miércoles, 22 de noviembre de 2017
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Desentrañando las relaciones de parentesco de los principales grupos de dinosaurios

Un equipo internacional, del que participaron científicos del CONICET, rebate una hipótesis publicada en la revista Nature, que había propuesto un cambio radical sobre las relaciones de parentesco de los linajes de los dinosaurios.

En marzo de este año, en una publicación en la revista Nature, científicos de la Universidad de Cambridge, liderados por Matthew Baron habían propuesto una revisión radical en el entendimiento de la temprana evolución de los dinosaurios y la relación de parentesco entre estos. En resumen proponían que la tradicional clasificación entre Ornithischia -cadera de ave- y Saurischia -con cadera de lagarto-, quedaba modificada.

Los dinosaurios tradicionalmente están clasificados entre los Ornithischia -dinosaurios con cadera de ave, como los dinosaurios herbívoros StegosaurusTriceratops, y los Saurischia -dinosaurios con cadera de lagarto- que a su vez se dividen entre Theropoda – carnívoros como el Tyrannosaurus y el Carnotaurus- y los Sauropodomorpha -dinosaurios herbívoros de cuello largo como el Diplodocus y el Argentinosaurus-.  En esta nueva hipótesis, los Ornithischia están más cercanamente emparentados a los Theropoda, formando un grupo llamado Ornithoscelida. Por otra parte, los Sauropodomorpha quedan restringidos a una línea evolutiva separada dentro de los dinosaurios.

En una nueva Brief Communication Arising, publicada hoy en Nature, el paleontólogo Max Langer, de la Universidad de São Paulo, rebate esta hipótesis nueva, junto a un equipo internacional de especialistas del que participaron tres investigadores del CONICET: Martín D. Ezcurra, investigador adjunto del CONICET, y Fernando Novas, investigador principal, por el Museo de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia (MACN-CONICET) y Diego Pol, investigador principal del CONICET en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF).

Debido a la importancia de la hipótesis que habían planteado los científicos británicos, surgió la necesidad de los paleontólogos del mundo de analizar y poner a prueba esta propuesta. “Era un trabajo importante que nos hacía patear el tablero y reordenar las piezas del ajedrez de otra manera. Sin embargo cuando observamos la matriz de caracteres analizada, por ejemplo, los iliones de la cadera, observamos que algunos estaban interpretados erróneamente”, explica Novas.

“En el curso de los meses subsiguientes a mayo, empezamos esta réplica y cuando tuvimos la matriz cladística de Baron modificada con nuestras observaciones, la base de datos se corrió y obtuvimos la clasificación clásica”, asegura.

“Cuando recodificamos los caracteres y volvimos a analizar esta matriz nos dió el resultado tradicional, lo cual era congruente con lo que pensamos que iba a pasar ya que habíamos visto con escepticismo los resultados de Baron”, cuenta por su parte Ezcurra y agrega que: “Es importante recalcar que los autores ingleses vieron alrededor del 45 por ciento de los especímenes, en tanto que nosotros entre todo el equipo vimos más del 95 por ciento”.

Las grandes bases de datos son esenciales para realizar análisis de relaciones evolutivas a gran escala. “Trabajos colaborativos como éste son una tendencia creciente dado que las grandes preguntas suelen requerir cantidades de datos que exceden la capacidad de un investigador trabajando de manera aislada”, confía, por su parte, Diego Pol.

Por otro lado la hipótesis de Baron explicaba un origen de los dinosaurio en el hemisferio norte, pero explica Novas que en el re-análisis que hicieron con su equipo se confirma, también la visión tradicional que los dinosaurios se originaron en el hemisferio sur, y probablemente en América del Sur.  “Este resultado reafirma la importancia que tienen las rocas triásicas, de aproximadamente 230 millones de años, de América del Sur para develar el origen y temprana historia evolutiva de los dinosaurios. La abundancia y calidad de los ejemplares fósiles preservados en las formaciones Chañares e Ischigualasto de las provincias de San Juan y La Rioja proporcionan una de las mejores evidencias a nivel mundial para entender los ecosistemas de los primeros dinosaurios y sus precursores”, concluye Novas.

Sobre investigación:

Max C. Langer. Departamento de Biología, Universidad de São Paulo, Brasil.

Martín D. Ezcurra. Investigador adjunto. MACN.

Oliver W. M. Rauhut. Staatssammlung für Paläontologie und Geologie, Alemania.

Michael J. Benton. University of Bristol, Reino Unido.

Fabien Knoll. University of Manchester, Reino Unido.

Blair W. McPhee. Departamento de Biología, Universidad de São Paulo, Brasil.

Fernando E. Novas. Investigador principal. MACN.

Diego Pol. Investigador principal. Museo Egidio Feruglio.

Stephen L. Brusatte. University of Edinburgh. Reino Unido.

 

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