martes, 22 de agosto de 2017
Un día como hoy

En 1921 Victor Hess descubrió los rayos cósmicos.

Publicado el 07.08.17

Los rayos cósmicos son partículas subatómicas procedentes del espacio exterior cuya energía, debido a su gran velocidad, es muy elevada: cercana a la velocidad de la luz. Se descubrieron cuando se comprobó que la conductividad eléctrica de la atmósfera terrestre se debe a ionización causada por radiaciones de alta energía.

En el año 1911, Victor Franz Hess, físico austríaco, demostró que la ionización atmosférica aumenta proporcionalmente a la altitud. Concluyó que la radiación debía proceder del espacio exterior. El descubrimiento de que la intensidad de radiación depende de la altitud indica que las partículas integrantes de la radiación están eléctricamente cargadas y que las desvía el campo magnético terrestre. Rutherford y sus colaboradores, contraria y anteriormente a las experiencias de Hess, supusieron que la ionización observada por el espectroscopio se debía a la radiactividad terrestre, ya que, medidas realizadas en 1910 en la base y la cúspide de la torre Eiffel, así lo detectaban. Millikan acuñó la expresión «rayos cósmicos» tras sus propias mediciones que concluyeron en que, efectivamente, eran de origen muy lejano, incluso exterior al Sistema Solar.

Tras el descubrimiento de la radiactividad por Henri Becquerel en 1896 era generalmente aceptado que la electricidad atmosférica – ionización del aire – era provocada exclusivamente por la radiación producida por elementos radiactivos en el suelo y por los gases radiactivos o isótopos de Radón que aquellos producen. La posterior medición durante la década de 1900 a 1910 de la tasa de ionización (ritmo de ionización del aire) respecto a la altitud demostró un descenso que podía explicarse por la absorción de la radiación ionizante por el aire interpuesto. En 1909 Theodor Wulf desarrolló el primer electrómetro. Éste era un instrumento diseñado para medir la tasa de producción de iones dentro de un contenedor sellado herméticamente. Wulf usó este instrumento para demostrar que los niveles de radiación ionizante en la cúspide de la Torre Eiffel eran mayores que en su base. Sin embargo su artículo publicado en Physikalische Zeitschrift no encontró amplia aceptación. En 1911 Domenico Pacini observo variaciones simultáneas de la tasa de ionización sobre un lago, sobre el mar, y a una profundidad de 3 metros bajo la superficie. Del descenso observado bajo el agua Pacini concluyó que una parte de la ionización se debe a fuentes distintas de la radiactividad terrestre. Más tarde en 1912 Victor Hess elevó tres electrómetros Wulf de precisión mejorada2 a una altitud de 5300 metros usando un globo aerostático y encontrando que la tasa de ionización se multiplicaba aproximadamente por cuatro en comparación con la medida a nivel del suelo. Hess también descartó al sol como la fuente de radiación responsable mediante un nuevo ascenso en globo durante un eclipse de sol casi total. Con la luna bloqueando la mayor parte de la radiación solar visible Hess todavía pudo medir una tasa de ionización en aumento con la altura2 concluyendo “La mejor explicación al resultado de mis observaciones viene dada por la suposición de que una radiación de un enorme poder de penetración entra en nuestra atmósfera desde arriba”. En 1913-1914 Werner Kolhörster confirmó las primeras observaciones de Hess al medir el incremento de la tasa de ionización a 9 km de altitud.

 

 

Incremento de la tasa de ionización con la altitud medida por Victor Hess en 1912 (izquierda) y por Kolhörster (derecha).El vuelo del globo de Hess tuvo lugar el 7 de agosto de 1912. Por pura coincidencia exactamente 100 años después, el 7 de agosto de 2012, el vehículo Mars Science Laboratory midió los niveles de radiación ionizante por vez primera en otro planeta por medio de su Detector de Medida de Radiación (RAD por las siglas en inglés de Radiation Assessment Detector)

Aún no está claro el origen de los rayos cósmicos. Se sabe que, en los períodos en que se emiten grandes erupciones solares, el Sol emite rayos cósmicos de baja energía, pero estos fenómenos estelares no son frecuentes. Por lo tanto no son motivo de explicación del origen de esta radiación. Tampoco lo son las erupciones de otras estrellas semejantes al Sol. Las grandes explosiones de supernovas son, al menos, responsables de la aceleración inicial de gran parte de los rayos cósmicos, ya que los restos de dichas explosiones son potentes fuentes de radio, que implican presencia de electrones de alta energía.

En 2007, un grupo de científicos argentinos del Observatorio Pierre Auger realizó un espectacular descubrimiento que inauguró una nueva rama de la astronomía. Este grupo encontró evidencias de que la mayor parte de las partículas de rayos cósmicos proviene de una constelación cercana: Centaurus.5 Esta constelación contiene una galaxia de núcleo activo, cuyo núcleo se debe a existencia de un agujero negro (probablemente supermasivo), al caer la materia a la ergosfera del agujero negro y rotar velozmente.

 

A enormes velocidades, centrífugamente, se fuga parte de tal materia, constituida por protones y neutrones. Al alcanzar la Tierra (u otros planetas con atmósferas suficientemente densas) sólo llegan los protones, los cuales, tras chocar contra las capas superiores atmosféricas, caen en cascadas de rayos cósmicos. El descubrimiento observado en Centaurus parece ser extrapolable a todas las galaxias de núcleos activados por agujeros negros. También se cree que, como resultado de las ondas de choque procedentes de las supernovas que se propagan hasta el espacio interestelar, en éste se genera aceleración adicional. No existen pruebas directas de que las supernovas contribuyan de manera significativa a los rayos cósmicos. Sin embargo se sugiere que las estrellas binarias de rayos X pueden ser fuentes de rayos cósmicos. En esos sistemas, una estrella normal cede masa a: 1) su complementaria, o a: 2) una estrella de neutrones, o a: 3) un agujero negro. Los estudios radioastronómicos de otras galaxias muestran que éstas también contienen electrones de alta energía. Los centros de algunas galaxias emiten ondas de radio de mucha mayor intensidad que la Vía Láctea. Esto indica que contienen fuentes de partículas de alta energía.

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