martes, 15 de octubre de 2019
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Investigadoras del CONICET encabezan un estudio interdisciplinario sobre los cuadros de Antonio Berni

El equipo que lo lleva adelante está integrado por historiadores del arte, químicas, y conservadoras. Ya analizaron diez cuadros.

Antonio Berni pintó en 1961 un cuadro mítico con media docena de monstruos de colores sobre un cielo rojizo parecido a un fuego ardiendo que tituló Pesadilla de los injustos. Esas figuras enormes y amorfas representaban la agitación los sueños de quienes dan forma al injusto mundo de Juanito Laguna, el personaje que, junto a Ramona Montiel, fue protagonista en sus series de cuadros de crítica social. Casi setenta años después, aquella obra de tres metros por cuatro que se exhibe en una de las paredes del Museo Nacional de Bellas Artes, así como el resto de sus pinturas -muchas de ellas creadas con la técnica del collage, utilizando materiales “de desecho” como chatarra, cartones y madera- siguen despertando un peculiar interés: desde 2017 son objeto de análisis de un grupo interdisciplinario liderado por investigadoras principales del CONICET que se propuso investigar la materialidad de su obra.
Gabriela Siracusano analiza “La pesadilla de los injustos”, en el Museo Nacional de Bellas Artes. FOTO: Verónica Tello/ CONICET Fotografía.

El proyecto se llama Explosión matérica: estrategias estéticas, técnicas y materiales en la obra de Antonio Berni entre los 50 y los 80 y está encabezado por las historiadoras del arte Gabriela Siracusano y Diana Wechsler, y la química Marta Maier. El objetivo es analizar la dimensión material de las obras de Berni, entendiendo a “la materia” tanto desde lo concreto como desde la idea o el concepto estético que tenía Berni en torno a sus obras. “La materialidad de una obra puede ser lo que se toca pero también es puede ser luz o el sonido, es decir, lo inmaterial pero que tiene un concepto estético atrás”, dice Siracusano.

Desde hace varios años, la investigadora del CONICET junto con la química Marta Maier venían trabajando sobre la materialidad de las obras de arte ligadas al período colonial, de los siglos XVI, XVII, y XVIII. Unos años atrás, crearon el Centro Materia -dependiente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF)-, y trazaron como uno de los objetivos estudiar, analizar e investigar también la materialidad del arte argentino moderno y contemporáneo. Así fue como se les ocurrió analizar a uno de los artistas argentinos más importantes del siglo XX: Antonio Berni. Para eso, convocaron a Diana Wechsler, la tercera del grupo responsable, especialista en la pintura moderna de la primera mitad del siglo 20.

El recorte temporal de la obra de Berni desde los años 50 hasta los 80 se decidió en función de que en ese período el artista utilizó en sus obras materiales especialmente atípicos, como objetos provenientes de fábricas. “Para estudiarlo, de todas formas, también analizamos la obra previa de Berni. Eso nos permitió comprender en qué medida la materialidad de las obras abonó a sus estrategias estéticas”, señala Siracusano.

Llevar a cabo el análisis significó, para las investigadoras, tanto realizar estudios químicos de las obras -identificar los materiales orgánicos, inorgánicos, naturales y  sintéticos- así como analizar las técnicas utilizadas por Berni y el análisis cualitativo de los materiales: desde los soportes que elegía –telas, papel- hasta las pinturas –bases, óleos, acrílicos- y los objetos que incluyó –bidones, telas-. También supuso la contrastación de todos estos datos con los presentes en archivos y bibliotecas.

“Berni parte de la técnica más tradicional, para incluir en sus obras todo un mundo a partir de la selección de ciertos objetos, desde metales tomados de fábricas, recortes, hasta un televisor, ropa, botellas, muñecos. El universo es amplio, y lo que nosotras analizamos es cómo los usa, de dónde provienen, por qué usa ciertos elementos, en qué medida este binomio entre arte y realidad se construye de manera tan maravillosa en sus obras y cómo la materialidad abona a eso”, indica Siracusano.

 

 

Berni el buscador

Las especialistas llevan analizadas unas diez obras, que pertenecen tanto a museos públicos como a colecciones de arte privadas, de instituciones como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Santa Fe, entre otros.

“Entre las cuestiones que ya analizamos, fue muy interesante ver de qué forma Berni aplicaba cada una de las capas pictóricas, cómo utilizaba el color como sombra, o cómo armaba las bases de preparación. En esas cuestiones Berni era clásico, había aprendido bien la lección de los maestros renacentistas, que pudo observar al viajar a Europa, a países como Italia y España. Berni fue un maestro que no se olvidó de la tradición, construía el espacio pictórico por planos. Era un artista que pivoteaba entre la tradición y la revolución”.

A lo largo de su trayectoria, Berni utilizaría los materiales como una “explosión” –de ahí deviene el nombre de este proyecto, Explosión matérica…-, un caos matérico con orden interno. “Eso lo vimos cuando él pone uno objeto sobre otro dentro de una aparente entropía, pero al mismo tiempo conforman un espacio coherente, con una lectura sumamente estética”, subraya Siracusano. “En Pesadilla de los Injustos, por ejemplo, esa explosión de la materia salta a la vista en el espacio de representación, pero esa misma revolución matérica la encontramos dentro de la capa pictórica: Berni utilizaba un montón de pigmentos, los usaba para ciertas zonas pero en otras aparecen todos juntos, y eso está hablando de alguien que realizaba la revolución matérica también dentro de la capa pictórica o en la base de preparación”.

Otro aspecto estudiado por el equipo es el referido a la procedencia de los objetos elegidos por Berni en ciertas obras del período. “Si bien muchos provienen del mundo de la industria y las fábricas -partes de automotores como el radiador u otras autopartes para representar las manos, los ojos, las cabezas, en ciertos casos –como en los robots de la instalación La matanza de los inocentes propiedad del Museo Nacional de Bellas Artes- utiliza descartes de madera probablemente de alguna mueblería o carpintería. También usaba recortes de estampado metálico. En este sentido Berni realizaba una selección muy inteligente y muy enclavada en su discurso estético de cada uno de los restos que encuentra. No los encuentra de casualidad. Va en su búsqueda”, asegura Siracusano.

“Además de todo esto –continúa-, quisimos reconocer los lazos entre sus ideas y conceptos estéticos sobre la dimensión material de la producción artística, y sus propuestas estéticas presentes en los textos escritos, en las entrevistas que le hicieron en vida, así como la de otros artistas. También nos interesó ver cómo se inserta el uso de la materialidad en el discurso estético del momento. Y explorar las condiciones en que ciertos materiales habrían contribuido a la construcción de su poética: por ejemplo, la inclusión de fragmentos del mundo real, anterior a la obra, como partícipes necesarios de la construcción de lo real pictórico en Berni. Nos interesa comprender las exploraciones plásticas y materiales de Berni en relación con la escena local pero también con la escena internacional, y un objetivo último también fue contribuir al conocimiento científico y a la conservación de las obras del período estudiado”.

La investigación de la materialidad de las obras de Berni se cerrará en 2020. “Lo más relevante es que es un proyecto verdaderamente interdisciplinario, que cruza diversas disciplinas del CONICET, poniendo en diálogo nuestras miradas y eso no es tan común. Berni fue uno de los grandes artistas argentinos del siglo 20 y se merecía un estudio así, desde la materialidad, que todavía no se había hecho”, concluye la investigadora.

Por Cintia Kemelmajer

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