al telégrafo parlante registrada por Meucci se había perdido. Una investigación posterior puso en evidencia un delito de prevaricación por parte de algunos empleados de la oficina de patentes con la compañía de Bell. En un litigio posterior entre Bell y Western Union, afloró que existía un acuerdo por el cual Bell pagaría a la Western Union un 20% de los beneficios derivados de la comercialización de su invento durante 17 años.

En el proceso legal de 1886, Meucci tuvo que lidiar, incluso contra sus propios abogados, presionados por el poderoso Bell, pero Meucci supo hacer entender al juez que no cabía duda en cuanto a la autoría del invento registrado. A pesar de la declaración pública del entonces Secretario de Estado: “existen suficientes pruebas para dar prioridad a Meucci en la invención del teléfono». A pesar de que el gobierno de Estados Unidos inició acciones legales por fraude contra la patente de Bell, el proceso embarrancó en el arenal de los recursos por los abogados de Bell, hasta cerrarse a la muerte de Meucci en 1889.

Meucci falleció pobre y amargado y jamás vio la gloria y el reconocimiento de su talento, el cual chocó con su escaso conocimiento del inglés y su poca desenvoltura ante las artimañas legales y los ingentes intereses económicos de las grandes corporaciones de Estados Unidos.

El 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los EE. UU. publica la Resolución Nº269 por la que se honra la vida y el trabajo del inventor italoamericano. En la misma se reconoce que fue más bien Meucci antes que Graham Bell quien puede haber sido el inventor del teléfono. Reconoce además que demostró y publicó su invento en 1860 y concluye con un reconocimiento a su autoría en dicha invención.

Tras patentarlo, Bell comenzó una serie de demostraciones y conferencias públicas para introducir su teléfono entre la comunidad científica así como al público en general. Su demostración en la exposición del centenario en Filadelfia de 1876, el día siguiente, hizo del teléfono la noticia de titulares alrededor del mundo.51 Influyentes visitantes como el Emperador Pedro II de Brasil pudieron observar el invento. Después, Bell tendría la oportunidad de demostrarle personalmente su invención a William Thomson, primer barón Kelvin, el renombrado científico escocés por sus estudios en termodinámica, y hasta a la Reina Victoria I del Reino Unido, quien pidió una audiencia privada en el Castillo de Osborne, en su hogar en la Isla de Wight, la reina calificó la demostración de «extraordinaria». El entusiasmo que rodeaba a las demostraciones en público de Bell ayudó a la aceptación del revolucionario dispositivo.52

La Bell Telephone Company fue creada en 1877 y para 1886, más de 150.000 personas en los Estados Unidos poseían teléfonos. Los ingenieros de la compañía de Bell llevaron a cabo numerosas mejoras al teléfono, que se convirtió en uno de los productos más exitosos. En 1879, la compañía de Bell adquirió las patentes de Edison para el micrófono de carbón de la Western Union. Esto hizo el teléfono práctico para las largas distancias, al contrario del transmisor accionado por voz de Bell que requería que los usuarios gritaran en él para que se oyera en el teléfono de recepción, aún en las distancias cortas. El 25 de enero de 1915 Alexander Graham Bell envió la primera llamada telefónica transcontinental, desde el 15 de Day Street en la ciudad de Nueva York, que fue recibida por Thomas Watson en la 333 de Grant Avenue en San Francisco, California. The New York Times reportó:

«El 9 de octubre de 1876, Alexander Graham Bell y Thomas Watson hablaron por teléfono el uno con el otro mediante un alambre tendido entre Cambridge y Boston. Esa fue la primera conversación mantenida a través de un alambre. En la tarde de ayer (25 de enero de 1915) los mismos hombres hablaron por teléfono mediante un cable de 3.400 millas entre Nueva York y San Francisco. El señor Bell se encontraba en Nueva York y su socio el señor Watson estaba en el lado opuesto del continente. Ellos se escucharon más claramente que en la primera conversación, de hace 38 años».

La imagen de Bell fue utilizada de forma reiterada por AT&T y las empresas del grupo, en su publicidad, como parte de una elaborada política de imagen. Pese a su presencia en las ceremonias, no desempeñó ningún papel activo en el desarrollo técnico del negocio que se creó en torno a su patente.

Durante 18 años, la Bell Telephone Company hace frente a 600 demandas de inventores que demandan haber inventado el teléfono, nunca perdiendo un caso. Las notas del laboratorio de Bell y las cartas a la familia eran la clave para establecer un linaje largo a sus experimentos.55 Una demanda fue interpuesta por el inventor italiano Antonio Meucci, quién demandó haber creado el primer modelo de trabajo de un teléfono en Italia en 1834. En 1876, Meucci llevó a Bell ante la justicia para establecer su prioridad. Los modelos de funcionamiento de Meucci se habían perdido, según se informaba, por exactamente el mismo laboratorio de Western Union en donde Bell condujo sus experimentos. Meucci perdió su caso debido a la carencia de la evidencia material de sus invenciones. El trabajo de Meucci, como el de muchos otros inventores del periodo, fue basado en principios acústicos anteriores.56 Sin embargo, debido a los esfuerzos del miembro del Congreso Vito Fossella, la resolución 269 de la cámara de Representantes de los Estados Unidos el 11 de junio de 2002 indicó que el trabajo de Meucci en la invención del teléfono debe ser reconocido, aunque no es una decisión irrevocable.

Sin embargo, Bell debió lidiar hasta su muerte con litigios relativos a la patente del teléfono, como cuando se retrasó en el pago del importe para la patente alemana y la firma eléctrica Siemens y Halske (S&H) instalaron un fabricante rival de los teléfonos de Bell bajo su propia patente. La compañía Siemens produjo copias casi idénticas del teléfono de Bell sin pagar derechos.58 Una serie de acuerdos en otros países consolidó eventual una operación global del teléfono. La tensión en Bell por sus constantes apariciones en los tribunales, necesarias por las batallas legales, eventualmente resultaron en su dimisión de la compañía. Muchos casos eran repetitivos, y la resignación de Gray hacia Bell fue creciendo con el tiempo.

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