viernes, 25 de mayo de 2018
Medioambiente

Advierten sobre el deterioro de pastizales pampeanos

Científicos analizaron la diversidad vegetal de una de las regiones más afectadas por la agricultura en el país. Discuten el impacto de esta actividad sobre el ecosistema, la importancia de conservarlo y la insuficiencia de las estrategias actuales para lograrlo. Además, revelan más de 30 plantas adecuadas para su recuperación.

Por Sebastián Tamashiro

 

Los pastizales pampeanos cuentan con una gran diversidad de especies vegetales y animales. Sin embargo, están perdiendo terreno ante el avance de la frontera agrícola. Esta investigación de la FAUBA analizó los cambios en la biodiversidad del ecosistema, los impactos de la agricultura y las actuales estrategias para su conservación. Imagen: Pedro Tognetti

 

 

En este sentido, los investigadores detectaron más de 30 plantas con alta presencia a lo largo de los 90 sitios que serían buenas candidatas para restaurar el pastizal. Sin embargo, también advirtieron que para conservar la diversidad del sistema no alcanza con proteger unas pocas áreas, puesto que en todo el gradiente se percibió un nivel importante de heterogeneidad.

Para conservar la diversidad de los pastizales pampeanos es necesario proteger áreas extensas que abarquen la amplia heterogeneidad vegetal detectada en el estudio. Imagen: Pedro Tognetti

 

 

“En la Argentina, el pastoreo y la introducción de especies exóticas impactan sobre la diversidad vegetal y animal de los pastizales. En la Región Pampeana, y particularmente en la comunidad de pastizal en la que se enfoca nuestro estudio, las tierras tienen excelentes aptitudes productivas. Sin embargo, la agricultura está deteriorando estos hábitats naturales. Desde hace años, la frontera agrícola avanza sobre los pastizales rioplatenses; por eso, conocer la estructura de las comunidades vegetales nos permite pensar estrategias adecuadas para conservarlos”, explicó Susana Perelman, directora del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información de la FAUBA.

Además, con respecto a la importancia de proteger estos ecosistemas, agregó: “La diversidad que albergan los pastizales es impresionante. En nuestro trabajo, que está publicado en la revista Journal of Vegetation Science, registramos 269 plantas nativas, y sabemos que los lugares que cuentan con más especies vegetales nativas también sostienen gran cantidad de aves y mamíferos. Preservar los pastizales es cada vez más importante tanto en nuestro país como en Uruguay y en Brasil, y se están pensando acciones en conjunto para evitar que se sigan deteriorando”.

 

Resultados para la conservación

“Analizamos las comunidades vegetales a lo largo de 600 kilómetros —lo que equivale a 5 grados de latitud— y observamos que la biodiversidad cambiaba mucho. Los factores climáticos asociados a la latitud fueron los que determinaron mayormente la diversidad regional de especies y del elenco de plantas que encontramos a través del gradiente. Esto quiere decir que para conservar las diferentes especies de la comunidad hay que considerar todas las zonas que integran este ecosistema tan amplio, y no sólo concentrarnos en algunas”, señaló Perelman.

Las zonas más deterioradas de los pastizales rioplatenses son las que presentan mayor transformación hacia la agricultura y, por lo tanto, las que requieren más esfuerzos de recuperación. Imagen: wikipedia

 

La investigadora afirmó que a una resolución más detallada (es decir, a nivel local), el grado de modificación del paisaje fue lo que más influyó en la cantidad y la composición de especies. “Sin embargo, cuando el nivel de transformación del paisaje es muy alto —como en la Pampa Ondulada, donde esta comunidad de pastizal sólo aparece en superficies pequeñas—, la fragmentación del paisaje también comienza a afectar la diversidad a nivel regional, una escala de menos detalle. Es decir, en los casos extremos, el impacto crece hacia extensiones más grandes. Claramente, las zonas en las que la agricultura es más intensa son las más deterioradas y las que mayor prioridad de conservación requieren. El avance de la frontera agrícola redujo el área en que se distribuyen muchas plantas”.

Por otro lado, los investigadores encontraron más de 30 especies de pastos nativos que están presentes a lo largo de los 90 sitios de estudio. “Creemos que es fundamental estudiar la variación genotípica dentro de esas poblaciones vegetales, ya que es lo que les permite adaptarse a las diferencias en los distintos ambientes. Esa información podría resultar clave para afrontar los impactos del cambio climático. Y más interesante aun es que son especies de gran potencial para restaurar lugares deteriorados”.

 

La búsqueda del tesoro

Mariano Oyarzabal, docente del mismo departamento que Perelman e investigador del Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección (LART-FAUBA), se refirió a una faceta emotiva vinculada a los relevamientos que compusieron el estudio: “Tuvimos que encontrar en el campo aquellos sitios que Rolando León, quien fuera profesor de la FAUBA y artífice de las ideas principales que guiaron la investigación, había registrado en una libreta de campo 20 años atrás. Ahora debíamos obtener las coordenadas geográficas de cada uno de aquellos 90 sitios en los que se habían hecho censos florísticos. Y lo logramos”.

Oyarzabal recordó la muy especial experiencia que significó para él haber trabajado junto a Silvia Burkart y con las anotaciones de campo de Rolando León. “Soy afortunado en haber aprendido de ambos maestros, fundamentales para este estudio”. Imagen: Luis Pozzi

 

 

Oyarzabal destacó que sin las anotaciones de León habría sido imposible encontrar las parcelas originales, que tenían superficies de aproximadamente 10 m2. “La libreta de Rolando contenía diagramas y referencias simples, pero magníficas, que nos permitieron localizar las parcelas. Por ejemplo, nos basamos en los registros de sus almuerzos cerca de un río o en detalles de los alambrados de las estancias cercanas. Así fue como más de 20 años después, y con la ayuda de Google Earth®, volvimos a ‘caminar’ los mismos sitios que él había recorrido”.

“Por otra parte, también quiero recordar a Silvia Burkart, quien fuera docente de la FAUBA e integrante del grupo que lideraba León. Ella fue fundamental en este trabajo porque poseía un profundo conocimiento de las pampas y porque participó activamente tanto en el trabajo de campo como en la elaboración del manuscrito. Para mí, investigar con Silvia y con las libretas de Rolando fue un regalo de la vida. Actualmente, con el GPS podemos saber la latitud y la longitud de un sitio de forma sencilla; en aquellos tiempos, Rolando se valía de su libreta y Silvia de las fotos aéreas. Nosotros tuvimos la fortuna de aprender de ellos”, concluyó.

 

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