viernes, 13 de diciembre de 2019
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Científicos del CONICET en la Semana de la Arqueología y Paleontología de Buenos Aires

Talleres paleoartísticos y charlas abiertas en una semana dedicada a los fósiles, el patrimonio y los restos arqueológicos.

Entre los días 4 y 16 de noviembre, Buenos Aires vivió unas jornadas llenas de ciencia en la VI Semana de la Arqueología y Paleontología, que organiza cada año la Dirección General Patrimonio, Museos y Casco Histórico del Gobierno de la Ciudad. La propuesta de actividades reunió tanto a familias, estudiantes y público general como a especialistas, por lo que varios científicos del CONICET se sumaron a esta iniciativa de divulgación y cultura científica.
Alumnos del Instituto Bernasconi exponen el trabajo que realizaron en el taller de paleoarte. Foto: CONICET fotografía.

La paleontóloga Laura Cruz, el paleoartista Santiago Reuil y alumnos de tercer grado del Instituto Bernasconi presentaron “Megafauna cartonera”. En esta charla, expusieron un trabajo que consistió en replicar el cráneo de un Megatherium, un enorme mamífero herbívoro, pariente de los perezosos actuales que vivió, en lo que hoy es el territorio de Buenos Aires, hace más de 8000 años atrás.

“Nuestro territorio actual, Argentina, hace 15000 años atrás, era frío y seco –comenzó la presentación de los niños–. Estaba poblado por los antepasados de los pueblos originarios quienes no convivieron ni con vacas, ni ovejas, sino que cazaban gliptodontes, megaterios y mastodontes, mientras se escapaban de los ataques de dientes de sable y osos”.

La iniciativa de trabajo con paleontólogos en el aula surgió de las docentes que, habiendo trabajado todo el año sobre gigantes (de la literatura, de las leyendas y del mundo natural), contactaron a los investigadores para que pudieran hablar sobre los gigantes de la paleontología en general y sobre los gigantes que habitaron la actual ciudad de Buenos Aires.

Alumnos del Instituto Bernasconi exponen el trabajo que realizaron en el taller de paleoarte. Foto: CONICET fotografía.

 

 

“Cuando fuimos a la escuela, les contamos a los chicos que, aparte de los gigantes actuales, también existieron diferentes animales, como el Carchalodon (tiburón), el Giganotosaurus carolinii (dinosaurio carnívoro) y el Patagotitan mayorum (dinosaurio herbívoro). En el aula trabajamos sobre el Megatherium, un perezoso gigante que habitó las pampas, por lo que sus fósiles fueron encontrados en cuando se construyeron las vías del subterráneo”, contó Cruz que trabaja en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Además les explicaron a los niños cómo trabajan los paleontólogos a partir de los huesos, tanto en el campo como en el laboratorio.

Bajo la coordinación del paleoartista, los chicos pusieron manos a la obra. “La primera etapa fue calcar el cráneo: pusimos un cartón y lo calcamos”, relató uno de los alumnos. “Recortamos las partes y las pegamos con cinta. Con telgopor le hicimos los dientes”. Así fue como con cartón y telgopor de descarte, tijeras y pegamento, los niños lograron una reconstrucción de tamaño natural que permanecerá expuesta en el Centro de Interpretación de Arqueología y Paleontología de Buenos Aires.

La experiencia fue muy gratificante: “A mí me pareció divertida”, “¡A mí increíble!”, “Complicada y sí, estuvo buena”, “aprendimos mucho”, “un trabajo de todos juntos, de equipo”, comentaron. Mariela, una de las docentes se mostró “encantadísima con la propuesta de paleocartón”. “La posibilidad de hacer el taller de reconstrucción del cráneo generó un boom de interés. Los chicos trabajaron con una propuesta muy afín a la infancia. Un trabajo artístico con la reconstrucción en cartón”, agregó.

Para el paleoartista, la experiencia también fue motivadora: “Los chicos se enganchan muy rápido con el cartón que, en este caso, nos sirvió como nexo para poder trabajar con ellos el cráneo que queríamos analizar. Y la científica sintetizó: “Quedaron todos alucinados con la actividad que fue hiper divertida. Además fue súper lindo venir acá, un ámbito de comunicación de las ciencias, para que lo cuenten; y la satisfacción de verlos contar, micrófono en mano, los pasos que hicieron durante todo el año”.

 

Charlas-debate en la Casa de la cultura

El salón Dorado de la Casa de la Cultura de Buenos Aires recibió a varios especialistas, entre ellos a Federico Agnolín que ofreció un recorrido por la “Verdulería prehistórica” para plantearnos si hubo sobrevivientes de la megafauna. “¿Ya no queda nada de aquella época?, ¿cuál es la finalidad de una fruta?, ¿de dónde salen frutas tan raras como la sandía o el melón?”, interpeló el paleontólogo al público presente.

“Los anacronismos son muy comunes, tan comunes que lo podemos ver en cualquier verdulería, la mayor parte de la fruta que consumimos, hoy en día, son sobrevivientes de un pasado remoto, así que cuando estamos consumiendo una sandía realmente podemos estar contentos de estar degustando sabores muy, muy antiguos”, reflexionó Federico.

Durante la charla, el científico también contó que la megafauna -como se denomina a los animales de más de una tonelada-, aunque en su mayoría extinta, es transformadora de ambientes y que ciertas plantas o frutas necesitan ser comidas por los animales para lograr así germinar y dispersarse. “Entonces, ¿quién come una sandía? Un animal enorme, no queda otra” explicó el investigador, y añadió: “estas frutas estrafalarias, rarísimas, que a veces vemos en las verdulerías, en realidad están adaptadas para algo que no existe; incluso, árboles enormes adaptados para ser comidos por animales gigantes que ya no existen son legados que nos quedan de aquel momento”.

Mónica Berón disertó sobre “Cazadores y perros domésticos, un vínculo prehispánico en la Pampa y la Patagonia”. El sitio Chenke I, cementerio indígena prehispánico (ubicado en Lihué Calel, provincia de La Pampa), da cuenta del “primer hallazgo confiable de un entierro prehispánico muy sacralizado de un niño de corta edad con acompañamiento de un perro doméstico en Argentina”.

La antropóloga contó que el niño había sido colocado por debajo del perro y que el perro había sido colocado después. Las patas del animal habían sido colocadas “amorosamente” como una forma de protección, de acompañamiento, de cuidado del niño. “Este descubrimiento demuestra que el perro doméstico es uno de los animales que más tempranamente se ha ligado a la cotidianidad de los grupos humanos”, resumió la científica.

Otras charlas de divulgación en la que participaron investigadores del CONICET fueron las siguientes: “Eduardo Holmberg, Ficción y Ciencia”, por el peleontólogo Mariano Bond y “Un pionero del paleoarte de los mamíferos pleistocénicos argentinos: Paul Magne de la Croix (1875-1942) y su aporte a paleontología y zoología a inicios del siglo XX”, por Agustín G. Martinelli y Marcelo Miñana.

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