miércoles, 03 de junio de 2020
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Científicas en cuarentena: Más desigualdad y menos productividad

La medida de aislamiento social para frenar el avance del coronavirus también tiene consecuencias en la brecha de género. TSS habló con investigadoras de diversas partes del país para conocer las dificultades que están teniendo para realizar su trabajo profesional. La superposición con las tareas de cuidado y la necesidad de tener en cuenta lo que genera la situación de aislamiento a la hora de futuras evaluaciones.

Por Nadia Luna

 

Agencia TSS – Si bien en el mundo prepandemia el peso del trabajo doméstico y las tareas de cuidado ya recaía más en las mujeres e identidades feminizadas que en los varones, esa desigualdad parece haberse profundizado a partir de los cambios de rutina que trajo la propagación mundial por COVID-19 y las políticas de aislamiento social que se están implementando en muchos países.

El ritmo y la modalidad del teletrabajo se torna difícil de sostener cuando, al mismo tiempo, hay que ayudar a hijos e hijas con tareas escolares, asistir a adultos mayores, limpiar la casa, encargarse de las compras, cumplir con las exigencias laborales remuneradas y luchar con las ganas de salir corriendo de todo ese caos.

En el caso específico de las científicas y académicas, la pandemia también afecta su productividad. Uno de los principales parámetros con que el sistema evalúa a los y las investigadoras es la cantidad y calidad de sus publicaciones en revistas científicas (en particular, en aquellas consideradas de “alto impacto”). Esas evaluaciones determinan aspectos centrales de su carrera, como las chances de conseguir o promover a un cargo más alto y obtener subsidios para avanzar con sus investigaciones.

Según un artículo publicado en el portal The Lily, seis semanas después del comienzo de la cuarentena generalizada, varios editores de revistas científicas comenzaron a notar que estaban recibiendo menos papers por parte de académicas, mientras que otros observaron que los varones están publicando más que el año pasado. En tanto, la demógrafa social Alessandra Minello, contó su experiencia en Revista Nature y planteó: “Tengo curiosidad por saber qué revelará el encierro sobre el ‘muro maternal’ (en referencia a la discriminación y las limitaciones que enfrentan las madres trabajadoras) que puede bloquear el avance en la carrera”.

“A aa transformación la vamos a tener que conquistar como hemos conquistado todos nuestros derechos: de manera colectiva, en los espacios de la lucha social y política”, sostuvo la filósofa Alejandra Ciriza. Foto: Leandro Fernández / Sin Retorno.

 

TSS habló con investigadoras de diversas partes de la Argentina para conocer sobre sus experiencias. Uno de las principales preocupaciones pasa por la necesidad de que se tenga en cuenta esta situación en futuras evaluaciones. “Creo que esta crisis ha puesto en primer plano la importancia del trabajo de reproducción de la vida y de cuidado de otros seres humanos: sin eso no hay nada que funcione. Sin embargo, eso no implica una conciencia social sobre su importancia económica. Seguimos haciendo esa tarea de manera gratuita y, quienes lo hacen a cambio de un salario, siguen recibiendo un monto miserable. A la transformación la vamos a tener que conquistar como hemos conquistado todos nuestros derechos: de manera colectiva, en los espacios de la lucha social y política”, sostuvo la filósofa Alejandra Ciriza, investigadora del CONICET en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) y docente de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO).

La rutina de la investigadora mendocina se vio totalmente trastocada en el contexto de cuarentena. “Mi madre tuvo una caída y no he podido reordenar mi jornada de trabajo”, indica. En el ámbito laboral, lo que más se alteró es la docencia, ya que, además de tener que pasar las lecciones a un formato virtual, la mala conexión a Internet suele jugarle malas pasadas.

A la antropóloga Mariana Mondini, investigadora del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR–CONICET/Universidad Nacional de Córdoba), las tareas de cuidado también le llevan más tiempo que antes y en horarios que interfieren el trabajo académico. “Un segundo grupo de dificultades está asociado a lo emocional, ya que, además del estrés que genera prestar atención a múltiples tareas simultáneas, se suman la angustia e incertidumbre propias de la situación que vivimos”, agrega.

La socióloga María Soledad Schultze, becaria en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT–CONICET) y docente de la Universidad Nacional de La Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), en Puerto Madryn, Chubut, dice que le está costando avanzar con el último tramo de escritura de su tesis doctoral, especialmente por el tiempo que demanda el cuidado de su hijo de cuatro años. “El rol en la casa como madre es de 24 horas. Además, les niñes están pasando un momento muy particular en aislamiento y contener a mi hijo se transforma en mi prioridad porque no lo veo bien”, señala.

La bióloga Silvia Lomáscolo, investigadora del CONICET en el Instituto de Ecología Regional (IER–CONICET/Universidad Nacional de Tucumán), cuenta que uno de sus problemas principales es que estaba trabajando en un proyecto que quedó parado por no poder salir al campo a relevar los datos que necesita.

 

La biotecnóloga Laura Svetaz, investigadora del CONICET en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), advierte que la docencia no siempre puede ser virtual: sus alumnos no pueden realizar los trabajos prácticos en el laboratorio, algo que forma parte de la regularización de la materia. Ella tiene una hija de siete y un hijo de siete. “Al ser chiquitos, hay muchas cosas que no comprenden, a veces se angustian, otras se enojan y tengo que contenerlos. A veces me siento mal por sentir que no puedo con todo, por perder la paciencia y por no dedicarle a mi trabajo el tiempo que debería. En general, trato de trabajar cuando ellos duermen o están entretenidos jugando”, dice.

Desde Tucumán, la bióloga Silvia Lomáscolo, investigadora del CONICET en el Instituto de Ecología Regional (IER–CONICET/Universidad Nacional de Tucumán), cuenta que uno de sus problemas principales es que estaba trabajando en un proyecto que quedó parado por no poder salir al campo a relevar los datos que necesita. También apunta sobre las dificultades vinculadas con las tareas de cuidado: “Por más que hay días en que el papá de mis hijos se encarga por varias horas de ellos, para que yo pueda trabajar, saber que hay ropa para lavar, el desorden, las tareas de los chicos y sus necesidades emocionales afecta mi capacidad de concentración. A veces una no se permite reconocer esto porque suena a excusa, pero realmente lo siento muy fuerte”.

 

Trabajar 24 horas

Según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo, realizada por el INDEC en el año 2013, las mujeres dedican casi el doble de su tiempo a las tareas domésticas y de cuidado en comparación con los varones: 6,4 sobre 3,4 horas. Además, este trabajo aumenta en el caso de los hogares monoparentales que, según la Encuesta Nacional sobre la Estructura Social (ENES), en la Argentina está a cargo de mujeres en el 84% de los casos. A esta desigualdad de base, se suman las complicaciones generadas por la cuarentena que, además de los relatos de las científicas, ya empieza a medirse de forma sistemática.

Investigadoras del CONICET y de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) realizaron un estudio para conocer los usos del tiempo, trabajo y tareas de cuidado en tiempos de cuarentena. La encuesta fue respondida por 555 personas (el 88,6% eran mujeres) y la mayoría superaba los 30 años. Además, el 63% del total dijo tener estudios universitarios y de posgrado. Al analizar los datos, las investigadoras hallaron que la mayoría de las mujeres consultadas sienten que son cuidadoras las 24 horas, trabajan más y están más cansadas desde que comenzó la cuarentena.

“Lo que muestra el aislamiento social obligatorio es la desigualdad que existe en el uso del tiempo y las tareas domésticas según género y clase, a la vez que remarca lo fundamental de estas ocupaciones, que no pueden dejar de hacerse. Si bien las mujeres siempre se han ocupado de manera principal de estas obligaciones, en tiempos de pandemia, la dedicación a labores domésticas ha aumentado de manera considerable. Según algunas encuestadas, eso suma 4 horas de trabajo a su rutina diaria”, explica a TSS Gabriela Bard Wigdor, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS–CONICET/UNC) y una de las autoras del estudio.

Otro dato que encontraron es que la mitad de las encuestadas duerme entre una y tres horas menos que las ocho necesarias para descansar bien. “Se está viviendo una sobreexigencia en la confluyen dobles, triples y hasta cuádruples jornadas laborales en un mismo contexto con implicancias físicas, psíquicas y emocionales muy fuertes. También está esa creencia de que debemos salir de la cuarentena habiendo aprendido un idioma, habiendo practicado yoga o realizado un taller de algo. Todo esto termina generando un cansancio tal que los cuerpos de las mujeres, que en tiempo reloj están descansando menos, en tiempo emocional también tienen esta percepción de la sobrecarga laboral”, indica Paola Bonavitta, coautora del estudio e investigadora del CONICET en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades (CIFFYH) de la UNC.

“Más allá de lo que está pasando este año, se debe considerar a la maternidad como algo que afecta mucho a la mujer en cuanto a su productividad”, dice la investigadora Laura Svetaz (cuarta desde la izquierda en la fila del frente), en la foto junto con docentes e investigadores del area farmacognosia (FCByF-UNR).

 

En ese sentido, el 50,5% de las encuestadas señaló que el tiempo de esparcimiento y ocio no aumentó durante el aislamiento y solo el 19% pudo tomar un curso o aprender algo nuevo. La modalidad del teletrabajo también suma complicaciones al panorama. “No existen horarios, el trabajo es continuo, recibimos mensajes de estudiantes a cualquier hora. A la vez, nos sentimos éticamente obligadas a sostener la educación pública y eso recae como un mandato que nos exige estar todo el tiempo disponibles y aprendiendo las herramientas virtuales. Desde los trabajos nos exigen ‘modernizar nuestros modos de pensar la vida’ y que la educación no necesariamente tiene que ser cara a cara. Pero, ¿se puede pensar en la educación sin cuerpo, sin tactos, sin olores, sin voces? Creemos que no y se nota en el día a día de enseñar sin cuerpos presentes”, plantea Bard Wigdor.

 

Políticas

Algunas de las demandas históricas de los feminismos, compartidas por las trabajadoras del sistema científico y educativo, son ampliar las licencias por maternidad y paternidad, y que haya guarderías y jardines maternales en los lugares de trabajo. Además, la situación de aislamiento precisa políticas específicas para aliviar la exigencia de productividad y contemplar las desigualdades en futuras evaluaciones.

Si bien algunos institutos y universidades han tomado resoluciones, la situación es despareja. El CONICET, por ejemplo, retrasó la convocatoria para ingresos a la carrera de investigador y otorgó dos meses de prórroga a las becas doctorales y posdoctorales que vencían en marzo. Sin embargo, la posibilidad de tomar licencias por tareas de cuidado no termina de quedar clara.

“CONICET me permitió una licencia en los primeros días pero luego, con el aislamiento obligatorio, no dijo nada más. La universidad no me ofreció nada”, comenta Schultze. “En CONICET han propuesto prorrogar la entrega de informes hasta septiembre pero, ¿quién va a considerar si nuestra productividad disminuyó debido a las condiciones inhabituales de trabajo? Creo que hay una tendencia a ficcionalizar como si todo fuera normal, que se hace a costa de los trabajadores y trabajadoras y, de manera especial, a costa de las personas feminizadas, que somos las que cargamos con el trabajo doméstico y de cuidado”, agrega Ciriza.

“Se supone que quienes estamos con tareas de cuidado podríamos pedir licencia de trabajo pero yo pregunté en la oficina de recursos humanos del CCT de Tucumán y nadie sabía nada”, cuenta Lomáscolo. En el mismo sentido, Mondini sostiene: “Lo que creo que no termina de quedar del todo claro en las instituciones es que el teletrabajo no resuelve la compatibilidad con las tareas de cuidado. Algunos institutos o distritos, como en mi caso, permitieron pedir licencias mediante una simple solicitud pero la información no circuló claramente en todos. Esto se fue desdibujando y creo que hoy no hay un registro claro, si bien es en parte explicable por las urgencias de la situación que vivimos y que el personal administrativo está pasando por las mismas dificultades”.

Más allá de las políticas que pueden tomar las instituciones para reducir las exigencias, lo cierto es que la merma en la productividad de las científicas posiblemente afecte sus carreras a mediano y largo plazo. “Creo que la desigualdad en la productividad académica entre quienes pueden seguir trabajando desde sus casas a un ritmo más o menos normal y quienes no, que según encuestas somos mayoritariamente mujeres, impactará diferencialmente en futuros informes y promociones. Es muy difícil pensar en mecanismos objetivos para compensar esto, aunque espero que pueda elaborarse alguna estrategia una vez que pasen las urgencias”, plantea Mondini.

“Se tomará en consideración todo lo que está pasando ya que no sabemos todavía cuando se va a poder volver a los laboratorios”, sostiene la titular del CONICET, Ana Franchi. Foto: Prensa CONICET.

 

Svetaz sostiene que, “más allá de lo que está pasando este año, se debe considerar a la maternidad como algo que afecta mucho a la mujer en cuanto a su productividad. Muchas veces, para mantenerse a la par de sus colegas varones, debe optar por esforzarse más o postergar su ascenso a nuevos cargos”. En tanto, Lomáscolo señala: “Conociendo a las autoridades actuales de CONICET, supongo que lo tendrán en cuenta cuando tengamos que escribir el informe del año que viene. Pero más allá de eso, hay que ver qué pasará con otras instancias como la solicitud de subsidios a la Agencia (Nacional de Promoción Científica y Tecnológica) y otras fuentes de financiamiento”.

Consultada por TSS, la presidenta del CONICET Ana Franchi explicó que, para los informes del año que viene, “se tomará en consideración todo lo que está pasando ya que no sabemos todavía cuando se va a poder volver a los laboratorios. Esto también se va a tener en cuenta para los informes que se solicitan de los años 2018-2019 y el plan no va a ser tan ajustado”. En ese sentido, el 8 de mayo pasado, el directorio del CONICET comunicó el cronograma para la presentación de informes y señaló que “quien no pudiere enviar el informe en la fecha de cierre indicada podrá solicitar vía correo electrónico una ampliación del plazo, por razones debidamente fundadas, ligadas a la pandemia COVID-19”.

Con respecto a la desigualdad de  género en el sistema científico y la exigencia de productividad a la hora de evaluar, Franchi, que también es presidenta de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCyT), apuntó: “Si bien tenemos que ir pensando en otras formas de evaluar desde es el sistema científico, la base del problema está en el patriarcado y lo que hay que cambiar es el sistema cultural, donde es la mujer la que se tiene que encargar de la mayor parte de las tareas de cuidado”.

En medio de la incertidumbre general de los tiempos que corren, las científicas se preparan para enfrentar las dificultades de manera colectiva. “Nos estamos organizando desde diferentes colectivos para que se tenga en cuenta que no se puede evaluar nuestro desempeño ni el de quienes estudian como si la vida siguiera siendo la misma. En ese sentido, la herramienta gremial sigue siendo la principal para las trabajadoras. También nos parece oportuno empezar a pensar nuevas modalidades de dar cuenta del trabajo, que se alejen de la lógica capitalista y apunten a una mirada comunitaria y social de la ciencia. Estamos viviendo una especie de distopía global que nos interpela sobre nuestros modos de vida y las desigualdades entre países, regiones y personas. ¿Vamos a hacer como que la vuelta a la normalidad es lo que esperamos o vamos a discutir por qué llegamos a esto?”, se preguntan Bonavitta y Bard Wigdor.

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